Ideas maravillosas

Marzo 7, 2010 a las 1:32 am

Jairo Beltrán T.
Especial LA NACION

Por más de una vez estuve tentado a pautar en un diario de circulación nacional el siguiente anuncio: “Se venden ideas” que lejos del alboroto estaba, creyendo además que me iba a llenar de plata.

Para mi fracaso intelectual, se me  adelantaron y de qué manera sin necesidad de utilizar la prensa escrita. Afortunadamente me acabo de dar cuenta que tenemos personas de todas las clases sociales con ideas sencillamente maravillosas dignas de imitar. Ahora mismo recuerdo que para una contienda electoral se presentó un fulano con la sorprendente idea de pavimentar el río Magdalena. La cosa se quedó en veremos porque no fue elegido, pero es posible que otro genio la tome como propia y realice el proyecto, que desde luego será todo un suceso a escala mundial.
Lo peligroso de estas ideas sorprendentes y maravillosas es que fácilmente se convierten en pandemia, es decir, en una enfermedad que frena la posibilidad de progreso del primero que la patentó. En mi barrio, a  manera de ejemplo, una señora pasó la noche cocinando tamales para venderlos al otro día, como efecto. ¡Pero que sorpresa! Al sábado siguiente aparecieron en la cuadra cuatro calderos más repletos de tamales y a menor precio. (Tres de esos negocios fracasaron) la idea es hacerle contrapeso al otro y no dejarlo trabajar. En cierta ocasión me comentaba un lustrabotas que en época de la Casa Lara, “Don Oliverio le solicitó sus servicios y entre charla y charla le preguntó cuanto se sacaba al día”, respuesta alguna que no obtuvo del humilde personaje, porque este pensó que muy seguramente les iba a montar contrapeso. En efecto: Dizque “uniformó y dotó de utensilios a dos de estos humildes caballeros para que prestaran el servicio en el hotel”.
Como estas ideas son contagiosas y llegan sin problemas a las clases de estrato 6 en adelante. Yo no sé como no se le ocurrió al Gerente del Banco de Occidente tener la brillante y sorprendente idea de montar su propia guarapería frente a la entidad bancaria, pero los curas de la catedral se la ganaron. Se ven tan hermoso ese trapiche, rodeado de cañas, bagazos, pasteles y empanadas, frente a la casa cural. Es un gran aporte que hace el párroco de la catedral a la belleza y ornamentación de Parque Santander. Cuando venga a Neiva, por favor visite este lugar y tómele sus fotos para que se lleve un recuerdo inolvidable, antes que la Inmaculada se baje de su trono y mande esa vaina pa’l carajo.



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