Lo que mal comienza…

Marzo 7, 2010 a las 1:34 am

Fernando Londoño Hoyos
peor termina. La frase es de Baltazar Gracián, solo que la tomamos menos elegante de cómo la dijo el genial jesuíta. Pero es verdad. De malos comienzos suelen seguir peores los finales. El Referendo Reeleccionista no iba a escapar a esta regla. Y no escapó.
La cuestión se planteó hace cuatro años, cuando en medio de turbia polvareda solo quedó nítida la promesa de cuantos aseguraban que aquello de modificar la Constitución para que el Presidente Uribe lo siguiera siendo, solo se haría una vez. Y así se dejaron mil constancias, en discursos, en escritos, y lo que es más grave, en sentencias y en incisos. Se desatendieron todas las voces de advertencia de cuantos sostuvimos que uno entra en gastos una sola vez. Por lo que correspondía dejar la Reelección indefinida, que es una figura conocida y extensa en la democracia moderna.
A esta intentona nos opusimos con todo el corazón y la bautizamos despectivamente la reelegida. Que se inició con cuantas torpezas pueden cometerse en casos tan graves. Como aquella de dejar a la deriva los procedimientos esenciales. La recolección de firmas fue una mala comedia. Y luego, comienza esa opereta de quinta categoría que fue el trámite en el Congreso. El Presidente guardaba silencio, cuando las ganas de seguir gobernando le eran tan evidentes.
En el camino se desdibujó la imagen del Presidente, lo peor que nos podía pasar. Y nada se hizo para preparar el futuro que parecía obvio: un candidato de transición para cuatro años y el regreso de Uribe en el 2014. Hasta eso se comprometió. Porque la Corte aprovechó el viaje para dar uno de esos Golpes de Estado que le son tan familiares y queridos. Así que dispuso, sin que le correspondiera, y sin que la Carta se lo autorice, que nadie podrá ser Presidente más de dos veces. Porque ella lo dice. Y punto.
Hemos caído en el peor de los mundos. No solo nos quedamos sin Reelección inmediata, sino que perdimos a Uribe para siempre.
Y para rematar, el panorama hacia las elecciones presidenciales es desolador.  Juan Manuel Santos es el candidato menos sugestivo que pueda suponerse. Queda Andrés Felipe Arias, enfrentado a la jauría de la oposición, enquistada en su propio partido. Pastrana tiene largas cuentas por cobrar. Y para eso anda de gancho con Noemí, a quien habría que perdonarle demasiadas cosas para tomarla en serio. Y que no llegará muy lejos. Pero que hará mucho daño, cuando no tenemos espacio para esos lujos.



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