Mujer y página en blanco
Marzo 7, 2010 a las 1:35 am
Miguel de León
En literatura, como en la vida real, la mujer ha seguido siendo objeto de prejuicios ancestrales. Por ejemplo, “La inspiradora”, “la musa” o el objeto de lo que se escribe, pocas veces se resalta por su oficio, es decir como autora.
Por eso, la mujer que escribe, tiene que luchar contra esa hostilidad latente, en una disputa que se hace más cruel y más intensa, porque los símbolos que utilizamos en relación con el oficio reflejan una compleja mitología. Por ejemplo, muchas metáforas nos presentan a la mujer como “un texto para descifrar”, a veces decimos que ellas son incomprensibles como si estuvieran “redactadas en un idioma que no entendemos”.
Por eso, con frecuencia hablamos del cuerpo femenino como un texto que hay que leer. El escritor Henry James en su libro Retrato de una Mujer, describe a la niña adolescente como “una hoja blanca de papel. Tan delicada página sería cubierta por un texto…” y después, en el mismo libro afirma que una mujer adulta “ha sido escrita repetidas veces por varias manos…” Alguien más cercano, como Rubén Darío tiene un poema titulado La Página Blanca, realizado sobre los mismos elementos: “Mis ojos miraban en horas de ensueño / la página blanca. / Y fueron mujeres de rostros / de estatuas, mujeres de rostros / de estatuas de mármol…”
Hay otra metáfora tal vez más cotidiana, más relacionada con la vida diaria. Manuel Zapata Olivella dedica su libro Changó el Gran Putas, “a Rosa, compañera de partos” y explica cómo mientras el tiene acceso a la escritura y al mundo de las ideas a través de “partos intelectuales”, a la mujer sólo le queda la posibilidad de expresarse a través de la procreación. De otro lado, se dice que un texto es un cuerpo que se posee al leerlo. La pluma, el lápiz, el pincel siempre se han relacionado con el órgano masculino, la tinta o la pintura es “el semen” que fecunda. Para el filósofo Jacques Derrida, en el proceso de escritura hay “diseminación”. Escribir es un acto agresivo, se viola, se mancha, se dejan vestigios. Leer es un placer y un goce.
La creatividad del hombre es superior porque es de carácter intelectual o estético, la de la mujer es fisiológica y material (las mujeres en el gobierno están para llenar la Ley de Cuotas, por ejemplo), además ella es objeto de creación o vasija en donde se diseminan la ideas, donde la semilla se hace realidad.
Por eso, para la mujer es un acto de valentía tomar la pluma para escribir, implica masculinidad.









La lucha de las mujeres del mundo no es un hecho de la modernidad ni un simple efecto de moda. La mujer siempre ha luchado contra la desigualdad entre los géneros. La mujer nace libre y es igual al hombre en sus derechos. Las distinciones sociales no pueden ser fundadas con base al interés común. El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la mujer y del hombre: esos derechos son la libertad, la prosperidad, la seguridad y sobre todo, la resistencia a la opresión. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la nación, que no es más que la reunión de mujeres y hombres. Ningún cuerpo, ningún individuo puede ejercer autoridad que no emane de ello expresamente. La ley tiene que ser la expresión de la voluntad general; todas la ciudadanas y ciudadanos deben participar personalmente en su formación. Al ser iguales deben ser igualmente admitidos en todos los puestos y empleos, según sus virtudes y talento. Por alguna ventanita les volveré a comentar.