El río Magdalena sigue enfermo

Abril 25, 2010 a las 12:29 am

Camila Otálora
Vanessa Díaz
Tatiana Merchán
LA NACION-Usco

Neiva está a espaldas de esta fuente hídrica y sus ciudadanos insisten en contaminarlo con las aguas residuales y vertimientos industriales. Los habitantes de los asentamientos humanos ubicados en sus riberas intentan sobrevivir en medio del riego inminente de una avalancha o deslizamientos. ¿Y la vida del pescador?

Se acerca el Bicentenario de la Independencia de Colombia y el Río Grande de la Magdalena fue  importante y medio fundamental para el comercio y la evolución de Neiva como urbe. Hoy en día la ciudad le da la espalda a esta riqueza natural e histórica resultando deteriorada la cuenca hídrica, su biodiversidad, y a la vez perjudicadas las familias aledañas al sector y el oficio más viejo y actualmente mal remunerado: la pesca.
Y uno de los asentamientos subnormales que rodea el río tiene el nombre de Brisas del Magdalena, un lugar donde la palabra calor no existe en el diccionario y en el que viven 400 cordiales habitantes que reciben al forastero con una sonrisa, mientras que sus miradas y oídos le prestan atención a lo que dice, pues quieren averiguar si es algún funcionario del Gobierno Municipal que viene a identificar las necesidades, ya que  guardan la esperanza de que la administración brinde soluciones, prontas y efectivas, a sus problemas.
Brisas del Magdalena, comúnmente llamado Las Malvinas, -porque igual que el conflicto armado entre la Argentina y el Reino Unido que se disputaban la soberanía de los archipiélagos australes,- la misma crisis se refleja en estas tierras donde la potestad de las propiedades se encuentra en entre dicho  desde hace   28 años.

‘Somos dueños y podemos vivir acá porque…’

Los propietarios de estos predios era la familia Moya, que en 1980 loteó y vendió cada fracción por 20.000 pesos. De esta manera llegaron los nuevos dueños. Pero para el Estado esa zona era catalogada de alto riesgo por estar en las riberas del río. “Se tomaron la tarea de valorar los terrenos con un Juez y obtuvieron como resultado que el costo por estos lotes era muy alto, planeando así una estrategia ‘barata’ para sacarlos. La táctica consistía en inundar el sector y sus alrededores. Este hecho fue en 1990 durante el gobierno del entonces presidente Cesar Gaviria”, cuenta Diomedes Palacios, presidente del asentamiento subnormal Brisas del Magdalena al grupo Ciudad, Memoria y Comunidad.
Después  esa decisión y con el fin de indemnizar a las familias,  el Estado compró el lote donde hoy en día queda el barrio Luis Carlos Galán para que los afectados se trasladaran a esa zona y edificaran sus viviendas por autoconstrucción, brindándoles  los materiales con la condición y compromiso de que ninguno demandara al Gobierno. Esta situación hizo que los que vivían en el asentamiento Brisas del Magdalena y barrios aledaños desalojaran, pero seguían siendo dueños de los lotes permitiendo su venta e ingreso a nuevos pobladores.
El asentamiento carece de vías y paradójicamente pagan impuesto de un alcantarillado que no tienen, pues es artesanal. Estrategia colectiva que empeora la problemática de salubridad. La comunidad ha presentado proyectos para el alcantarillado, unos de ellos avalado por el Departamento mas no por el Municipio. Estas familias no están en gracia ante el gobierno local para poder invertir en sus lotes, gracia que si obtuvo el barrio Villa del Río –que está en igual condición que el asentamiento- “Queremos legalizar con el fin de mejorar nuestra calidad de vida, pero la Administración no se ha hecho sentir con soluciones oportunas”, concluye el líder del asentamiento.

Mientras tanto, ¿El Río?

Diariamente el deterioro de las aguas del Magdalena y por ende la destrucción de su biodiversidad se debe a la tala constante de árboles, de incendios forestales, la alteración del equilibrio dinámico del río, la sustracción de tierras ribereñas, y el drenaje de fluidos tóxicos. La ciudad tiene el gran privilegio de ver pasar majestuosamente el río que cruza la Nación, llenando sus tierras de riqueza y prosperidad,  situación que el hombre cada día deteriora más. Turísticamente Neiva no tiene un atractivo que llame la atención en cualquier época del año, pues antes el río La Magdalena era el centro de atracción  por sus desembarcos  comerciales, por su cultura con el champán, con la pesca y progreso. Últimamente sólo adquiere importancia en la temporada de las fiestas sampedrinas, quedando en el olvido el resto del año.
El grupo Ciudad, Memoria y Comunidad dialogó con el director territorial del norte de La Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM), Rodrigo González Carrera, acerca de las enfermedades que el hombre le ha causado al río, para así buscar una respuesta del por qué la ciudad está a espaldas de esta fuente hídrica, “son varias las problemáticas que el hombre le ha causado al río. En primer lugar encontramos la contaminación hídrica de vertimientos. Existen 21 puntos de drenajes en el casco urbano del río Magdalena por aguas residuales domésticas ubicadas en el puente Santander Norte que arroja 307.2 litros por segundo, el puente Santander Sur con 617 litros por segundo, Calamarí con 22.80 litros por segundo, igualmente que Carlos Pizarro, Falla Bernal, Matamundo, El Venado, Camilo Torre, entre otras”.

Por otro lado, los asentamientos humanos en sus riberas son Villa Colombia, Brisas del Magdalena, El Lago, Villa Magdalena, Falla Bernal, La Isla, Nueva Esperanza y parte de los barrios Triángulo y Rojas Trujillo, vierten aguas residuales, arrojando materiales sólidos y desperdicios de los criaderos de animales debido a que las conexiones de alcantarillado son erradas. Además, las actividades especiales como lavado de carros en estaciones de servicio, la inadecuada disposición de escombros y basuras en la ronda del río Magdalena como las del Río del Oro acrecientan más el problema. En conclusión los habitantes de la ciudad asimilan la fuente hídrica no como riqueza natural, sino como el depurador de  las  ‘porquerías’.

Proyectos

Uno de los planes para tratarlas enfermedades del Magdalena, son los Vigías Ambientales. La CAM en su Plan de Acción Trienal (PAT) 2007 – 2009, consignó este proyecto, gracias al trabajo del programa de Ingeniería Ambiental de Corhuila, l Alcaldía de Neiva,   Empresas Públicas de Neiva, Ecopetrol, Hocol, Fundacorh,  laboratorio Univ Lab,  Secretaría de Educación Municipal y Fuerzas Militares. Los Vigías buscaban contribuir a la descontaminación de ríos como El Magdalena, Las Ceibas, del Oro, y las quebradas  La Toma, El Venado, Matamundo y La Cucaracha. Pero después de este período aun no se palpan los resultados ni mejoramiento de las fuentes hídricas.
Mientras tanto, con mira de devolver la cara al río, está en proceso el proyecto Parque Isla Aventura que actualmente se encuentran en la fase de contratación, y el de Travesía Anual por el río La Magdalena, desde San Agustín hasta Barrancabermeja, con el fin de fomentar el turismo, el deporte, y hacer revisión periódica a la cuenca hídrica en general.
Con el fin de aportar a la descontaminación de los ríos, “la CAM realizó un Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimiento (PSMV) proyectándose a 10 años desde el año 2007 al 2017.  En el cronograma para este año se tiene la construcción de los colectores en las comunas 3, 8 y 10. En los 3 años y cuatro meses que lleva el plan, se han cumplido en un 24% las actividades”, asevera González Carrera.

Un grito desesperado

Leyla Rincón, ambientalista y docente de la Usco, argumenta que el Gobierno Municipal ha priorizado la inversión de dinero y tiempo en el proyecto Parque Isla Aventura con fines turísticos,  mientras que el río muere poco a poco debido a las aguas residuales. “¿Qué significa hoy el río para los neivanos? Es su depositario de la descarga del sanitario, el lavaplatos, residuos de proceso industriales, aseo de vehículos, etc.   Esas son las relaciones que hemos establecido con el río, y si no es así entonces ¿cuáles son? Todos estamos fuertemente relacionados con el río. El problema no es tener o no relaciones, el problema es que tipo de relaciones establecemos hoy, que tipo de relaciones tenían los neivanos y neivanas  hace 50 años”.
Anualmente, la  CAM recibe un aporte trimestral de EPN. ¿En qué consiste? Es una cuota que todos los ciudadanos pagamos en la factura de servicio de alcantarillado representado en la tasa retributiva –pues las aguas residuales terminan en el Magdalena-. El monto anual del año pasado fue de $712.405.752, una suma que nos permite exigir a las entidades competentes que tengan prioridad en la descontaminación y conservación del río, ejecutando con prontitud la construcción e implementación de las plantas de tratamiento de aguas residuales.
“La entidad ambiental ha establecido un plazo de saneamiento básico hasta el 2017.  ¿Será que tenemos que esperar 7 años más? ¿Cuántos litros por segundo de agua sin tratamiento podríamos verter en ese transcurso de tiempo? Es una prioridad el establecimiento del sistema de aguas lluvias, porque es necesario reducir los volúmenes de agua contaminada. La tarea empieza por las entidades creadas para la protección de nuestra vida: el agua”, concluye Leyla Rincón.

La vida del pescador moderno

Así dice la letra ‘El Caracolí’ del maestro Villamil: “y aquellas barcas de los pescadores que reposaban sobre el arenal. Ya no se encuentran, ya no se encadenan al añoso tronco del caracolí”
Fernando Gómez heredó la profesión de pescador de su padre. Desde 1950 su familia vivía de este oficio, pero hoy en día por no acatar las reglas de la ley y no afiliarse a la Cooperativa de Vendedores de Pescado Artesanal y pagar $5.000 para su mantenimiento, denuncia que son perseguidos por las autoridades.  “La vida de pescador es dura. Salgo a trabajar en la noche o a las 7am. El viaje en canoa cuesta 25.000 pesos. Se coge de Hobo hacia arriba para conseguir una pesca de $100.000, lo cual es berraco. Ahora esta temporada es mala, por la cuestión de que dejan llenar mucho la represa y con las compuertas abiertas, nos afecta”, cuenta Fernando.
Y apenas la travesía comienza, pues tienen que vender su producto a los intermediarios que les pone precio a su esfuerzo. “Quieren que le regalemos lo que cogimos, o sino vienen las autoridades y nos quitan el pescado de manera indiscriminada. A un amigo le tiraron a romper la bolsa y le dañaron el pescado. Luego los tiran al río, con tanto esfuerzo pescándolo ¡y no lo botan así!”, narra José Cardozo, pescador artesanal que se ubica con un grupo de siete colegas en el puerto del río Magdalena.
Muchos de ellos viven en los barrios aledaños como Caracolí, Mártires y Bonilla. El presidente del barrio Bonilla, Reinel Ramos Santos, conversó con el grupo de Ciudad, Memoria y Comunidad acerca de la problemática de los pescadores. “Estoy en espera de una cita con el Alcalde para saber que va a pasar con la situación de las personas que trabajan en el puerto, y del proyecto a desarrollar en ese punto para mejorar y garantizar la calidad de vida de un oficio tan viejo como el de pescar. Mientras tanto solicito el cese en la persecución de los pescadores, hasta que se efectué reunión con el Alcalde para llegar a un acuerdo en cuanto al tema”, agregó.
Las horas pasan y los pescadores están en la zozobra de si quitan o no el puerto para continuar con la ejecución del plan del Malecón. “Que los funcionarios de esta Administración, dialoguen con los líderes de los barrios aledaños al río La Magdalena acerca del nuevo Plan de Ordenamiento territorial (POT) a implementar, puesto que se han asignado permisos para comercializar el Camellón de la 14 sin tener en cuenta que esto es zona residencial, trayendo al sector venta de licores en medio de los juegos y escuela de niños, generando delincuencia que causa traumatismo y nerviosismo a la comunidad arrebatándonos la tranquilidad que hemos tenido siempre. Además de generar contaminación visual y auditiva”, culmina el Presidente de la JAC del barrio Bonilla.

Río Magdalena fue fuente empleo

El río Magdalena era el padre de la vida, de la riqueza, y vínculo de la nacionalidad colombiana. Anteriormente los ancestros le decían Yuma, es decir ‘Río de los Amigos’, hasta que el primero de abril del 1501, al descubrirse su desembocadura, el español Rodrigo de Bastidas lo bautizó Río Grande de la Magdalena por celebrarse ese día la conversión de María Magdalena.
Desde los primeros tiempos de la Colonia, los Caminos Reales y el Río Grande de la Magdalena comienzan a ser importantes vías de comunicación. La navegabilidad del río se realizan por diferentes medios de transporte, entre ellos las canoas, balsas, bongos y champanes. El champán se constituyó en el principal medio para la movilización de mercancías, pues el buque de vapor llegó sólo en 1875 y en medio de gran dificultad.
El puerto del Caracolí surgió debido al crecimiento poblacional y económico del Alto Magdalena durante la época Colonial y las primeras décadas de la República, lo que posibilitó la aparición de una dinámica comercial. El puerto estaba ubicado en el Noroeste de la ciudad sobre la margen derecha del río Magdalena entre la desembocadura de la quebrada La Toma y la desembocadura del Río Las Ceibas, rodeado de un gran árbol frondoso de Caracolí, al cual le debe su nombre y también lo lleva porque así se llamaba el puerto en Villa de Honda. Además de este paisaje natural, en su entorno se concentraba el estacionamiento de champanes, canoas, bodegas, hospedajes, tiendas, ventas de comida, oficinas de inspección fluvial, casas de diversión y juego, cargueros, bogas, jefes de champan y una actividad comercial que se intensificaba por temporadas especiales. El río era el epicentro del empleo, del comercio, donde viajaron por medio del champán, los primeros automóviles y las máquinas de coser.

Reflexión

El río es una de las principales venas de Colombia, una vertiente que actualmente se encuentra contaminada y enferma. Si no se actúa de inmediato no hay diálisis que permita su recuperación. Ahora, no solo es el Magdalena, si no muchos ríos del país que están en alto riesgo de desaparecer, y de convertirse en una amenaza para la biodiversidad y salud del ser humano. El pasado 22 de abril celebramos el Día Mundial de la Tierra, siendo el promotor el senador estadounidense Gaylord Nelson, con el fin de crear una conciencia común de los problemas de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra. Desde 1970 se inició esta movilización, pero aún no hay una conciencia sobre esta gran problemática. Tan sólo analizando la misión y visión de Cormagdalena, entidad que vela por la preservación del río, expresa en su filosofía corporativa un fin de carácter comercial, excluyendo de alguna manera o ignorando la necesidad imperante en la preservación de la  flora, la fauna y la conservación de la cuenca hídrica.

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Pese a los ‘fuertes’  llamados al civismo, la contaminación del río Magdalena no para. Fotos LA NACION

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El alcantarillado ‘artesanal’ de los asentamientos, otra problemática  que sufre el río.

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Diomedes Palacios, presidente del asentamiento Brisas del Magdalena

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José Cardozo, pescador artesanal en el río Magdalena

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Casi sobre el lecho del río, muchas familias han construido sus viviendas.

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La pesca artesanal trata de sobrevivir en medio de las difíciles condiciones del río Magdalena.

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Las vías de los asentamientos subnormales es muestra del olvido alrededor del Magdalena.

foto 08 magdalena

Los proyectos en el río Magdalena no pueden desconocer a las personas que han crecido en sus orillas o trabajan en sus aguas.



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