Polémica por la transformación de la ‘Primera’
Mayo 2, 2010 a las 12:17 am
Camila Otálora
Vanessa Díaz
Tatiana Merchán
LA NACION-Usco
Vecinos y comerciantes de esta importante vía que comunica a los barrios Santa Inés y Cándido del norte con el centro y sur de Neiva se encuentran enfrentados por los cambios del sector y la proliferación de establecimientos de venta y consumo de licor, especialmente para los jóvenes. ¿Será el POT la solución a esta problemática?
En el dilema de irse o no, cuándo y por qué, se encuentran los dueños de los sitios de expendio y consumo de licor ubicados en la Carrera Primera que une a los barrios Santa Inés y Cándido con el centro de Neiva, pues el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) los afecta directamente. Y es que esta importante vía de la ciudad presenta un evidente desarrollo comercial debido al crecimiento poblacional del sector. En el día papelerías, tiendas, ferreterías, restaurantes, entre otros locales abren sus puertas ofreciendo sus servicios, establecimientos que en la noche cierran para darle paso a bares, bailaderos, billares y estancos, originando una serie de problemáticas entre los vecinos, autoridades y propietarios de los sitios.
La Avenida Primera, como también es conocida, además de ser una arteria fundamental de comunicación entre el norte y sur de la capital huilense, ha impulsado una gran influencia comercial que evidencia un considerable cambio y que para el POT debe ser reformada.
Desde hace 18 años este sector se comercializó. Un factor que influyó en este proceso es la necesidad de un empleo, las ganas de surgir y de subsistir, además de la gran demanda de la población estudiantil vinculada a la Universidad Surcolombiana y los colegios aledaños. Esta situación hizo que casas de familias ubicadas en esta vía principal, entre la calle 28 y 35, se transformaran para dar paso a restaurantes, misceláneas, ventas de minutos con servicio de internet, grandes tiendas con variedad de productos, locales de comidas rápidas, salas de belleza, clínicas veterinarias y hasta cacharrerías, entre otros. Viviendas que se adecuaron a locales comerciales que hoy son una buena salida económica, a tal punto que empresas como Coomotor, Servientrega, compraventas, panaderías, de belleza facial y boutiques, buscaron un espacio para instalar una sucursal de sus negocios, según ellos porque la Primera se convirtió en una zona estratégica.
Este tipo de comercio favorece a sus habitantes, pues se observa desarrollo en estos barrios, ya que sus residentes no tienen que desplazarse hasta el centro porque allí hay ‘de todo’. “Esta parte es un centro más de Neiva, usted aquí encuentra lo que necesita, desde una aguja hasta un gran mercado de verduras y granos. No necesito salir al centro, pues consigo inclusive una buena muda de ropa”, comenta Isabel Meneses, quien reside en Santa Inés desde hace 20 años.
La Primera, ¿segunda zona rosa?
Del mismo modo esta reconocida avenida aloja sitios de encuentro nocturnos, como estancos, bares, bailaderos, billares y karaokes, en donde los jóvenes estudiantes y adultos encuentran espacios propicios para compartir con sus amigos y relajarse un poco del estrés diario, aspecto que a algunos de los residentes de la zona les molesta en gran manera.
Los viernes y sábados son los mejores días para los bares de la primera, ya que mucha gente llega a esta avenida a dejar algo de sus recursos económicos en busca de diversión nocturna. A partir de las 9pm en adelante, el sector se nota alegre, pero la tranquilidad de sus residentes empieza a sufrir. Los jóvenes desfilan apresurados por los inicios de la Primera hacia estos sitios, las motos y carros invaden la calle. En el ambiente se respira licor y humo de cigarrillo, se percibe el olor de la hamburguesa, los perros calientes, las empanadas, entre otras comidas rápidas. La música no se hace esperar, se escucha de todo género, es sólo allí donde las rancheras, el vallenato, la salsa, el rock, la electrónica y el metal comparten un único espacio: la Primera de Cándido y Santa Inés, por lo cual ha sido catalogada como la segunda zona rosa de la ciudad.
Este fenómeno se debe, igualmente, a que estos dos barrios han alojado además a una considerable y creciente población juvenil procedente de otros municipios del departamento y de algunas regiones del país, quienes se despegan de su tierra natal con el objetivo de iniciar sus estudios superiores en la cercana Universidad Surcolombiana y alcanzar el sueño de ser profesionales. Ellos encuentran en las casas de estos barrios, habitadas mayormente por ancianos solitarios, el lugar indicado para asegurar su hospedaje y alimentación. Adicionalmente, este sector les ofrece una variedad de productos y servicios al alcance de su mano.
Es el caso de Josmar Borrero, joven caleño de 22 años, quien hace dos llegó a la ciudad de Neiva con el fin de estudiar una carrera en la Universidad Surcolombiana. Hoy en día cursa el quinto semestre de Comunicación Social y Periodismo, y es vecino de estos dos barrios, reside en Camilo Torres.
Josmar, como muchos estudiantes, acostumbra a ‘parchar’ los viernes con sus amigos en un bar de la calle 34, y su motivación es que “este lugar me ofrece un espacio para compartir con mi ‘parche’ de amigos, nos relajamos un ratico, conversarnos y nos tomarnos una cervecita”, afirma el estudiante. Los temas que se comparten en estas salidas se relacionan, en su mayoría, a la universidad, a sus trabajos, a situaciones personales, o a su deporte preferido: el ‘Ultímate’. Para él y sus amigos, el hecho de que quede cerca al centro de educación superior es ‘estratégico’ y definitivamente es un muy buen lugar de encuentro.
Sin embargo, su versión contrasta con lo que piensa Celmira Molano y califica la situación como inaceptable, pues ella lleva 25 años viviendo en esta carrera. “Yo sí estoy de acuerdo con los estancos, ¡que vendan licor y ya!, pero no acepto los bares, son un completo desorden”, cuenta y agrega que los borrachos a la madrugada empiezan a gritar por toda la calle, a veces se orinan en los andenes, otros ponen en ellos las motos invadiéndolos, “no nos respetan”, concluye en su declaración al grupo de Periodismo Cívico LA NACIÓN-Usco.
Para la señora Molano, el sector ‘ha cambiado mucho’, y no es para menos, pues las rutinarias tertulias de familias en sus sillas afuera de las casas, el nocturno cantar de grillos, la tranquilidad de la que gozaban, hoy son reemplazadas por comidas rápidas, estaderos, estancos, billares, bares e inseguridad, lo que transformó la vida cotidiana de sus habitantes y el paisaje del barrio. Hoy en esta avenida principal se encuentran 19 sitios de expendio y consumo de licor, ubicados en siete cuadras, de la calle 28 a la 35, aproximadamente tres por cuadra. A pesar de que por esta vía se encuentran solo 18 casas de familia, para sus habitantes es muy incomodo vivir cerca de estos sitios.
El estudiante de la Usco Josmar y los habitantes de la Primera comparten que esta zona también se ha convertido en ‘estratégica’ para los dueños de lo ajeno. Josmar reconoce al grupo de Periodismo Cívico Ciudad, Memoria y Comunidad, que ha sido testigo de muchos robos, peleas y actos de violencia, para él hace falta un control más riguroso por parte de la policía. El joven universitario sonríe cuando la pregunta es ¿qué opina con respecto a lo estipulado en el Plan de Ordenamiento Territorial, estima que los bares de la Primera deben desaparecer? Responde luego de un rato: “pues me parece bien, todos para un lado, pero eso si que hagan más control para evitar luego lamentar muertes”.
El local sobre la calle 35, tiene un llamativo letrero que en la noche se hace notar: ‘Canela bar’ en un verde fosforescente. Es el nombre de uno de los bares ubicados sobre esta avenida, su especialidad el rock y el producto más apetecido por sus visitantes, la cerveza. Carolina Molina y Nuvar Antonio Bravo administran este sitio, son dos jóvenes también estudiantes de la Usco, y ven en esta oportunidad de empleo una salida económica rentable que les permite costear sus estudios, satisfacer sus necesidades básicas y sobrevivir en esta sociedad. Aseguran no haber tenido problemas con los residentes del sector por su trabajo, “nos rige la policía y cumplimos con la normas, tenemos un ‘sonido inteligente’ que no perturba mucho, no interferimos en la tranquilidad de la zona”, aseguran Molina y Bravo a Ciudad, Memoria y Comunidad. Emplean como meseros a los mismos estudiantes universitarios, pues saben como está la situación y quieren ayudarlos con un empleo.
¿Y qué pasará con la Primera según el POT?
Para el Plan de Ordenamiento Territorial, iniciativa que pretende reorganizar los diversos sectores urbano y rural de la ciudad de acuerdo al uso del suelo, esta avenida principal sí es comercial, pero no debe tener sitios con venta y consumo de licor. El POT califica este sector ‘de comercio local’, por lo tanto los establecimientos pueden ofrecer sus productos siempre y cuando no tengan un impacto nocivo a sus habitantes.
Carlos Suárez, arquitecto de la Dirección del POT de Neiva, dialogó al respecto con el grupo de Periodismo Cívico LA NACIÓN-Usco: “lo que busca este Plan es reorganizar los sectores de acuerdo a los servicios de actividad acogiéndonos a las normas que ya existían. En este caso, se buscaron zonas donde no exista el mayor impacto de equipamiento a la ciudad, por lo cual la zona rosa quedará donde está el terminalito. También fue establecida la vía Circunvalar, la zona rumbo para Surabastos por el Río del Oro y el Camellón de la 14 entre la segunda y la quinta. Además, estos sitios deben estar a 100 metros de centros educativos, administrativos y de seguridad”, afirma el arquitecto Suárez.
Además de lo anterior, el Acuerdo 026 de 2009 “Por medio del cual se revisa u ajusta el Acuerdo 016 de 2000 que adopta el Plan de Ordenamiento Territorial de Neiva”, anota en su artículo 432 ‘el impacto de los usos en la estructura urbana’, que estos sitios deben cumplir con unas condiciones ambientales: insonorizados, físicos: con parqueadero y salidas de emergencia, sociales: que no afecten la ciudadanía.
Léster Calderón, bachiller de 27 años es el administrador del bar Maderos, que en el día es el restaurante Chachos. Para este joven, el POT es un desorden, pues “me parece muy bueno que se quiera organizar la ciudad, pero que lo hagan bien, si quieren mandarnos para un solo lado a todos los bares bien, estoy de acuerdo, sólo pedimos que nos den garantías, apelamos al Derecho al Trabajo y a la Igualdad”. Expresó que está dispuesto a ir hasta las últimas instancias por defender los derechos que le otorga la Constitución Nacional.
Entre tanto, para Carolina y Nuvar, administradores de ‘Canela bar’, el POT es un tabú, y reclaman también el Derecho al Trabajo, a la Libertad y a la Igualdad. Argumentan haber pasado por estos lugares que establece el POT para al reubicación y además de considerar costosos los arriendos, todos los sitios están ya ocupados. “Eso es un negocio, los locales de allá ya tienen todo cuadrado, y saben quién va a quedar administrándolos. Mientras tanto nosotros nos quedamos sin con que comer”, señalan.
Tanto ellos, al igual que Léster, y los demás trabajadores de los bares de la Primera esperan que el POT sea de verdad efectivo, que les den garantías y no les quiten su trabajo, mientras tanto los vecinos del sector expresan que ‘todo tiempo pasado fue mejor’, y anhelan la tranquilidad que tenían hace 20 años.
Santa Inés y Cándido, los tiempos han cambiado
Corría el año 1972 cuando Santa Inés empezó a habitarse, en ese entonces el barrio Cándido Leguízamo contaba ya con una larga historia. Los residentes de los dos sectores fueron maestros, empleados oficiales, trabajadores independientes, comerciantes, pensionados, entre otros. Recuerdan que en esta zona se cultivaba arroz y que era ‘puro monte con grandes piedras y barro’. Por ese tiempo estos sectores estaban constituidos en su mayoría por zonas verdes que asemejaban el paisaje rural, estaban retirados del centro, era costumbre escucharlos decir cuando salían a hacer sus compras ‘nos vamos pa’ Neiva’.
Y es que son barrios jóvenes, de escasos treinta años, ubicados en la Comuna Uno, norte de la ciudad. Son sectores verdaderamente representativos de Neiva, han tenido una transformación notable, en la cual la comunidad interactúa. Donde todos, ancianos, adultos, jóvenes y niños, a pesar de sus diferencias convergen en un mismo punto y hacen parte del desarrollo y progreso.
Barrios donde muchos se han perdido buscando direcciones, pues su nomenclatura y cuadras son muy similares. Zonas donde el forastero se despista fácilmente, pues sus callejones estrechos en forma de pequeños laberintos, confunden. ‘Si se llega por primera vez al barrio se debe llegar acompañado de un guía’ cuentan sus antiguos habitantes.
Sector de clase media baja, de 90 hectáreas con 2.776 viviendas, barrios que contienen combinación de lujos para unos, para otros de pobreza, casas elegantes y no elegantes. Lugar que se convirtió en pensiones de arrendamientos para estudiantes, en donde sus parques y callejones ahora son refugio, cómplices de vicios, pues el licor, el humo de las drogas las cubren todas las noches….
Carlos Suárez, arquitecto de la oficina del POT. Fotos LA NACION
Josmar Borrero, estudiante de la Usco
Léster Calderón, administrador del bar Maderos
En horas de la noche, la Primera se llena de motocicletas de los rumberos, ocupando el espacio público.
El POT califica este sector ‘de comercio local’, por lo tanto los establecimientos pueden ofrecer sus productos siempre y cuando no tengan un impacto nocivo para sus habitantes.
Los vecinos de Cándido y Santa Inés quieren recuperar la tranquilidad del sector.




