Los sueños rotos de Alucena

Mayo 9, 2010 a las 1:27 am


LINA JOHANA MEDINA
LA NACIÓN, NEIVA

Un accidente de tránsito cambió la vida de una joven huilense de 22 años. A  Alucena Laverde Rodríguez  nunca se le pasó por su mente que después de ser una chica normal, activa, estudiosa y trabajadora, terminaría postrada en una silla sin poderse mover, dependiendo de su mamá y sin continuar con el sueño de ser Administradora de Empresas de la Universidad Surcolombiana.

A  Alucena Laverde Rodríguez, criada en una familia sumamente pobre al lado de su mamá Martha Rodríguez , su padrastro Helì Charry Vanegas y sus cuatro hermanos, siempre la motivó la idea de superarse, estudiar y trabajar para tener un mejor estilo de vida y poderle comprar una casa digna a su madre. Hoy esas expectativas de vida se ven frustradas por la parálisis de su cuerpo, resultado de un accidente de tránsito.
El pasado 22 de febrero del 2010 a las ocho de la noche, Alucena se transportaba en su moto, comprada en mayo del 2009 y que aún paga, cuando sufrió el grave accidente al chocar con un taxi.
Inmediatamente su cuerpo cayó desvanecido por el impacto. Perdió el conocimiento y según el informe de Medicina Legal, Alucena Laverde presentó hematoma frontal, herida en boca labio superior izquierdo, miembro inferior izquierdo con dolor en muslo, alteración anatómica y funcional y deformidad. En pocas palabras,  la joven de 22 años recibió golpes en todo su cuerpo, especialmente en su cabeza, que posteriormente  produjeron alteraciones en su lenguaje y que actualmente  la tienen hablando como una bebé de cuatro años. Durante un mes,  la joven estuvo internada en el Hospital ‘Hernando Moncaleano’ de Neiva, pero ahora se encuentra en su casa,  donde las condiciones   no son las mejores para su recuperación.
Quienes llegan a visitarla se encuentran con el panorama de la tristeza y de la impotencia. Alucena  vive todos los días sentada en una silla mecedora. Su mano izquierda está fracturada, su pierna izquierda no la puede mover, tampoco puede caminar, ha perdido peso considerablemente y desde el  accidente su periodo menstrual no le llega.  Para realizar sus necesidades fisiológicas su mamá debe cargarla y llevarla hasta un improvisado baño que su padrastro diseñó especialmente para ella, porque el sanitario de la casa queda ubicado en un pequeño abismo y es más difícil llevarla hasta el lugar.
Ese ‘baño’ es curiosamente una silla de madera en la que se realizó un orificio y se incorporó una tradicional bacinilla.

“No entiendo”

Para doña Martha, ese cambio tan abrupto  no es comprensible. Dice que es una injusticia de la vida porque describe a su nena como una buena hija que siempre pensaba en ella (su mamá) y en sus hermanos.
“Ella me decía; mami  yo no quiero que usted viva así, sufriendo,  yo voy a estudiar y a trabajar para ayudarle a usted y comprar la casa, yo no quiero vivir más por acá. Mi niña es  buena hija, nos ayudaba con los gastos de la casa, no le gustaba salir a bailar, era solo de la casa al trabajo. Ahora después del accidente  yo tengo que bañarla, vestirla, alimentarla, cada rato me toca ponerla en el baño y en las noches le ponemos pañal, todo me toca sola porque mi esposo trabaja”, narra Martha Rodríguez  mientras seca con sus manos las lagrimas que le produce acordarse de las ilusiones de su hija.

¡!!Irónico!!!!!

Alucena estudió   auxiliar contable en el Sena, luego realizó sus prácticas, y quienes la recuerdan la definen como una jovencita callada, prudente,   dedicada a lo suyo  y siempre fue impecable en su labor.
Hoy, quienes compartieron con ella tiene muchas preguntas, pero sobre todo, ¿por qué la vida se ensaña con una niña que empieza a vivir, que sueña con salir de la pobreza y se supera de la mejor forma, educándose?

Quería entrar a la Usco

Precisamente días antes del accidente, Alucena estaba tramitando un crédito en Comfamiliar, que le permitiría ingresar a la Universidad Surcolombiana a la carrera de Administración de Empresas, pero la vida le jugó una mala pasada y aunque sueña estar trabajando de nuevo, su cuerpo se lo impide.
En medio de su dificultad física y de lenguaje,  ella recuerda perfectamente la noche del accidente, llora y de manera lenta   expresa que, “quiero seguir adelante, pero no puedo moverme”, mientras oculta su mirada para no dejar ver las góticas que salen de sus ojos.
Mientras tanto,  Helì Charry,  aunque no es su padre, la quiere porque fue quien la crió, se rebusca la manera de llevar la comida a la casa y responder por los gastos de sus hijos menores que están en la escuela. Pero hace unos días, cuando estaba cerrando una gotera en el negocio de un cliente, se cayó y se lastimó una mano, la misma que ahora le impide trabajar y lo tiene preocupado porque la comida en su casa no da espera.

Reflexión

El caso de Alucena deja ver las múltiples causas  que originan un accidente de tránsito. A veces, por  motivos naturales, pero en su mayoría  radican en la imprudencia de conductores que no miden sus riesgosas acciones, o por ejemplo de la irresponsabilidad de pasajeros y peatones que no calculan su responsabilidad al cruzar una calle o al conducir en estado de embriaguez, como también el mal  estado de muchas calles y carreteras.
Hoy un accidente de tránsito tiene truncadas las esperanzas de Alucena Laverde, y su familia en medio de la pobreza lucha diariamente por mantenerla dentro de sus posibilidades lo más cómoda posible, pero ella  no quiere seguir postrada en esa silla, quieren reencontrarse con su mayor pasión, los números, anhela volver a moverse e iniciar sus estudios universitarios.
Casos como estos mueven los corazones de los colombianos, por eso en solidaridad con Alucena, LA NACIÓN  revela un número telefónico para las personas que deseen de alguna manera colaborar con esta causa: 311- 4959321.

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Desde hace dos meses, así vive Alucena, postrada en una silla mecedora. Fotos LA NACION

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El baño de la casa donde reside la joven  queda lejos de la habitación en la cual  ella se mantiene diariamente

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Este es el improvisado baño en el que todos los días su mamá la sienta

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Las condiciones en las que vive Alucena no son las más apropiadas para su recuperación

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Así quedó la motocicleta después del accidente. Todavía no la ha terminado de pagar.



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