Myriam Rodríguez, el alma de las fiestas

Julio 17, 2010 a las 11:02 pm

Gerardo Meneses Claros
La Nación Pitalito.

Pasó el San Pedro en Pitalito y la opinión de la gente, en su mayoría, apunta a que fueron las mejores fiestas de los últimos años. Al frente de ellas, una mujer que sabe de organización, de folclor, de etiqueta y de cultura.

Era el San Pedro con más elementos en contra de cuantos pudieran realizarse. Y ella lo sabía. Había Mundial de Fútbol, temporada de invierno y, encima, año electoral con ley de garantías. Aún así, Miriam Rodríguez Roa, como prefiere que la llamen, aunque todo Pitalito la conoce como Myriam de Basto, asumió la dirección ejecutiva de Corpoeventos con el compromiso de hacer unas fiestas que estuvieran a la altura de la ciudad.
Fácil no era. Veníamos de un período en que las fiestas habían caído en un desprestigio y falta de organización tal, que ya ni siquiera los papás dejaban participar a sus hijas en los reinados. La improvisación, el desinterés de la administración, la falta de apoyo económico y logístico fueron dejando una estela de sinsabores frente al Festival Folclórico Laboyano y al Reinado Surcolombiano de Integración.
Con todo, la ciudad no se rendía, seguía pendiente de sus fiestas, acudía a los eventos, participaba en los actos, así los programaran en los lugares más insólitos; como las veces que se le ocurrió encerrar un barrizal frente al Sena y llamarlo plaza de eventos, para presentar ahí las orquestas y los shows musicales, con el argumento de que las fiestas eran para el pueblo, que el Coliseo Cubierto no era para eso. O cuando  pusieron el Reinado Surcolombiano en mitad del Festival de la Cultura, en octubre.
Pero bueno, esos caprichos o “alcaldadas” como los llamó la gente en su momento, ya pasaron. Lo de este año fue otra cosa. Fue la comprobación de que las fiestas necesitan de alguien que las quiera, nada más. Todo jugaba en contra, sin embargo  los resultados demostraron lo contrario.

Una mujer aguerrida

Myriam no es propiamente una dama de hierro. Ni siquiera levanta la voz por más furiosa que esté. Tiene un carácter y una dulzura que encanta a la gente. A pesar de ello es una mujer de temple, de diplomacia para manejar las cosas a su cargo. “La ventaja con ella -me dijo Marianita Aguiñaga, la presidenta de la Liga contra el Cáncer- es que es una dama, una mujer que el pueblo conoce y respeta”.
Y ahí puede estar la clave de su éxito en las cosas que emprende; a ella difícilmente se le puede decir no. Siempre anda perfectamente presentada, “de punta en blanco” diría su estilista. Así sea en jean y tenis, nunca pierde su compostura ni su finura, eso mismo inspira el respeto y a la vez la cercanía con ella.
“No es la primera vez que trabajamos juntos -me respondió Edwin Ramírez, uno de los parejos de sanjuanero, a quien le pregunté por ella- y siempre, en los eventos que ella ha dirigido y que hemos trabajado, ha sido la misma persona organizada, atenta y muy respetuosa de la gente”.
La organización de las fiestas en una ciudad de más cien mil habitantes, que recibe miles de turistas en su temporada de San Pedro, que tiene una tradición cultural y artística, no es tarea fácil, es un reto. Y Myriam lo asumió y supo poner las fiestas en el lugar que le corresponden, con dignidad y respeto por ellas.

El reto

Myriam vino a Casagrande. Tomamos café y hablamos del San Pedro. “Asumir la dirección de las fiestas es complicado, pero es un trabajo que me gusta por todo lo que puede uno hacer por ellas -me dijo- Como todo, tiene sus más y sus menos. Hay momentos en que me acuerdo que llevo todo el día sin ir a la casa, que tengo un esposo y unas obligaciones con mi familia que no puedo descuidar tampoco. Por fortuna Marco Aurelio sabe cómo es esto, como presidente de Asocala, soy yo la que a veces paso días enteros sin verlo”.
Desde la planeación misma, las reuniones previas con las comunidades, el manejo de la prensa, el equipo de logística, se notaba que había una dirección que sabía lo que hacía. “Pero fíjate que esto no es de una sola persona; aquí lo que funciona es el equipo. Empezando por el Alcalde como presidente de la junta directiva de Corpoeventos. Desde ahí, con su respaldo y acompañamiento es que se logra hacer las cosas. Es que las fiestas son una expresión de nosotros, de lo que somos. Ya Pitalito no puede hacer fiesta de pueblo porque ya no lo somos. El compromiso con la gente es a la altura de la ciudad que hoy tenemos”.
Y sí, tiene sus más y sus menos, como Myriam lo expresa. Todo puede estar planeado, pero un imprevisto puede ocurrir y desbaratar meses enteros de organización. “Nos pasó con Guayacán, nos incumplieron, nos dejaron con el coliseo lleno a más no poder. La Administración había decidido que las dos fiestas más importantes, las de los reinados, fueran gratis y con orquestas nacionales. Y mira el daño que Guayacán le hizo a Pitalito. ¿Cómo explicarle eso a la gente en medio de la expectativa de una orquesta que creíamos seria y respetuosa del público?”.
El respaldo de la gente en la asistencia a los eventos, en la participación en los actos programados fue quizá el mejor termómetro para medir el interés por sus fiestas. El coliseo, las calles, el parque principal, todos los escenarios registraron una afluencia masiva de laboyanos. “Todavía nos falta, pero sé que vamos bien; ver tanta gente reunida en torno a los eventos programados nos llenaba de satisfacción”.

Lo que sigue

Siempre la hemos conocido como la ejecutiva, la mujer que está al frente de proyectos importantes para la ciudad; la recordamos en la Secretaría de Desarrollo Social, gerenciando una empresa, dirigiendo la división turística de Comfamiliar Pitalito. Siempre detrás de un escritorio y frente a la comunidad. Es una característica suya, una funcionaria que sabe lo que representa el compromiso de su trabajo. “Vamos a ver qué sigue, pero lo que tengo claro es que mientras esté en Corpoeventos quiero servirle a Pitalito de la manera que sé hacerlo: honestidad y  dedicación”.
El balance del San Pedro laboyano, dos semanas después de realizado, deja un sabor positivo en la ciudad, la seguridad de que las cosas se pueden hacer bien hechas cuando hay compromiso, apoyo y respeto por las fiestas. Era un año difícil, todo jugaba en contra, sin embargo, Myriam Rodríguez supo sortear los obstáculos. No estuvo sola, que es parte de su éxito. Y dejó las bases bien cimentadas para lo que será el año entrante la celebración del cincuentenario del Festival Folclórico laboyano y la mayoría de edad del Reinado Surcolombiano de Integración, dos eventos para los que, desde ya, se empieza a preparar la ciudad.

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Junto a su esposo, el abogado Marco Aurelio Basto, presidente de Asocala Pitalito.

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En la oficina de Corpoeventos, rodeada de papeles y de reinas.

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En plena ronda sampedrina acompañando la comunidad del sector rural.



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