Los manifestantes empezaron a enfermarse
Julio 22, 2010 a las 12:07 am
FRANCISCO ARGÜELLO
LA NACIÓN, NEIVA
Hoy se realizará la masiva marcha campesina en Neiva. El aplazamiento por un día más desató escasez de alimentos, padecimiento de agua potable y hasta enfermedades en muchos de los participantes. LA NACIÓN los acompañó en su calvario.
Los campesinos parecen no aguantar más. Están agotados, sufren las consecuencias de un clima insoportable y empezaron a enfermarse. Hoy esperan marchar por las principales calles de Neiva, recoger sus cosas y devolverse a sus lugares de origen lo antes posible.
La movilización que busca rechazar la mínima atención del Estado al sector agropecuario se aplazó por un día más (hoy), y los labriegos empiezan a padecer escasez de alimentos, agua potable y comodidad.
Unos no se bañan desde hace dos días, otros hacen extensas filas para pegarse a una manguera, algunos acuden al río Las Ceibas y otros luchan por el líquido que lleva el carro de Bomberos y que ayer llegó a la zona de encuentro tres veces.
Lorena Sánchez, líder de la marcha y residente en el corregimiento de San Luis, insiste en que la demora en el regreso de unos campesinos que marcharon en Bogotá y la tardanza del Ejército en requisar a gran cantidad de manifestantes que venían desde Algeciras impidió la movilización ayer.
El sitio
En el Club del Magisterio, a la salida de Neiva hacia Balsillas, Caquetá, donde se albergan casi 4.000 campesinos del Huila y Caquetá, todo es desesperanza. Los rostros son de preocupación, angustia. Los campesinos se miran y quisieran terminar ya una odisea que empezó desde el domingo anterior, cuando dejaron sus fincas para llegar a Neiva a protestar en contra del Estado.
Las mujeres buscan permisos con hojas de papel firmadas por los líderes de la marcha para salir hasta Neiva y cambiar de ambiente. Los hombres se quejan de dolores y Lorena Sánchez, coordinadora, busca soluciones. Desde la mañana insiste en pedir médicos, ambulancias y, según su reporte, escasas horas antes de caer la noche aparecen.
“Me duele la cabeza”, “tengo dolor en el cuerpo”, “estoy mareado”, “mucha diarrea”, “los riñones me afectan”, “el colon lo tengo irritado”, dicen a grito entero y, desesperados, decenas de campesinos, mientras hacen una extensa fila para ser atendidos por médicos y enfermeros que llegaron desde Algeciras, se refugiaron en las carpas de la Defensa Civil.
“Tengan un poco de paciencia, aguantemos hasta mañana. Se ha presentado un desorden a la entrada y salida de campesinos, por esto suspendemos los permisos de salida hacia Neiva, porque finalmente vamos a marchar mañana (hoy)”, dice a través de un parlante Lorena, quien coordina los movimientos de sus seguidores.
Y es que metros adelante, en el retén del Ejército, los labriegos no pueden cruzar hacia la ciudad sino tienen un papel donde plasmen su nombre, cédula de ciudadanía y la firma legible de la coordinadora de la movilización.
Las familias y amigos que viven en Neiva llegan hasta allí e intentan pasar alimentos, colchonetas, cobijas y demás para que soporten el clima de Neiva, que para ellos es infernal porque muchos provienen de climas fríos y frescos.
El baño
Mientras esto sucede, las filas para bañarse con una manguera son enormes. Hombres en pantalonetas buscan desacalorarse con un tímido chorro del que se desconoce su origen. Sin embargo, eso no importa. Lavar la loza y refrescarse es lo que realmente importa.
“Llegó el agua, llegó el agua…”, anuncia uno de los voceros de la marcha. Desde un parlante, al que acuden casi todos cuando se enciende, emite su voz donde pide cordura para recoger el líquido.
Baldes, ollas, canecas y hasta botellas desocupadas suenan cuando sus dueños corren de un lado a otro a esperar el carro de Bomberos que no se puede movilizar con facilidad porque los campesinos sobre la vía pública impiden su tránsito.
Lo preocupante es que la situación amenaza con convertirse en un problema de salud pública. El excremento es depositado a pocos metros del dormidero; el olor en algunas zonas es insoportable y las moscas comienzan a hacer fiestas.
En realidad los campesinos han hecho lo imposible por quemar el tiempo. Algunos juegan cartas, las mujeres charlan sentadas en el suelo, acostadas en hamacas o cartón, mientras ‘Estrellita Romántica’, una habitante de Algeciras toma el micrófono y comienza a divertirlos con corridos prohibidos.
Los buses escaleras continúan llegando cargados con manifestantes, mientras los líderes buscan acomodarlos en sitios donde parecen no caber porque todo está copado.
Al cierre de la presente edición, los labriegos prometían no dormir porque esperaban empacar sus cosas, alistarse y marchar hoy por las principales calles de Neiva.
La personera de Neiva, Lina María Guarnizo, junto con la secretaria de Salud Municipal, Sandra López, encabezaban una comisión para atender a los manifestantes. Lo mismo hacía Carlos Sandoval, director de Emergencias, y la Defensoría del Pueblo.
El regreso a sus fincas será demorado. Los buses escalera no alcanzan y seguramente tardarán hasta dos días en poder transportar a todos los protestantes.
Hasta ayer en la tarde los campesinos seguían llegando para protagonizar la gran marcha pacífica de hoy.
Agua potable, el principal problema.
Los labriegos recibieron algunas ayudas. Sin embargo, no fueron suficientes.
Las enfermedades abundaron. Los médicos hicieron lo suyo.
Así viven por estos días los campesinos a la salida de Neiva.
El baño de los labriegos.
Las condiciones en que viven son precarias.











