Luis Alfredo Ortiz Tovar

Julio 24, 2010 a las 12:00 am

La esencia de la educación

Cuando  escuchamos la máxima: “Educad al niño y no tenéis que castigar al hombre”, estamos encontrando  cuán importante  es ofrendar una buena educación, pues vierte de ella que el castigo del hombre es la misma falta de educación. En ese entendido, cuando una sociedad siente interés por este fundamental derecho, apunta en la dirección correcta; por ello celebramos los debates que han empezado a suscitarse en este sentido al interior del cuerpo edilicio. Ahí se habrán puesto en tela de juicio, los vicios de siempre: la falta de escuelas, de dotación, de cobertura de plazas, del no pago oportuno de salarios, el bajo nivel, etc.

Cual debería ser la esencia en el tema de la educación con todos los dimes y diretes que el tema ofrece; intentemos unos escenarios: El profesor está deseoso de iniciar y culminar una especialización o maestría. Su interés primigenio (y no es un pecado) es ascender en el escalafón para que de esta manera tenga una mejor asignación salarial. Debería ser adquirir un mejor conocimiento para que con una mayor preparación poder saciar la inquietud y las expectativas de sus discentes y que ellos salgan mejor preparados; el profesor que cumple con su horario y transmite un conocimiento sacado de los libros y las enciclopedias. Debería ser el transmitir el conocimiento fruto de su auscultación con conciencia crítica; el profesor que de entrada regaña para que lo respeten. Debería ser el profesor que busca el respeto respetando el de sus estudiantes (disentir, proponer, criticar); el profesor que transmite sin interesarle la problemática de cada uno de sus estudiantes. Debería ser el  entender que cada ser es un mundo y que sus problemas hacen parte del proceso de formación; el profesor que dicta la clase porque  necesita aumentar sus ingresos para precaver sus necesidades (válido también). Debería ser el que dicta su clase entendiendo que el proceso de formación académica de un estudiante entraña un deber de responsabilidad tal que su papel es el de transformar el mundo y por ello debería entregar su tiempo, su sapiencia y su paciencia a aquel que le reclama y lo confronta: el que no entiende que la tarea mas noble pero al tiempo la de mas responsabilidad es la de educar.

El día en que todos y cada uno a quienes se nos ha asignado el imperioso compromiso de formar seres humanos entendamos la verdadera esencia de educar, ese día empezará una verdadera era de transformación.



Los comentarios han sido deshabilitados.