Agua pasó por aquí…

Julio 27, 2010 a las 11:12 am

Gerardo Meneses Claros

La Nación Pitalito

El río Guarapas en Pitalito, la arteria fluvial más importante de la ciudad, necesita urgentemente de nuestra atención y cuidado. Una mirada a nuestro río para no dejarlo morir.

No es gratuito que muchos de los pueblos y ciudades del mundo tengan en su planeación urbanística la presencia de un río. Como tampoco es gratuito que esas fuentes de agua se hayan constituido en emblema y símbolo de la ciudad y que justamente por ello sean reconocidas universalmente; ahí está el Sena o el Támesis, para nombrar solo dos ejemplos.

En Colombia el fenómeno se dio en condiciones similares. Desde la época prehispánica las culturas aborígenes que habitaron este territorio construyeron, en su sabiduría, los asentamientos humanos teniendo muy en cuenta que el río era su mejor aliado. El río, entonces, era venerado.

Solo que hoy hablamos de otra época, de tiempos post-modernos, electrónicos, que nos han alejado de la civilización y nos están acercando a pasos agigantados a la barbarie. El río de Colombia, mucho antes de que los españoles lo llamaran Magdalena, era la fuente de vida de nuestras culturas indígenas. El mismo río que hoy, con tristeza y asombro, vemos morir de sed. Caracol nos mostró hace poco el recorrido de Honorio Muñoz por todo el Magdalena para dejar evidencia de cómo está hoy en día.

Un río para Pitalito

Pero así como el Yuma o Magdalena, simboliza todo un país, el Guarapas hace lo propio con Pitalito y corre, cosa curiosa, su misma suerte y la que han corrido muchos de nuestros ríos por el abandono, la ignorancia y la indiferencia a que los hemos condenado.

El Guarapas nace en el Macizo Andino y pertenece a la cuenca del Magdalena, junto con otros de su importancia como el Bordones o el Mazamorras. Pero una cosa es su nacimiento, sus primeros kilómetros y otra, su cercanía y llegada al pueblo.

La contaminación, la deforestación, el vertimiento de aguas residuales y de basuras, son algunos de los problemas que aquejan al Guarapas y de los cuales todos, de alguna manera, somos responsables.

El paisaje natural del Sur del Huila sorprende por su belleza, por el clima, por la diversidad de flora y fauna y por la inmensa riqueza hídrica que posee; riqueza que estamos destruyendo y que a la vuelta de unos años no será más que un recuerdo nostálgico en la memoria de la siguiente generación.

Problemas serios

A su paso por el hospital San Antonio el Guarapas es otro. Los niveles de contaminación y deforestación son graves. Y ni hablar de lo que ocurre con los cafetales de Bruselas que vierten sus aguas sucias al río, las mismas que llegan luego a la bocatoma del acueducto de la ciudad.

Ya en la Avenida Pastrana el Guarapas corre silencioso bajo el puente y entra a lo que un día creímos sería un gran proyecto: El Aula Ambiental. Un conjunto hermoso de paisaje, guaduales y bosque nativo que no pasó de ser sino eso, un proyecto, que fue más un embeleco para desangrar el tesoro público, enriquecer a unos cuantos aprovechados y salirle a la comunidad con un chorro de babas.

La extracción de material para la construcción sin ninguna consideración por los ríos Guarapas y Guachicos, no tiene nombre. Desde hace una década atrás Pitalito comenzó a crecer a pasos agigantados. Vinieron las constructoras con sus urbanizaciones, conjuntos cerrados y barrios en serie con casas de enanos de vergonzosa calidad; había que disponer de plantas que produjeran material de construcción y, claro, ahí estaban el Guachicos y el Guarapas, no importaba el precio ambiental que ello implicara. El río, lentamente, sigue muriendo.

Un llamado urgente

Los ríos, todos,  son una fuente inagotable de vida; inagotable siempre y cuando los preservemos, los cuidemos y amemos. El Guarapas y el Guachicos de Pitalito, al igual que todos los ríos del planeta, requieren urgentemente que volvamos nuestros ojos a ellos, que nos apropiemos de su ser y que hagamos valer su importancia.

Las políticas de conservación y prevención del medio ambiente han llenado nuestros medios de comunicación de agresivas campañas, de urgentes llamados y de tomas de conciencia pasajeras que nos recuerdan que hay un problema y que es necesario hacerle frente.

En lo que mi memoria recuerda, hace unos diez o doce años se hizo una campaña en un San Pedro a la que se llamó La Toma del Río; la misma que organizó, limpió y recuperó el sector de Tasajeras, uno de los sitios preferidos por los laboyanos para sus paseos de olla. Es quizá la única vez, por lo menos en lo que yo recuerdo, que se ha pensado en el Guarapas y se ha hecho algo por conservarlo. En esa ocasión se puso una valla invitando a cuidar al río. Hoy, ni siquiera, la valla existe.


El Guarapas en Pitalito, tanto en el área rural como a su paso por la ciudad.

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