Freno a la guerrilla
Julio 29, 2010 a las 12:02 am
Que las Farc estén reclutando jóvenes indígenas, como lo denunció el comandante de la Novena Brigada, general Henry William Torres Escalante, luego de escuchar a un adolescente que al parecer huyó de esa agrupación al margen dela ley, quizá no sorprenda, porque esa es una práctica de vieja data.
Pero es justamente eso, que siga sucediendo, lo que debe preocupar y sobre todo ocupar tanto a la ciudadanía como a las autoridades. Igual se llevan menores de zonas urbanas y rurales, lo mismo que mujeres, además de adultos incautos o crédulos, por no hablar de los extranjeros, que poco a poco siguen incorporando a sus fuerzas.
Son décadas de prácticas que atentan contra los Derechos Humanos, contra el Derecho Internacional Humanitario, que no deben seguir ocurriendo. Pero eso no será posible mientras persista el conflicto armado interno. El factor sorpresa, con el que cuentan los guerrilleros, hace muy complejo repeler sus acciones y, con mayor razón anticiparse a ellas. Con engaño o mediante el uso de la fuerza, acuden a zonas donde los uniformados tardan en llegar, de modo que desgraciadamente cuentan con tiempo suficiente para actuar.
Por supuesto, con el paso de los años les resulta más difícil reclutar gente, pero el hecho es que todavía lo siguen haciendo y así continuarán, para utilizarla como ‘carne de cañón’. Por eso, los desertores van en aumento, ya sean mujeres, niños, indígenas e incluso adultos arrepentidos. Y aún así es necesario realizar mayores esfuerzos, para evitar que vidas inocentes sean involucradas por los bandidos en esta absurda guerra.
Para ello, hay que conocer las debilidades del enemigo y anticiparse a sus pasos; es evidente que, por sustracción de materia, las Farc tienden a opacarse, luego quiere decir que deben acudir a toda suerte de estrategias para seguir haciendo de las suyas. Eso incluye sus operaciones en territorios vecinos, con gobierno proclives a sus actividades irregulares como el de Hugo Chávez en Venezuela.
De manera que las circunstancias obligan a ejercer mayor control sobre territorios vulnerables, donde la guerrilla puede llegar con relativa facilidad y de igual modo marcharse. Cada persona que caiga en poder de esos bandidos es una gran pérdida; hay que ver el dolor de las familias por el hijo ausente o, peor aún, muerto en combate, quizá asesinado por los mismos insurgentes para confundir a la opinión pública.
De ahí que sean prudentes las palabras del presidente Álvaro Uribe Vélez, en el sentido de no confiarse de los amagos de paz que en ocasiones esgrimen algunos voceros de la insurgencia. ¿Cómo creer en una agrupación que ha perdido identidad y que tan pronto puede ataca de manera inmisericorde por la espalda? Poco y nada pueden proponer quienes han perdido credibilidad, así posen de luchar por los más débiles.




