ALEXANDER MOLINA GUZMÁN

Julio 30, 2010 a las 12:00 am

De ovejitas y lobatos

Continúa retumbando el eco del descontento mayoritario que se ha producido por las millonarias demandas que han interpuesto lo ex secuestrados de las Farc, contra el Estado ¡Contra todos los colombianos! Porque eso llamado Estado para muchos es abstracto, pero no lo es: el Estado no excluye al sujeto. El Estado ¡es el sujeto!; entendido el sujeto como lo genérico, innominado, porque no se concreta en alguien en especial, sino en la generalidad, en todos. Pero bueno, sí es cierto que todo ciudadano tiene el derecho de reclamar al Estado cuando considera que éste ha fallado por acción u omisión, así aquél, el que demanda, haga parte del Estado; como también es cierto, que es la justicia la que debe dirimir esa demanda. Sin embargo, no se debe hacer oídos sordos a un principio que la mayoría de la sociedad está ventilando en ese eco: solidaridad. Cuando los secuestrados no habían obtenido, por uno u otro medio, el adjetivo de “ex”, pidieron ¡solidaridad! con su situación de secuestro; balaron como ovejitas para que la sociedad y todos los colombianos, ¡el Estado!, se sensibilizara y se movilizara en favor de ellos. Y lo lograron, pues el Estado corrió como ovejita, por solidaridad de cuerpo, para ahuyentar al lobo. Hubo manifestaciones de todo tipo: marchas y paradas, voces y programas radiales y televisivos, cartas, misas y oraciones…Fueron expresiones nacionales e internacionales que sirvieron. Salieron del horrible secuestro, se quitaron la piel de ovejitas, vienen como lobatos y ahora ven al Estado como su presa ¿Y qué les está reclamando la sociedad, el pueblo o el Estado, o como lo quieran llamar, a los “ex”? Pues eso: su insolidaridad.

Lo que le disgusta a la mayoría del Estado es que ahora vengan como lobatos a demandarlo para obtener cuantiosos millones, olvidándose de aquella solidaridad que éste, el Estado, les expresó y practicó en su momento. Es que para que cualquier principio social se edifique debe haber un acto de reciprocidad para que sea efectivamente verificado; y en este acto de demanda, se evidencia que la solidaridad fue practicada por una parte y no está siendo efectuada por la otra. Definitivamente los principios tienen que ver con la ética y nosotros, como sociedad, padecemos por falta de ella. Bien, la justicia es la que tiene la palabra y en ella prima más el tecnicismo jurídico que los principios sociales. Lo que si está claro es que si no construimos principios sociales, recíprocamente, seguiremos siendo una sociedad fracasada, con un Estado tartufo, de ovejitas y lobatos.



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