Roldanillo: poesía de la mujer
Agosto 8, 2010 a las 4:03 am
NANCY VARGAS ZAMORA
Especial LA NACION
“Creo que llegó el tiempo de acabar con el machismo que caracteriza el grupúsculo que habita entre los 50 o más escritores del Huila y con su autosuficiencia”.
Desde que el maestro Luis Ernesto Lasso, por allá en 1984 nos habló de la inauguración de este Encuentro de Poetas, el acto no ha dejado de significarme atrayente. Y por ello este año estuve allí.
El encuentro ha sido reconocido nacional e internacionalmente por su espíritu amplio, de masas, diría yo. Es un respeto por la diferencia, compromiso con las culturas negra e indígena. Es un reconocimiento a la poesía sin edades y profesiones, un lugar donde las almadres –poetas mayores- y las menores, son tratadas con sentimientos de sencillez. Y no se diga del concurso de Libro de Poemas con el sello de Ediciones Embalaje.
Pero es la pareja de esposos conformada por Ómar Rayo, pintor y escultor fallecido recientemente- y Águeda Pizarro, poeta, quienes han liderado el proyecto de invitar mujeres que se recrean con la palabra y, fortalecerlas con talleres realizados por reconocidas poetas.
El primer día la poeta Águeda abrió el acto con sus palabras dolorosas porque la muerte se llevó a su cómplice: “Hace mucho tiempo que el Museo Rayo se convirtió en un espacio sagrado al que nosotras veníamos en romería. Los módulos vibran como un gran instrumento de cuerda cuando recitamos y estas vibraciones quedan atrapadas en las paredes levantándose como murciélagos o mariposas o ángeles en espera de una nueva metamorfosis. Por esto nosotras somos las indicadas para cantarle a Ómar Rayo, nuestro hijo, nuestro hermano, nuestro esposo, el arquitecto de este sueño nuestro, su arrullo, su saeta, su aleluya por la nueva vida que empieza aquí hoy”.
Patricia Inés Jaramillo, profesora universitaria, me dijo: “Ví nacer el Museo, fui guía cuando se inauguró. Al comienzo la gente del pueblo no creía en él pero cuando empezaron a venir estudiantes tomó vida. Iniciamos con talleres y a hacer divulgación, la poeta Marga López fue una de las primeras. La fuerza de la poesía sale del museo para escuelas y colegios. Tenemos como estatuto entradas gratuitas a todo lo que se haga. El maestro Rayo quiso siempre eso. Pensando en niñas y niños se institucionalizaron talleres de pintura y literarios, que al principio asistían pocos y él se entristecía. Su sueño fue que Roldanillo siguiera su semilla, que tuviera trascendencia. Amó profundamente este pueblo. Decía que el museo era su hijo bobo”. El gobierno le dio la Cruz de Boyacá y él dijo: “Le cambio la cruz por el puente que se necesita”. Le iban a obsequiar una casa y él dijo que era mejor un lote para el museo y le tocó duro para levantarlo.
Durante los 5 días hubo conferencias de grandes poetas como Gloria Cepeda –con quien tuve reencuentro por mis cercanías con el desaparecido dirigente de la UP-; Margarita Galindo, Guiomar Cuesta, Cristina Carmiña Navia, Marga López, Mary Grueso Romero y otras. Lo más atrayente fue ver cómo las 200 poetas venidas desde todos los rincones de Colombia tuvieron su espacio para leer.
De igual forma, disfrutamos de actos de teatro. Se presentó un grupo bellísimo de cantaoras del Patía, desplazadas, quienes manifiestan con lenguaje artístico su situación de inequidad social. Igual de interesante, la poesía de indígenas y afrodescendientes o mejor, negros como dice la poeta Mary Grueso: “¿Por qué me dicen morena?/ Yo tengo una raza que es negra/ Y negra me hizo Dios”.
Compromiso y voces
Escuché el poemario de todas. Los temas fueron tantos como la vida misma. El compromiso del arte con el entorno social se perfiló más poético. El erotismo, difícil temática, por aquello de que muchos poetas olvidan el sentido universal dando vía libre a la morbosidad, lo escuché cristalino en palabras de una negra.
Encarnación García tiene 73 años, no sabe leer pero hace poemas y los recita en actos culturales y universidades. Ha hecho 847 y se los sabe todos.
María del Mar Redondo tiene 23 años y empezó los talleres desde 1993. “He aprendido que la poesía tiene sensibilidad, que no se pueden poner palabras por poner, hay que ponerlas suaves cuando el poema es ternura y así…, que uno debe dejar un poco la pasión para ver bien lo que se quiere decir”. Ella vendió manillas indígenas y productos similares en la entrada del museo. Le han publicado 4 libros, tuvo mención de honor del Museo en 1996, ha ido a Cartagena en representación de su departamento y obtuvo el galardón de La Flauta Chancaca en Popayán.
Clara Luz Cartagena Ortíz es ingeniera Química con maestría. Presentó hojas de vida para emplearse y terminó como profesora en bachillerato. Empezó a escribir en 1981, se los mostró a maestros en Medellín y se los aprobaron. Cuando tuvo 90 poemas, publicó. Montó una editorial y asegura que es un trabajo permanente pues dejó la ingeniería y debe sobrevivir de eso. En 1985 empezó a asistir al museo.
No es poco si digo que se transpira poesía en todos los lugares. Por ejemplo: El segundo día, el administrador del hotel me mostró la poesía de una hija de noveno grado. Deja ver su razón de ser y la construcción del verso. Puedo decir con certeza que allí no se juega a hacer poesía.
No menos importante resultó el homenaje que hicieron las poetas frente al sepulcro del maestro Ómar Rayo.
Visión y acción
Otro de los motivos por los cuales estuve en Roldanillo fueron las palabras de la poeta Guiomar Cuesta, invitada el año pasado al Encuentro de Escritores del Departamento. Dijo en el evento y para LA NACIÓN, que ojalá las escritoras y poetas de aquí lograran realizar uno como el de Roldanillo institucionalizándose para todo el país, entonces, me hice dos propósitos:
1º. Conocer la experiencia. Y vengo también con el ofrecimiento de solidaridad incondicional de sus organizadoras para crear el nuestro. Creo que llegó el tiempo de acabar con el machismo que caracteriza el grupúsculo que habita entre los 50 o más escritores del Huila y con su autosuficiencia, con la que se atreven a descalificar desde el maestro y doctor Luis Ernesto Lasso -que entre otras cosas, le quitaron, desde hace años, la organización del encuentro de escritores con miles de disculpas- hasta los que habitan en el último rincón del Huila. Pero no crean mis palabras, hagamos evaluación; ¿En tantos años, cuál es su posición a nivel nacional e internacional? ¿Cuántos libros se han publicado ellos con recursos del Estado pasando por encima de los escritores que tenemos y a quienes sólo los llaman para los encuentros y no para publicarles sus poemas o invitarlos a representar el Huila en otros lugares? Es decir, se toman el derecho inexistente a escoger quién vale y quién no. ¿Cuántas veces han rechazado propuestas de compañeras para crear organizaciones especiales para la mujer escritora o poeta? Y dicho sea de paso, el pasado encuentro de escritores que fue en homenaje a las mujeres escritoras, no fue más que oportunismo y palabras grotescas delante de las escritoras invitadas; y así lo dije en su momento y solicité que quedara en el acta. Sin embargo, quienes estábamos allí invitamos a la reconciliación (¿?) Pero continuemos con la evaluación a mejorar y no a excluir ¿Qué impacto hace en escuelas y colegios de la ciudad? ¿Recorren caminos y trochas buscando y formando escritores como lo hace Águeda Pizarro?
De esta forma iremos por el 50/50 que exigimos las mujeres del mundo en las entidades del Estado.
Sustento la calidad de hoja de vida de las escritoras del Huila: docentes investigadoras e innovadoras de pedagogía con reconocimientos, caminantes de las calles del Huila por la equidad social y el derecho a la educación pública, dirigentes sindicales, madres y esposas dignas de actos por la liberación de la mujer. Así somos y seguiremos siendo pese a que en este periódico uno de los escritores, que a menudo nos insultan, escribió: “…una escritora pelea cada año porque no se seleccionan sus poemas en el concurso”. No sé a quién se dirigió, a mí no, no he publicado poesía, pero quien quiera que sea, merece tolerancia y ser tenida en cuenta para representarnos en actos nacionales ¿lo hacen? ¡ojo! No sea que dentro de poco tengan que soportar la misma vergüenza que soportaron los maestros de Beethoven o Borges con Julio Cortázar, y otros miles y miles de personas en la historia del arte. (¿?)
2º. Desempolvar mis poemas guardados desde siempre debido a la conciencia de la sacralidad que creo hay en la poesía y más aún, cuando cayó el ritmo, la rima y la métrica. Llevé los temas que construyen mis genes y que me da el entorno social y porque le temo a la sentencia del gran poeta Pablo Neruda cuando manda “…a dormir con las ratas del Parnaso” a todos aquellos que repudiaron el salto de su poesía, desde los imponentes volcanes hasta Stalingrado o al Partido Comunista. Y qué diría hoy, cuando por todas partes el Neoliberalismo proliferó “el arte por el arte” y su valor sólo si representa ganancias y para no decir más, su política de desaparición de la responsabilidad del Estado.
Aunque podía leer mis cuentos cortos, vi en esta oportunidad una forma de negociar con la poesía. Así que leí cuatro poemas de los 20 que llevé al concurso del libro. Y Traigo conmigo la misma crítica dura que sugiero a quienes me leen o a mis profesores de prólogo.




