“Una mina me quitó mi piecito”

Septiembre 4, 2010 a las 1:36 am

Una joven de 21 años con limitaciones mentales es una nueva víctima de la violencia guerrillera en el Huila. Diana Margarita Sarria Amaya, residente en zona rural de Baraya, salió a cuidar una vaca y terminó con el pie izquierdo mutilado a causa de una mina antipersona. LA NACIÓN narra el drama de una familia que ahora es acusada de guerrillera.

LINA JOHANA MEDINA

LA NACIÓN, NEIVA

Diana Margarita Sarria Amaya tiene 21 años, pero su mentalidad es de una niña de cinco años. Y a este drama se suma ahora la tragedia de perder parte de su pie por una mina antipersona.

Su mente empezó a fallar a los dos meses de nacida, luego de que cayera de un caballo cuando estaba en los brazos de su madre y sufriera serias lesiones cerebrales. Hoy siendo toda una hermosa mujer, con la mentalidad de un  infante, solo se limita a decir desde una camilla del Hospital Universitario de Neiva, con su pie amputado que, “una mina me quitó mi piecito”.

El pasado miércoles y como todos los días, Diana Margarita, por petición de su mamá, salió a las cinco de la tarde a rodear las vacas, que con tanto esfuerzo su familia ha logrado adquirir en su humilde parcela de la vereda Río Blanco del municipio de Baraya.

Todo iba bien hasta que uno de los animales salió a la carretera y puso en apuros a la jovencita, quien en su afán de no dejarlo escapar fue tras él y terminó en el suelo llena de sangre, desesperada, confundida. Una mina le había destrozado su pie izquierdo.

Llevada por el sonido de la fuerte explosión y el instinto de madre que le indicó que algo andaba mal, Elvia Amaya salió en busca de su hija. Pero Diana Margarita, tirada en el suelo, no atendió a los llamados de su mamá y de su hermano de 12 años, y cuando la encontraron ya estaba muy herida.

De inmediato, vecinos de casas aledañas a la parcela, la subieron en un carro de recorrido escolar con destino al hospital de Baraya, pero el mal estado de la vía obligó a que la joven fuera trasladada  hasta el centro de salud del corregimiento de Vegalarga. Sin embargo, allí no tenían los equipos necesarios y los médicos tuvieron que remitirla al Hospital Universitario de Neiva, donde actualmente se recupera de las traumáticas lesiones en su cuerpo.

Diana Margarita, madre soltera

Pero el drama de la familia Sarria Amaya no termina allí. En 2008 luego de haber transcurrido seis meses, la señora Elvia descubrió que su hija estaba embarazada. El dolor y la angustia se apoderaron de ella. Por más que indagaron en ese momento, no supieron quién era el padre del bebé. “Le dijimos muchas veces que nos contara quien le había hecho eso, pero ella nunca contesta nada, pues en medio de su inocencia solo se ríe”, comenta la acongojada madre.

Para completar, desde que su esposo fue recluido en la cárcel de Rivera hace siete años, Elvia tiene que trabajar sola en los cultivos de su finca. “Desde que él está allá me ha tocado sacar adelante mis cinco hijos a punta de cultivo de lulo y pues ahora también al bebé de Diana Margarita, que con dos años, no camina ni  habla; la situación económica es muy difícil para nosotros, pero hay que hacerle, no tenemos otra opción”, explica la señora  Elvia.

Tal como lo afirma la madre de familia, Diana Margarita ha sido siempre su mano derecha, le ayuda en los oficios de la casa, a cuidar de los niños menores, ya que uno de sus hermanos, quien ya tiene 19 años, actualmente presta servicio militar; así mismo, todos los días debe apartar las vacas, ordeñarlas, alimentarlas y darles de beber.

Heridas en todo su cuerpo

Diana Margarita es una hermosa joven. Tiene labios muy finos, ojos expresivos, abundante cabello, le encantan los animales, ama montar a caballo y es muy decente a la hora de atender las personas que llegan a visitarla en una de las tantas habitaciones del Hospital. Ella, en medio de los dolores que le producen las heridas en su cuerpo, extiende su mano derecha y con un delicado tono de voz solo dice “buenos días, gracias por venir”.

Habla poco, intenta levantarse de la camilla, pero su mamá, su abuela y un tío se lo impiden; un pie ya no le pertenece a Margarita, y ella aún no está preparada para asumir la transformación de su cuerpo producto de la violencia.

La mina no solo le arrebató su pie izquierdo sino que causó pequeñas perforaciones en los brazos y la rodilla derecha. Dice que está aburrida, que quiere estar en casa, comenta que una mina le quitó su pie, pues es lo que ha escuchado de sus familiares.

No obstante, algo la molestó: “Aquí vinieron unos señores y me dijeron guerrillera, pero yo no soy eso, me quiero ir para mi casa”, dice Diana Margarita.

Según el tío de la víctima, Gonzalo García, “las autoridades llegaron aquí a decirle que ella era una guerrillera; pero yo los invito a que visiten la finca, revisen sus antecedentes, necesitamos que se aclare eso porque ella es una víctima más de la violencia y no es justo que la califiquen de esa manera”.

Por lo pronto Margarita seguirá recibiendo los servicios médicos en el Hospital, sumado a la orientación sicológica que recibe desde el mismo día en que llegó al centro asistencial.

La mayor preocupación de esta familia es la compra de una prótesis para Diana Margarita, ya que no cuentan con el dinero, no saben qué va pasar, tienen temor de volver a su vereda, pero no tienen otro sitio dónde vivir. Mientras tanto, el jefe del hogar sufre en una cárcel el drama de su familia, desde allí no puede hacer nada, solo le queda esperar.

Fotos: Fernando Polo.

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En el Hospital de Neiva permanece Diana Margarita, acompañada de su madre y  recuperándose de la cirugía y las heridas.


3

Los brazos dejan ver las perforaciones, producto del estallido.

4

Pese a las diferentes lesiones en todo su cuerpo, anhela regresar a su parcela.



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