La minería acuífera, de moda en el Huila

Julio 16, 2011 a las 10:39 pm

LA NACIÓN, Neiva

LA NACIÓN averiguó cómo mineros huilenses extraen oro de las profundidades del río Magdalena. Nueva práctica de explotación ilegal que atenta contra el medio ambiente.

P1000273No desfallecen ante la búsqueda desesperada de oro. Lo hacen sin temor de las autoridades, sin importar el riesgo que corran sus vidas.

En el Huila, los saqueadores del metal precioso, cambiaron su actuar frente a la explotación ilegal de este producto. La mayoría de las retroexcavadoras están en poder de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, (CAM), que después de ser burlada, aparentemente pudo controlarlos.

Al menos, no es común encontrar en ‘El Rincón’, vereda de Campoalegre y ‘Las Minas del Chocó’ en límites entre Campoalegre y Hobo, las enormes máquinas destruyendo centenares de montaña. La firma Coreanas Ltda., emporio de una familia coreana que durante años destruyó el medio ambiente y se benefició del oro, prefirió guardarse un poco.

Isla del sol rivera3Al menos, prefieren no exponerse a perder la maquinaria y enormes recursos económicos con los decomisos que les hacen la Policía, Fiscalía y la CAM.

Y si lo hacen son los fines de semana, asegura el sargento Manuel Vargas, comandante de la Policía Ambiental del Huila, quien hace menos de un mes adelantó el último operativo de maquinaria. Lo mismo hacen los otros empresarios mineros que se pasean por la región huilense.

Ahora, algunos barequeros prefieren la explotación la minería acuífera, una práctica más arriesgada por el río Magdalena, pero que resulta más económica en inversión y más rentable por la cantidad de material extraído.

Nunca antes se habían sumergido en las profundidades del afluente más caudaloso en Neiva a extraer el material precioso. Ahora lo están haciendo.

De acuerdo con mineros que dialogaron con LA NACIÓN y pidieron reserva de su identidad se necesita una draga, una especie de balsa que puede costar 14 millones si está usada y 20 o hasta 30 millones de pesos si es nueva.

P1000310La razón: Está compuesta por cuatro enormes tanques plásticos que permiten la estabilidad de la balsa, una motobomba y unas mangueras gruesas de 12 pulgadas que escarban la tierra que se encuentra en las profundidades del Magdalena. Además, de una clasificadora que extrae toda la tierra y la separa del agua y permite decantar el oro.

En esta nueva práctica de casería ilegal del metal participan dos mineros. Uno de ellos se encarga de atar una cuerda gruesa de lado a lado del caudal del río. Y en la mitad amarrar con otros dos lasos la draga para que no se la lleve la corriente del afluente.

En la mitad del agua, el otro tiene una misión casi tenebrosa: Bucear. Atarse a la cintura una correa que pesa hasta una arroba y hecha por plomo que le permite hundirse y permanecer durante varios minutos en las profundidades del río cogiendo la manguera y escarbando la tierra que sube hasta la superficie y es clasificada por la motobomba y la clasificadora. Quien coloniza la profundidad del afluente es sacado por quien se encuentra sobre la balsa a través de unas cuerdas que en el mundo de la minería le llaman las líneas de la vida porque sacan al minero casi de la muerte, de fallecer ahogado.

LA NACIÓN estableció que gran cantidad de hombres que practican esta actividad son chocoanos que se han venido del norte del país en busca del oro. Lo mismo que pobladores de Ataco, Tolima y un poco huilenses.

Y lo hacen porque el negocio es pulpo económicamente.  Un explotador minero, le confesó a la Policía Ambiental que excavaba oro en el Río Baché. Solo allí, en un dragado que se le haga al afluente en un solo día no bajan de 20 gramos, es decir, casi 1.3millones de pesos. Mientras que en el río Magdalena se extraen hasta 50 gramos diarios, algo más de 3.2millones de pesos.

DSC02287El negocio es tan rentable que la Policía Ambiental del Huila con apoyo de la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM) han incautado siete dragas en lo corrido de los últimos doce meses. Y se estiman que otras diez recorren las riberas del río Magdalena.

Sin embargo, la casería a este tipo de balsas es más difícil. No se pescan fácilmente como las retroexcavadoras que acabaron decenas de montañas,  están en el afluente, en un cauce enorme, poco transitado por la Policía.

Y es que a la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM), le preocupa porque las dragas, al remover la tierra de las profundidades del río, generan una erosión considerable que pude hasta afectar el cauce. Al menos, así se ha demostrado con la explotación ilegal que se hace a las orillas del río y que ha destruido grandes hectáreas de tierra. La casería de las autoridades ambientales continúa firme.



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