«Lluvia» de errores por culpa de «La Niña»
Julio 24, 2011 a las 3:00 am
JAIRO CALA OTERO, consultor de español
Cuando hay tragedias motivadas por fenómenos naturales, como la que originó en Colombia «La Niña» (caracterizado por temperaturas frías y perdurables, acompañadas de intensas lluvias), suelen registrarse equivocaciones a granel en los medios periodísticos. Se cae en esos errores por falta de información, que -a su vez- se produce por ausencia de lectura e investigación.
Algunos vocablos se emplean sin previa consulta de sus significados en el diccionario, situación de dejadez que delata a sus usuarios como ignaros en esas materias.
Empezaré por el verbo «evacuar», que muchos han entendido únicamente en el sentido de excretar, arrojar el organismo las heces o desechos fecales. Como si hubiese alguna morbosa inclinación por la coprofilia, muchos se centran en pensar y creer que ese verbo sólo tiene aquella definición. En algunos medios de comunicación proscribieron el verbo «evacuar»; y, en otros, lo usan excesivamente. Por fortuna, ¡limpia e higiénicamente, no es como se cree!
En verdad, para describir el desalojo o traslado de damnificados por las inundaciones a zonas seguras, puede emplearse «evacuar», sin temor alguno. Porque su segunda acepción semántica indica que esa es la acción de ‘Desalojar a los habitantes de un lugar para evitarles algún daño’. Luego decir, por ejemplo, que una comunidad será evacuada no significa que será expelida del vientre. (¡Absurdo pensar en tal inverosimilitud!). Significa, sencillamente, que sus miembros serán trasladados, transportados, llevados a otros lugares, donde no pongan en riesgo sus vidas.
En cuanto al verbo «dimensionar», que ha sido agregado al Diccionario de la RAE, él tiene dos significados: 1. ‘Establecer las dimensiones de algo, generalmente inmaterial’. Ejemplo: Se pretende dimensionar el problema actual. 2. ‘Dar mayor dimensión o importancia a algo, generalmente inmaterial’. Ejemplo: «Han conseguido dimensionar un problema que no era relevante».
Hay que aclarar que las tragedias provocadas por las lluvias, y las inundaciones que éstas producen, son fenómenos materiales si bien se originan en aquel otro fenómeno natural (las lluvias); esto es, son hechos palpables, visibles, reales. Por ende, lo que las autoridades hacen es allegar información de sus alcances entre la población. De ahí que algunos dicen: «Las autoridades están dimensionando la situación para evaluar los daños provocados». Y está bien tal expresión.
El error, en cambio, consiste en hablar de «presupuestar» los daños dejados por las lluvias. Como siempre hay que partir de las definiciones de los vocablos para saber de qué se habla, veamos las dos que tiene ese verbo: 1. ‘Formar el cómputo de los gastos o ingresos, o de ambas cosas que resultan de un negocio público o privado. 2. Incluir una partida en el presupuesto del Estado o de una corporación’. Luego no es correcto hablar de «presupuestar» los daños; obviamente, las lluvias no se precipitan a partir de alguna suma de dinero, o de algún otro estimativo previo. Distinto es que se señale que el Gobierno presupuestará las inversiones que hará en favor de los afectados por la tragedia.
Ahora bien. Cuando se invoca la solidaridad de otras comunidades ha de tenerse cuidado. Porque a la canciller de Colombia se le escapó, por ejemplo, la expresión: «El presidente de Ecuador viene a solidarizarse con las lluvias». Una escachada simplista, pero muy notoria en su alcance semántico. Naturalmente, nadie que piense y obre con probidad se solidariza con un fenómeno natural; menos si éste ha provocado estragos que dejan cuantiosas pérdidas económicas. ¡Se solidariza con las personas que sufren tales contingencias! Porque solidaridad es ‘Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros’. Equivale a brindar apoyo, moral o material a otras personas o causas, como las aquí comentadas.
De otra parte, cuando hay una breve temporada de lluvias se escucha hablar de «ola invernal». Para quienes alegan que la expresión no es precisa, hay que anotar que se equivocan. Sí es precisa, como lo señala la segunda acepción del vocablo ‘ola’ en el Diccionario de la RAE: ‘Fenómeno atmosférico que produce variación repentina en la temperatura de un lugar’. Ejemplos: «Ola de fuego»; «Ola de frío». Asimilándola con las continuas lluvias, puede decirse que se produce «ola invernal» puesto que se trata de un fenómeno natural repentino; aunque dure pocos días.
Otros periodistas, al describir las inundaciones ocurridas en varias regiones de Colombia, dicen, por ejemplo: «Las casas quedaron bajo el agua». Tal afirmación queda desmentida de tajo cuando, simultáneamente las cámaras de televisión hacen un paneo y muestran las casas, es decir, se ven claramente. Luego no quedan «bajo el agua»; quedan rodeadas de agua, pero no bajo ella. Caso diferente y preciso es que literalmente los inmuebles aludidos (o animales), sean superados por el nivel de las aguas. Entonces, y solo entonces, podrá afirmarse que una casa, unas vacas o unos caballos quedaron bajo el agua.
Hay otras descripciones equivocadas, que resultan del apremio -y muy seguramente del nerviosismo- con que se transmiten las noticias. Eso no puede desconocerse. Como una que atrapé, de un periodista barranquillero, en la televisión nacional: «Las autoridades ordenaron llenar las 800 bolsas de tierra…». Cabría preguntar, al instante: ¿Con qué pretendían llenar las bolsas si ya contenían tierra? ¡Una situación inverosímil, claro!
Lo que ocurrió en ese caso fue que falló la sintaxis. Si el orden de las palabras se preserva, las expresiones resultan entendibles, lógicas. «Las autoridades ordenaron llenar de (o con) tierra las 800 bolsas», fue lo que debió decir aquel comunicador costeño, al hacer referencia a los trabajos que se adelantaban para taponar la abertura que se había producido en el canal del Dique.
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