Héctor le gana ‘pulso’ a la muerte
Octubre 2, 2011 a las 1:12 am
Drama atormenta la vida de una familia en Neiva. Héctor Alejandro Herreño Salinas, un pequeño de 7 años, padece cáncer desde sus dos años de edad. Actualmente no recibe atención médica, sin entender por qué tiene que vivir en condiciones de extrema pobreza. Es alegre y muy inteligente, pero en ocasiones el dolor en sus huesos lo somete a vivir postrado en una cama. LA NACIÓN revela la historia.
LINA JOHANA MEDINA
LA NACIÓN, NEIVA
A los siete años de edad, Héctor Alejandro Herreño Salinas ha tenido que pasar por 21 trasfusiones de sangre para mantenerse vivo.
Cuando el pequeño llegaba a los dos primeros años de vida, fue diagnosticado con cáncer en la sangre, o como se le conoce científicamente, Leucemia. En ese momento ellos vivían en Bogotá. Yurley Salinas, su mamá, fue citada por los especialistas para informarle que su hijo tan solo viviría dos año más.
Sin embargo, la fe y amor de madre no permitieron que se rindiera con la fatal noticia, y como una ‘leona en celo’ protegió a su bebé, “con todas las fuerzas de mi corazón”, y en medio de su pobreza alimentaba a su hijo con frutas, verduras, caldos de pollo, y desde luego los medicamentos requeridos para llevar a cabo el tratamiento. “Yo no iba a permitir que mi ‘mono’ se me fuera”, cuenta.
Se suponía que hoy Héctor debía estar muerto hace tres años. Por el contrario, está vivo, su enfermedad continúa así como las ganas de vivir y la ternura, una cualidad que lo caracteriza, pese a la adversidad.
Él es un niño de 7 años, con 18 kilos, el peso de un menor de 5 años. Y es que los 22 kilos que debiera pesar de acuerdo a la tabla de la Organización Mundial de la Salud (OMS) no existen sencillamente porque solo consume caldos con pollo, ya que las carnes rojas son un tóxico para su sangre, así como otros alimentos.
Es delgado, de piel blanca, con un hermoso cabello rubio, y ojos claros. Mientras no está en crisis por su enfermedad, sonríe todo el tiempo, juega con el balón, asiste a clases, arma juegos de rompecabezas, practica dominó y hasta parqués. Pero cuando el dolor en sus huesos aparece, las energías se van al suelo por completo y solo llegan cortas pero significativas oraciones, “Diosito quítame este dolor por favor”, súplica el pequeño Héctor mientras pasa los días acostado en la única cama que hay en la humilde casa de tablas, ubicada en el barrio Limonar, sur de la capital huilense, y que comparte con su mamá y un hermano de 15 años.
“Diosito me va a curar”
“Se le hinchan los bracitos, las piernas, y sino el pecho o la espalda”, cuenta Yurley tras agregar que el niño recae cada mes y aun así, “él es consciente de su enfermedad, pero dice que Dios lo va a curar. La droga que le damos es fuerte, pero él se toma todo lo que le damos”.
Ella no cuenta ciento por ciento con el apoyo de su esposo, así él cancele el pago de la EPS. Cuando Héctor se enfermó, la señora Salinas notó que al niño le afectaba el clima frío y por ello decide radicarse en Neiva. Sin embargo, su compañero sentimental no estuvo de acuerdo y prefirió quedarse en Bogotá. La distancia acabó con la relación.
Actualmente ella vende tintos, se gana $20.000 por cada venta, y de eso tiene que sacar la inversión de $13.000, lo que indica que su ganancia son $7.000, los mismos que usa para el diario, pero cuando no puede trabajar porque su hijo se enferma o requiere de cuidados especiales, su mamá y sus hermanos le ayudan con las frutas, gelatinas y verduras para el pequeño.
Sin atención médica
La enfermedad del menor no es el único drama que acompañan la mente y el corazón de Yurley. Ella es desplazada de Algeciras, tuvo que abandonar todo por causas de la violencia, y de un hecho en particular que se niega a revelar, pero que le genera mucha tristeza.
Hoy vive en Neiva en condiciones de pobreza extrema, acompañada de sus hijos en una habitación de madera construida en terrenos invadidos, donde caben una cama, un televisor, un closet, una pequeña mesa y los osos de peluche de Héctor. Sólo cuentan con el servicio de la energía, sin agua ni gas. Para cocinar y tener acceso a un sanitario y una ducha, deben hacerlo en una casa vecina.
Hace más de tres meses el menor no recibe atención médica. La EPS no ha dado la autorización con el Oncólogo, y a la madre de familia no le queda otra opción que asistirlo en la humilde vivienda. “Muchas veces me da pesar llevarlo a la clínica porque para empezar no lo atiende el especialista, y a él por lo flaquito no le encuentran las venas para canalizarlo y lo torturan mucho. Sus bracitos quedan verdes”, agrega.
A Héctor no le gusta la casa donde viven. “No me gusta porque es de tablas”, asegura, sumado a lo que dice su mamá: “cuando llueve se asusta mucho y caen goteras, tampoco le gusta porque por la zona a veces salen ratones, una vez se nos metió hasta una culebra”, confiesa la mujer, quien en medio de las necesidades conserva su pequeño hogar muy limpio y organizado.
“Los médicos cada año me dicen que al niño le queda poco tiempo de vida, pero gracias a Dios él sigue vivo, yo sé que mi hijo va vivir por siempre, que me va a dar nietos, aunque digan que por la enfermedad será estéril”, concluye la humilde mujer. LA NACIÓN se solidariza con la historia del pequeño Héctor Alejandro y suministra el número de celular de la señora Yurley Salinas, para quienes les interese colaborar: 3112892135.
Fotos: Sergio Reyes.
Héctor Alejandro padece Leucemia desde sus dos años de edad. Pese a ello, es un niño feliz con ganas de vivir.
Le gusta ser muy cariñoso con su madre Yurley Salinas, ya que ella es su único apoyo.





que Dios la bendiga en el nombre de Jesus y proteja y cubra con la sangre de Cristo a ese chiquito. Amen