“A su esposo no lo espere. Lo mataron”
Diciembre 27, 2011 a las 2:42 am
Hace 11 años no sabe de su esposo. Y desde hace siete, tampoco tiene noticias de su hijo. Al primero lo secuestraron sin saber por qué. Al segundo, por preguntar demasiado por su padre. Rosana Rojas, neivana, le informaron que no esperara a su esposo. “Lo mataron”. Ella insiste en esperar.
FRANCISCO ARGÜELLO
LA NACIÓN, Neiva
No manda bocado sin acordarse que su hijo aguanta hambre, está enfermo o lleva semanas sin beber agua. O si realmente está muerto. Rosana Rojas, neivana, soporta doble tragedia. Eli Ipúz García, su esposo, lo secuestraron hace once años. Hombres armados hasta los dientes lo sacaron de su finca en la vereda La Palma, de La Plata, Huila. Ni siquiera hoy, después de una década, entiende el por qué. Se lo llevaron y parece que el monte se lo hubiese tragado.
El ganado, sus gallinas y hasta un cultivo de café quedaron abandonados. Las Farc no le dieron tiempo de nada. “Prometían que en tres días me lo devolvían”, cuenta Rosana. Jamás sucedió.
Edward Ipúz, su hijo, empezó una búsqueda desesperada por su padre. Era conductor y aprovechaba sus viajes a la selva, para indagar por su pariente. A donde llegaba buscaba la suerte de su papá. Sus preguntas fueron tantas- inclusive a la guerrilla cuando se le atravesaba en los caminos de sus recorridos-, que seguro les fastidió y también lo secuestraron.
Lo plagiaron hace siete años cuando conducía un camión con comida. El sitio: ‘La Y’, límites entre Caquetá y Meta. Lo plagiaron junto a José Arbelay Losada Montenegro, otro secuestrado sin noticias.
Desterrada
Dos años después del plagio de su esposo, obligaron a Rosana a marcharse de su finca. “Los comandantes de la guerrilla me dijeron que por el bien mío y de mi familia abandonara la finca porque yo ya conocía mucho de ellos –ya que insistía en buscar noticias de su esposo e hijo-, y que era mejor que me marchara”.
Se desterró de su hacienda y lo perdió todo. En Neiva- sin su esposo e hijo mayor-, siguió educando a sus otros hijos. Vendió la finca en 20 millones. Hoy vale 250 millones. La ofreció regalada, reconoce. “No tuve tiempo de nada”.
Rosana, ha hecho hasta lo imposible en busca de noticias de un doble secuestro. Lo que cualquiera no hubiese hecho por temor.
Empacó sus maletas y llegó hasta San Vicente del Caguán, Caquetá. Pidió audiencia con Manuel Marulanda, ‘Tirofijo’; El ‘Negro Acacio’ y Jorge Briceño o ‘El Mono Jojoy’, todos de la cúpula de las Farc.
Era exponerse a ellos y tener noticias de sus parientes o continuar con una zozobra que parecía desesperarla. Sin embargo, todos coincidían en lo mismo: “Regrésese y espérelos en casa”. Ilusionada se devolvía, pero terminaba engañada.
Viajes
“Cogí mis maletas y empecé a andar, viajar… Conocí mucha guerrilla urbana, muchos comandantes de las Farc a quien iba a pedirles noticias de mi esposo e hijo”, confiesa Rosana con rostro de tristeza. Todo fue en vano. Nunca le dijeron nada.
“En la zona de distensión había una oficina de quejas y reclamos. A uno lo atendían muy bien, pero ellos solo me decían ‘señora, vaya y espérelos en la casa’. Era la única respuesta que le daban a uno”.
¿Por qué se lo llevaron?, les preguntaba Rosana Rojas a las Farc. Y ellos insistían en lo mismo. “Necesitábamos hablar con él…Espérelo en la casa (hablando del esposo). Esa gente nunca le dice a uno la verdad”.
Pasó el tiempo y como no le cumplieron lo prometido, Rosana regresó al monte del Caquetá. La maestra de escuela, pensionada por el Estado, encontró carros quemados, casas destruidas. “Había mucha destrucción porque finalizaba la zona de distensión. Nunca me hablaron con la verdad”.
Viajó al Caquetá, Meta, Tolima. Y hace seis años “me cansé de gastar plata, vale dinero andar de arriba para abajo sin que nadie le ande a uno con la verdad”, expresa.
Su última ruta: Balsillas, Caquetá, donde las Farc tenían instalado un retén ilegal. Detenían a todo el que atravesaba, le interrogaban y hasta le cobraban peaje. El Ejército sabía, pero tardó tiempo en colonizar la zona.
“Ahí estuve. Me identificaba, me miraban la cédula y yo solo preguntaba por mi esposo y mi hijo. Ponían a una persona a que me atendiera”. Tampoco le dieron noticias.
Información
Hasta su casa en Neiva la buscó un extraño hombre. Le llamó por su nombre y le manifestó que necesitaba darle noticias de sus parientes secuestrados. “Me dijo ‘yo le traigo una razón desde lejos. A su hijo lo tienen moviendo maquinaria pesada en Arauca. Estamos haciendo un aeropuerto muy grande en límites con Venezuela’”, me dijo.
Rosana le preguntó si el Ejército no tenía injerencia, sino se daba cuenta, si existían controles militares y él respondió: “no, es una zona muy extensa. Nosotros sabemos dónde está el Ejército. Para salir de la región duré caminando ocho días por montañas, luego me subí a una voladora, anduve tres días y luego salí a Aguazul, Casanare”. El hombre no le pidió dinero. Solo buscaba darle noticias.
Y, ¿mi esposo?, preguntó Rosana. El hombre respondió: “A su esposo si no lo espere. Viajando de un trayecto a otro por montañas, él se resistió, no quiso caminar y lo mataron”. La dama no quiso preguntarle más, guardó silencio y lo despidió.
Triste
Rosana Rojas, vive con tres de sus hijos, el más pequeño de doce años y quien no alcanzó a conocer en detalle a su padre. Tenía nueve meses cuando Eli Ipúz fue secuestrado.
Y desde luego, convive Edward Ipúz Aldana, su nieto adorado, campeón nacional de tekondo, y quien seguramente no podrá estudiar otro semestre de ingeniería de sistemas en la Universidad Cooperativa. A la abuela no le alcanza el dinero para financiar los gastos de toda la familia. Clama por una ayuda.
¿Vivos?
En realidad anhela que sus parientes estén vivos, “pero con ese sufrimiento y como deben estar, uno preferiría que estén muertos, que ya estén en el cielo. Cómo será la vida de ellos”, concluye Rosana, al reconocer que los secuestrados y desaparecidos son más de lo que se calculan.
“Me llaman de programas radiales en la madrugada para que envíe saludos, espero varios minutos y escucho a decenas de madres que sufren como yo, hablan de unas víctimas que ni idea”.
Rosana Rojas de Ipúz, asistió a la conferencia de Ley de Víctimas, organizada por la Gobernación del Huila y Redepaz, donde se pretende que los afectados por la violencia en el país conozcan sus derechos y se acojan a los beneficios. Allí contó su historia a LA NACIÓN.





Que viva la guerra, mientras no me joda a mí ni a mi familia.
Que viva la guerra.
Mas plata para la guerra.
VIva la gueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaaaa!
!ARRRRR!
Me gusta la guerra.
Que viva la guerra, mientras no me joda a mí ni a mi familia.
Que viva la guerra.
Mas plata para la guerra.
VIva la gueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaaaa!
!ARRRRR!