Editorial – Caquetá y petróleo
Enero 23, 2012 a las 4:00 am
El masivo ataque armado a una caravana de vehículos de transporte de petróleo en Caquetá, afortunadamente sin víctimas, debe alertar de inmediato al Gobierno Nacional frente al resurgimiento de este tipo de acciones violentas, justamente desde el epicentro de lo que fuera la “zona de distensión” y golpeando a una región que poco a poco retoma su camino de progreso y desarrollo legal. Las Farc no han perdido su capacidad de ataque, mantienen estructuras bien conformadas con guerrilleros dispuestos amatar o morir, conservan su especializada manera de moverse con rapidez cerca de pequeñas zonas urbanas y gozan de la ventaja de extensos territorios, como el caqueteño, para mimetizarse.
Caquetá tiene ante sí un promisorio momento, está encontrando un sendero perdido desdelos años 80 cuando le inundó la “cultura traqueta”. La puerta dorada ala Amazonia colombiana, al pulmón del mundo, con notables recursos naturales, paisajes exuberantes que el grueso de los colombianos nos hemos perdido de disfrutar, riqueza ganadera por doquier y un grupo humano que por décadas ha demostrado su enorme capacidad de trabajo frente a duras condiciones, esa tierra es una de las esperanzas y reservas del país. Por ello el Gobierno todo debe enfocar sus mejores esfuerzos para devolverles a los caqueteños su tranquilidad perdida, recompensar en alguna medida el enorme costo pagado en aras de la paz nacional y darle la importancia merecida.
En este entorno, una noticia que en otro lugar del mundo despertaría expectativas positivas, en el Caquetá se está convirtiendo en nuevo factor de perturbación. Las exploraciones y explotaciones petroleras son el nuevo blanco de los violentos. Seis multinacionales tienen licencia para hacer labores de sísmica y exploración en esa región, además de la Emerald Energy, inglesa, que ya ha padecido la quema de vehículos y el secuestro de varios de sus trabajadores. El presidente Santos, el año pasado, anunció la instalación de un batallón Energético, como el que ya opera en el centro del Huila, para reforzar la seguridad de la mini-bonanza del oro negro que se ve venir. No es una tarea nada fácil la de voltear un sendero marcado por las Farc durante décadas, y de alguna manera resulta irritante que sólo cuando se descubre petróleo se adopten medidas de fondo en materia militar, como si todo el descomunal esfuerzo del Plan Colombia, tras los frustrados diálogos de paz, no hubiese dado resultados en materia de tranquilidad y desarrollo a los caqueteños. Cualquier observador desprevenido, tras el despliegue de fuerza pública desde 2002, pensaría que el Caquetá vive hoy en armonía completa. No es así, el balance parece deficitario y la llegada del boom petrolero lo ha desnudado.
En estas condiciones, como han dicho algunas analistas, en el Caquetá el Estado parece prepararse para una guerra más aguda. Ojalá que el petróleo sea una bendición económica y no una nueva maldición, como la coca, el caucho y la quina en horrendas épocas pasadas.
DESTACADO
“Ojalá que el petróleo sea una bendición económica y no una nueva maldición, como la coca, el caucho y la quina en horrendas épocas pasadas”.
Editorialito
El concejal laboyano Raúl Ordóñez pese a las lecciones de vida que demostró no logró atajar un cáncer severo que le apagó la vida. Cuando creía que había salido del duro trance, el destino eclipsó sus sueños. A sus familiares y amigos nuestra sentida voz de condolencia.





Fernando Rozo Burbano: un entrenador de alma y corazón
El técnico del atleta Luis Fernando López, medallista mundial, falleció a causa de un infarto cerebral. La velación será este lunes a las dos de la tarde, en el Centro Religioso de la Policía, en Bogotá.
“Era un entrenador de alma y corazón, un apasionado del atletismo, que se entregaba las 24 horas del día a su trabajo. Su objetivo siempre fue convencer a los muchachos de que podíamos ser los mejores del mundo, y a todos nos enseñó a pensar en grande. Soñaba que cuando un marchista se parara en uno de los grandes certámenes mundiales y olímpicos pensara que Colombia era una potencia del atletismo”.
Con estas palabras, el atleta Luis Fernando López despidió ayer a su entrenador, Fernando Rozo Burbano, gestor de los mejores resultados de este deporte en Colombia, quien murió el sábado en la noche, víctima de un infarto cerebral.
“No era una relación de entrenador y atleta, sino de amigos. Yo tuve la fortuna de compartir muchos instantes con él, en concentraciones y campeonatos, y como buenos amigos discutíamos sobre lo más conveniente, pero siempre con el objetivo de que funcionara a la perfección el motor del equipo”, añadió López.
De 44 años y casado con la atleta Yolanda Caballero, con quien tenía un hijo, Rozo fue el artífice de los éxitos de los marchistas nacionales, como la medalla de bronce de Luis Fernando López en los Mundiales de Atletismo Mayores de Daegu, Corea, en 2011, y la de oro de Éider Arévalo Truque, en los 10 kilómetros del Campeonato Mundial Juvenil, en Chihuahua, México, en 2010.
Junto con su esposa logró resultados destacados en pruebas de fondo en los 5.000 y 10.000 metros y en media maratón y maratón.
Nacido en Pitalito, Huila, Rozo fue atleta, practicó la marcha por más de 20 años en representación de Bogotá y de las Fuerzas Armadas. Luego, simultáneamente con su ejercicio como patrullero, desarrolló su trabajo como entrenador en la Policía Nacional. En 2011 se había vinculado al Comité Olímpico Colombiano como entrenador nacional y este año había sido designado por la Federación Colombiana de Atletismo como el responsable de la marcha en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, certamen para el que soñaba con el podio de su consentido, Luis Fernando López.
“Ahora que él se fue, queda un gran vacío. Pero a partir de su legado, y de lo que él aspiraba y lo que queríamos como equipo, seguiré trabajando como lo hacía bajo su mando, en la búsqueda de la medalla olímpica de oro en Londres. Curiosamente, hoy, 21 de enero, día de su partida, cumple mi madre 19 años de fallecida. Como creo que Fernando ya está con ella, a los dos les pido que me acompañen en los Juegos Olímpicos de Londres, para coronar el sueño de la medalla”, dijo López sobre Rozo, quien había ingresado el martes a la clínica de la Policía tras sufrir un infarto cerebral. Según el parte médico, Rozo se sintió mal, se desmayó, y paulatinamente perdió el movimiento en distintas partes del cuerpo, por lo que estuvo sedado durante 72 horas, pero luego también sufrió un paro respiratorio.