El silencio y la paz

Febrero 5, 2012 a las 4:37 am

Es en el silencio en donde se aplacan los sentidos, las emociones, calma la mente, se tranquiliza el espíritu,  fluye el pensamiento para encontrar la paz.

Luis Humberto Salazar Moreno
Especial LA NACION

“Ni el ruido hace bien, ni el bien hace ruido”, palabras pronunciadas por el sacerdote Marco Antonio López en una de sus homilías para expresar el daño que nos produce el ruido y el bien del silencio.
síSin duda que sólo en el silencio nos encontramos nosotros mismos, dejamos que afloren los pensamientos para encontrar la tranquilidad y darle las soluciones a los problemas físicos y psicológicos que afectan la existencia de la sociedad moderna.
En “La imitación de Cristo” Tomás de Kempes dice: “en el retiro y en el silencio es donde el alma devota prospera”.  Los grandes descubrimientos, ingenios, inventos, ideas y logros del hombre no han sido otra cosa que el producto de la reflexión, la meditación y el silencio.
La desorganización de la humanidad, el mal pensamiento y su locura ya hacían expresar al profeta Isaías: “el mundo está desolado, con gran desolación, porque no hay nadie que medite dentro de su corazón”.  Sólo meditando en el corazón se encuentra el poder y la fuerza del silencio en el alma.
Si en la época de los profetas ya se captaba la desorganización y la locura de los habitantes de la tierra de los elegidos por el Señor ¿cómo no añoramos el silencio en esta época moderna en donde el ruido se apoderó del ambiente y el silencio es la excepción?
Al hablar del término silencio lo tomamos en dos sentidos.  En el aspecto material, como la ausencia de ruido y sonidos que afectan el ambiente; y en el aspecto espiritual en donde ante la ausencia de ruido se aplaca el espíritu, la mente, fluye la energía, surgen las ideas; encontramos una conexión de nuestra alma con el infinito, con el Todo, con el Supremo, conectándonos a una dimensión superior y encontrando un estado de paz y tranquilidad con los que podemos tomar las mejores decisiones.  Es como si en el silencio se parara transitoriamente el mundo material, emergiera el mundo espiritual y fluyera el pensamiento puro.
Desde el punto de vista material, nuestro ambiente está invadido por el ruido y son pocos los lugares del espacio vital exentos del mismo;  es así como desde el hogar se discute y se altera la voz por cosas insignificantes sin pensar que ese ruido afecta a nuestros vecinos; igual sucede con los aparatos electrónicos (Radio, Tv., etc.) los cuales mantenemos encendidos en forma permanente hasta altas horas de la noche sin percatarnos del respeto que debemos conservar para no perturbar a nuestros vecinos en su descanso nocturno; con la música, cada día menos música y más ruido, sucede igual; amén de quienes conservan mascotas caninos y otros animales domésticos que con sus ladridos, cantos y alaridos perturban la convivencia ciudadana.  Si ofrecemos una serenata o celebramos fiestas y bajo los efectos del alcohol elevamos la voz hasta llegar al grito y a veces hacemos escándalos monstruosos no percatándonos de que nuestros vecinos duermen o se recuperan de una penosa enfermedad.

Las calles, los sonidos
Al salir a la calle los ruidos y sonidos estridentes están presentes en toda ocasión, en el bullicio de las personas al hablar, en sus discusiones, en los medios de propaganda callejeros ya nos tienen acostumbrados a los parlantes que desbordan el sonido y pasan al ruido estridente de paso afectando los órganos de nuestra audición.
Pero si vamos conduciendo, la falta de paciencia para transitar ordenadamente por las calles, se nota en los pitos estridentes, la trasgresión de las normas de tránsito, la agresión  las sirenas de las ambulancias y a veces de la fuerza pública que nos trastornan y convulsionan nuestra mente.
De los pocos espacios que quedaban en silencio y en los que se podía hallar un poco de tranquilidad era en las zonas rurales; pero ya el ruido lo ha invadido todo y con sus aparatos eléctricos a altos volúmenes y ante una vecindad cercana, ni en los lugares campestres se puede encontrar el silencio.
El problema no es de poca monta y  el mismo Papa Benedicto XVI haciendo conciencia sobre el tema se ocupó del mismo el día 10 de agosto del año pasado en la audiencia, se refirió al tema en los siguientes términos:  “el silencio es la condición ambiental que mejor favorece el recogimiento, la escucha de Dios y la meditación.  Ya el hecho mismo de disfrutar del silencio, de dejarnos, por así decirlo “llenar” por el silencio, nos predispone a la oración”.
Quiere decir que el tema ha ocupado a la humanidad durante toda su existencia, pero nosotros poco nos hemos preocupado  e intervenido sabiendo que es indispensable para una sana convivencia.  El ruido no nos permite pensar para actuar; sino actuar irracionalmente.

Control al ruido
Países desarrollados como Francia ejercen un control estricto del ruido sobre sus conciudadanos y al encontrar un exceso en los niveles de mismo la policía interviene inmediatamente y conduce a los transgresores ante la autoridad competente.
Cómo no pensar en educar a los niños en una cultura del silencio; para que a temprana edad con el aprendizaje de caminar que dura unos dos años aprendamos a callar y decir lo justo para el resto de la existencia.
Son potísimas las razones para pensar, meditar y reflexionar acerca del silencio, de cómo estamos comportándonos frente al mismo, nosotros mismos en el hogar, en la calle y ante nuestra sociedad, que solamente a través de acallar nuestros ruidos, encontrar el silencio, podemos contribuir al logro de la paz.

Los grandes descubrimientos, ingenios, inventos, ideas y logros del hombre no han sido otra cosa que el producto de la reflexión, la meditación y el silencio.

“El silencio es la condición ambiental que mejor favorece el recogimiento, la escucha de Dios y la meditación”



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