Como un gesto de despedida, Tiberio Bocanegra escribió el mensaje de no más tala sobre una tabla.

Tiberio Hernán Bocanegra Urueña, un aserrador de San Adolfo en el municipio de Acevedo, nunca pensó que el poder de las motosierras, que él y su grupo de amigos operaban, fueran a ser silenciadas gracias a la reacción que tuvo luego de ver en la televisión un programa sobre los castores (roedores que se alimentan de la madera).

Estaba descansando y vio un especial en la televisión sobre los castores, al ver la imagen de cómo estos animales destrozaban cuanto árbol encontraban con tal de lograr algo de alimento se comparó con ellos y la única diferencia que halló fue que él podía pensar y realizar otra actividad, mientras el castor no.

Bocanegra Urueña llevaba 22 años haciendo la misma labor del castor y con el mismo propósito, porque literalmente el aserrador y su familia se alimentaban y sobrevivían gracias a la tala de cualquier árbol que se atravesara en su camino.

El impacto que tuvo luego de ver la imagen de cómo un grupo de estos pequeños animales destruían una gran cantidad de bosque en pocos minutos, empezó a darle vueltas en la cabeza y a hacerlo sentir mal por la labor que venía realizando.

Lo anterior influyó para que se atreviera a proponerle a sus compañeros del grupo de trabajo que cambiaran de oficio, una labor nada fácil para hombres que habían heredado el oficio de generación en generación y que siempre se han ganado la vida apretando un serrucho o una sierra.

Al principio la idea no caló y sus compañeros le plantearon el gran interrogante: ¿De qué vamos a vivir?, -si no tenemos sino el bosque para rebuscarnos la comida- le increparon.

Bocanegra no se rindió, por lo contrario, les recordó al grupo que no olvidaran que lo que hacían no era del todo legal, que la Policía y la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM) les estaban siguiendo los pasos, por lo tanto, lo mejor era pedir ayuda a las entidades del Estado para dedicarse a otra cosa.

La decisión

Tomar la decisión de abandonar un oficio del que habían vivido toda la vida no era fácil, pero las opciones que les ofrecieron por parte de la CAM, el Sena, las alcaldías de Palestina y Acevedo, la Empresa Forestal del Huila y el Incoder, los convencieron.

Fue así como Tiberio Bocanegra Urueña fundó el grupo de trabajo asociativo Los Castores, que cuenta con personería jurídica y está registrado ante la Cámara de Comercio de Neiva. El grupo está conformado por 36 aserradores que por medio siglo han vivido de explotar los bosques de las zonas aledañas al corredor biológico, en los municipios de Palestina y Acevedo.

Una vez fundado el grupo, ahora sólo faltaba adquirir el compromiso de ambas partes para que la negociación se pudiera dar. Pero ante la desconfianza con las entidades del Estado por tantos proyectos que han prometido y no han realizado, se necesitaba hacer un acto de fe en el que se pudiera pactar que los aserradores no volverían a tocar ni un árbol ilegalmente y que las entidades cumplirían con darles otra oportunidad de empleo para poder seguir con el sostenimiento de sus familias.

Para demostrar que realmente están decididos a dejar la tala indiscriminada, convencer a las autoridades de su decisión y que a la vez ellas también se comprometan, el mismo grupo tomó la iniciativa de hacer la entrega pública de las herramientas de trabajo: las motosierras, lo que se convirtió el pasado viernes en un voto de confianza entre los firmantes del pacto.

La ceremonia

La ceremonia de entrega de las motosierras fue todo un acontecimiento, se realizó en el colegio municipal del centro poblado de San Adolfo, que queda a una hora en carro del municipio de Acevedo por una carretera en pésimas condiciones, y que según los pobladores, ni un hijo de ese pueblo que fue gobernador y tres diputadas en ejercicio oriundas de esa misma región, que se conocen esos caminos como la palma de sus manos, han podido arreglar.

Hasta el patio principal del colegio llegaron los aserradores cargando sus herramientas “a lomo de mula”, ante la mirada atónita de la muchedumbre que se aglomeró y no podía creer que los aserradores más reconocidos de ese pueblo entregaran su don más preciado y con lo que se habían ganado la vida durante tantos años.

Seguidamente, llegaron los representantes de la CAM, el director del Sena, el gerente de la Empresa Forestal del Huila, la Alcaldesa de Acevedo, el comandante de la Policía Huila y hasta el cura del pueblo, quien en un pequeño sermón felicitó a los aserradores por su decisión y les recordó a los delegados de los entes que firmaron el compromiso, que hay que cumplir con la palabra empeñada y con los papeles firmados, porque de lo contrario no llegarían a nada.

Buena voluntad

En la reunión, las manifestaciones de buena voluntad para sacar adelante el proyecto con los aserradores se evidenciaron de ambas partes, tanto de los organismos encargados de generarle mano de obra a los integrantes del grupo asociativo Los Castores como de los mismos coligados, para que el pacto salga adelante y este ejemplo sea imitado en otras regiones.

Los aserradores tienen puestas todas sus esperanzas en que al abandonar la tala indiscriminada puedan tener después, de tantos años de sacrificio, una mejor calidad de vida para sus familias.

“Yo llevo 22 años en el aserrío, tengo siete hijos y donde más he cortado madera es en la vereda La Ilusión. Durante este tiempo sólo he conseguido el sustento para mi familia. Hoy reconozco el daño que hemos generado, estamos acabando con la montaña como los castores. La idea de crear el grupo viene desde el año pasado. Cuando iniciamos todos preguntaban: ‘Bueno, si entrego la motosierra ¿Qué me van a dar?’. Ya nosotros dimos el primer paso, esperamos que el Gobierno nos cumpla y que esa pregunta tenga una pronta respuesta”, indicó Tiberio Bocanegra Urueña, presidente del grupo Los Castores.

La principal opción que tienen los aserradores es poder trabajar en la Empresa Forestal del Huila, ya que allí pueden desempeñar oficios en los que por experiencia son competentes.

“La CAM tiene algunos proyectos para darnos empleo y la Empresa Forestal del Huila. El Incoder también nos debe ayudar, porque hay mucho motosierrista que no tiene tierra y la agricultura para nosotros es una buena opción”, agregó Bocanegra.

Por su parte, el director de la CAM, Rey Ariel Borbón Ardila, destacó el gesto de los aserradores como único en Colombia y se comprometió a sacar adelante el proyecto.
“En el análisis con todas estas comunidades campesinas que están asentadas en la zona amortiguadora del parque Cueva de los Guácharos y en la zona del parque Corredor Biológico, hemos encontrado que detrás de toda esta problemática de deforestación hay unas necesidades sociales. Ellos necesitan unos ingresos y por eso todas las entidades nos hemos comprometido en que como ellos se van a convertir en los protectores y los defensores de los bosques, nosotros vamos a buscar las gestiones en inversiones, proyectos y recursos para que ellos puedan derivar de estas actividades legales, formarles los ingresos que requieren para poder supervivir”, expresó Borbón Ardila.

A su turno la alcaldesa de Acevedo, Lucy Paiva Soto, indicó que el compromiso por parte de la administración municipal es el de articular y gestionar ante las entidades para que los proyectos salgan adelante.

“El compromiso es articularnos con las entidades públicas y privadas para que aunemos esfuerzos y dedicar recursos a generar proyectos productivos, proyectos de vida sana para estas familias que hoy entregan sus herramientas con una gran expectativa, con muy buena voluntad y una generosidad enorme”.

“Las autoridades nos estamos comprometiendo, por lo que hago el llamado a todos, porque nosotros sólo como Municipio no podemos, pero veo la voluntad de entidades como la CAM y el Sena, entre otras, por ello vamos a tocar las puertas del Gobierno Departamental para que a través de sus diferentes secretarías nos pueda ayudar a satisfacer las necesidades de estas familias”, anotó la mandataria de los acevedunos.

Hoy en los distintos bosques aledaños al corredor biológico, las aves y todos los animales que pueblan esas áreas extrañarán el rugir de las motosierras y el ruido de los troncos deslizándose por la montaña, entretanto, 36 aserradores de Acevedo y Palestina visitan las oficinas de los entes que se comprometieron con las ayudas, para empezar a patinar sus primeros proyectos. LA NACIÓN les desea éxitos en su gestión.

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