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Desde que el Papa descendió del avión no ha dejado de mostrar su sencillez, su carisma y su alegría; ha regalado abrazos sin parar, saliéndose de todos los protocolos. Durante su bienvenida en el Aeropuerto de Catam, saludó, abrazó y sonrío a todo aquel que se encontraba; su carisma y su ternura han dejado momentos llenos de sentimiento y emoción.

Los niños han sido los protagonistas de esta visita, por todos los lugares que ha ido el Papa se ha encontrado con la presencia de incontables niños; en su llegada por primera vez a la Nunciatura Apostólica lo esperaban centenares de personas, entre ellos, niños y jóvenes del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez de Bogotá (Idipron) que lo recibieron a ritmo de hip hop y cumbia. Además de bailar y cantar también le entregaron al pontífice toda tipo de regalos mientras este les respondía con sonrisas y aplausos.

El acto inició con una puesta en escena de una coreografía y una canción de hip hop, con la que mostraron su agilidad para bailar y cantar. Francisco los observó desde una pequeña tarima ubicada al lado de la entrada de la Nunciatura, desde donde recibió de manos de los jóvenes una ruana, elaborada por 10 jóvenes; un velón, que significa la luz que el Papa representa para todos sus seguidores, y un vitral, para recordar la confianza que tienen los jóvenes en él.

Para ellos, los tres meses que duraron ensayando el espectáculo valió la pena solo con ver la sonrisa que reflejaba el Santo Padre en su rostro. Sus largas horas de vuelo no manifestaron cansancio, en su rostro solo había muestras de amor y ternura.

Muchos de ellos son exhabitantes de las calles del Bronx en Bogotá;

Brayan, el niño de 11 años, que le entregó la ruana al Papa mostró su felicidad al cumplir su sueño de tener tan cerca al sucesor de Pedro; resaltó que su buen comportamiento en el instituto lo llevó a ser el elegido para hacer entrega de la ruana.

“Me gustó mucho, tuve un poco de nervios pero me sentí muy bien; yo le hice poner la ruana, él me dio una camándula negra; le escribí una carta donde le dijo que se cuide, que oro por él” narró Brayan.

El niño, que vive en el sur de Bogotá y que desde hace cuatro años pertenece a la institución, finalizó diciendo “me sentí ese día como famoso”.

El primer mensaje del Obispo de Roma, fue enviado precisamente allí, con la ruana puesta invitó a los jóvenes a no dejarse robar la alegría y la esperanza.

 

 

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