FROILÁN CASAS ORTIZ

Espero que la visita del papa Francisco nos haya despertado la conciencia moral para que logremos un cambio de conducta y entonces sí, llegaremos a la anhelada paz. ¿Cuál es la tarea del juez? Castigar al delincuente para que de alguna manera pague el delito cometido contra la sociedad. El juez debe actuar siempre en concordancia con la ley, que la debe saber interpretar con sentido común y con una buena solvencia académica. Un  juez no solamente debe conocer la ley sino y, sobre todo, saberla interpretar. Una interpretación de la ley ajena a la científica exégesis jurídica, lleva al juez a los más terribles atropellos.  El protagonismo del juez solo aparece en los fallos. Los protagonismos mediáticos enturbian los veredictos judiciales. La trasparencia de la  rama judicial se expresa en la objetividad de los procesos. Deben establecerse claras normas que exijan la solvencia académica y moral de quienes pretendan ejercer la sagrada tarea de decidir sobre la conducta de las personas. La nominación de magistrados y jueces debe estar separada de cualquier influencia de la rama ejecutiva o legislativa. Es indispensable establecer reglas claras que exijan calidad en los nombrados; concursos y acreditación  jurídica. Deben existir penas fuertes para quienes  prevariquen, para quienes falseen la justicia. Llegar a los altos cargos de los órganos de control, debe ser el último peldaño de un proceso de servicio a la justicia y que queden inhabilitados, por lo menos por ocho años para acceder a cargos públicos, -esto evita utilizar el cargo para obtener un puesto superior o igual en la burocracia-. Cuando entre en conflicto el derecho y la justicia, prima la justicia. Los delitos que queden impunes son el mejor caldo de cultivo para su multiplicación. De modo que, cero impunidad. Hoy se habla mucho del triste flagelo de la corrupción, no cabe duda que es verdad, parece ya una verdad de Perogrullo, es lugar común decirlo. Se ha devaluado tanto la palabra corrupción que  ha perdido su significado. Es más, infortunadamente, nos acostumbramos a ella. El descaro en la misma ha llegado al cinismo de afirmar: “éste fulano roba, pero hace obras”. La compra de votos y la domesticación del mismo es  el pan de cada día, -por más leyes que haya-. Mientras no haya un cambio de conciencia, todo estará perdido. Para mí el más corrupto del sistema político colombiano es el elector: vota estomacalmente, vende su voto por un almuerzo, por una dádiva.  Entonces aparece un círculo vicioso: si el candidato no satisface las exigencias del elector,  se queda sin votos. Hacen faltan candidatos que se jueguen la vida  censurando las peticiones corruptas de sus electores. En Colombia existe un ejemplo de algún candidato que se jugó la candidatura combatiendo esta pandemia de la compra de votos y logró cambiar el disco duro de muchos ciudadanos y, efectivamente con la “anti – política”, ganó las elecciones. ¿Cuál es el mártir que haga eso hoy?  Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?  La corrupción y la impunidad son hermanas siamesas, como dijo acertadamente un gran jurista en la tertulia del Botalón. ¡Qué horror acostumbrarnos a ellas!

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