JORGE LUIS SALCEDO RESTREPO M.D.

La visita del Papa a Colombia  nos deja muchas cosas claras y en que pensar, pues nos habló no solo directo al corazón, sino al cerebro.

La gente joven, o la juventud actual, creo que fue quien mas degustó con el Santo Padre, pues nunca les había tocado una visita de un Pontífice a Colombia en 25 años. Ese tiempo equivale a una nueva generación que escucha a un Papa Jesuita con ideas frescas, diferentes y de mayor sensibilidad social. Yo defiendo las ideas del Santo Padre; así, algún sector de la iglesia lo critique al igual que unos laicos de extrema derecha, como los de la Universidad La Gran Colombia con su rector el señor Galat.

Soy muy conservador y me gustan muchas cosas de la Iglesia antigua como sacerdotes cultos y mejor hablados, la misa en latín y la sobriedad de los actos litúrgicos. No comparto muchas cosas nuevas, pero eso no hace que esté en desacuerdo con el Papa.

Muchos politiqueros tomaron muchas cosas de la visita del Papa para hacer política y conseguir votos. Por eso es que yo votaré en blanco por presidencia, Senado, Cámara, diputados, gobernadores, alcaldes y concejales, como sugiere el colega columnista Juan Gossain, aunque esto no quiere decir que esté totalmente de acuerdo con sus ideas, pero creo que sería la mejor manera de limpiar al país de la clase política que hoy nos gobierna.

El Papa  dijo muchas cosas con las que estoy de acuerdo: “debemos ser esclavos de la paz”. Pero también dijo que “sin justicia, verdad, reparación y no repetición no puede existir la anhelada paz”. “Las cárceles están llenas de gente justa y obviamente también hay personas que tienen penas largas por crímenes horribles”,  ¨pero lo más grave, y que asoció al narcotráfico, fue también el fenómeno de la corrupción, que en mi concepto produce mas muertos, hambre e injusticia social.

Los grandes corruptos, en mi concepto, son los que deberían tener penas mas  largas. Pero los políticos y los jueces miman mucho a los hampones de cuello blanco o criminales de familias pudientes, o, que tienen incrustadas en el Estado, todo un esquema que los convierte en personajes blindados e impunes ante cualquier acto ilícito.

Me gustó, también la actitud del Papa con los no creyentes. No me gusto la actitud de un cura en Medellín, que con  actitud y “cara avinagrada”, no dejó que regalaran al Papa la camiseta del Nacional, aunque a mí me hubiese gustado más la de mi Santafecito lindo del alma.

El deporte y la religión tienen muchas cosas en común. Como el amor a Dios cuando se celebra el Gol.

 

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