LIBARDO GOMEZ SANCHEZ   

No es fácil establecer el impacto que pueda tener la visita del santo padre Francisco en un país como el nuestro, agobiado por las desigualdades y que como consecuencia de las devastaciones sufridas por la industria y el agro, se ha pauperizado por la falta de trabajo formal y remuneración justa para la mayoría de quienes lo tienen; como lo señala el prelado en una de sus intervenciones en recientes visitas a otros lugares del planeta, esta situación conduce:  “a un progresivo desgaste del “capital social” , es decir, del conjunto de relaciones de confianza, fiabilidad, y respeto de las normas, que son indispensables en toda convivencia civil” .

Quienes han tomado atenta nota de su mensaje, habrán notado su abierta crítica al modelo de sociedad prevaleciente y su exhortación a abandonar la explotación despiadada de la naturaleza, para satisfacer el lucro financiero de pequeños grupos económicos y por el contrario : “programar una agricultura sostenible y diversificada, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a fomentar una mayor eficiencia energética, a promover una gestión más adecuada de los recursos forestales y marinos, a asegurar a todos el acceso al agua potable’’.  Amplía su censura a quienes se empeñan en mantener el statu quo: “La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan a la economía real. No se aprendieron las lecciones de la crisis financiera mundial y con mucha lentitud se aprenden las lecciones del deterioro ambiental’’.

Mientras su presencia reconforta a miles que lo siguen como guía espiritual, la naturaleza cerca se encarga de confirmar los temores de su sermón, el cambio climático propicia la formación de embudos de vientos huracanados en la franja de los mares del Caribe que terminan golpeando islas y penínsulas que encuentran a su paso devastador, dejando estelas de destrucción material y pérdida de vidas, provocando inmenso dolor en las poblaciones costeras.

No deja de causar curiosidad que ha estos fenómenos implacables de la naturaleza se les confieran nombres comunes, cuando mejor podría bautizarles con los alias de personajes que le hayan causado daño a la humanidad, algo así como George, Donald o para nuestro caso Juanma o Álvaro y si no le torcemos el pescuezo a los vientos de siempre, terminaremos agregando a la lista el de Germán o el que diga Uribe.

Comentarios

Compartir
Artículo anteriorSin pasar por alto
Artículo siguienteEL POPULISMO AL ACECHO