Piero Emmanuel Silva Arce

A medida que avanza la materialización de los acuerdos de paz construidos entre el Gobierno colombiano y las FARC (hoy ya convertido en partido político), el problema del paramilitarismo sigue estando presente en muchas de las regiones del país donde maneja grandes porciones de territorio y negocios ilegales. Uno de los grupos paramilitares más consolidados es el clan del Golfo, dirigido por alias “Otoniel” quien cuenta con una estructura criminal compuesta por alrededor de 3 mil personas dedicadas a sostener las redes de negocios organizados al margen de la ley.

El fenómeno del paramilitarismo ya tiene sus añitos; sus orígenes se remontan a la década de 1960, época en la cual la Escuela de las Américas de Estados Unidos se dedicaba a cooperar con gobiernos latinoamericanos ̶ la mayoría de ellos autoritarios ̶ para detener las rebeliones armadas que se estaban produciendo en la región. Esta escuela se encargaba de adiestrar militar y políticamente a los gobiernos a través de tácticas de contrainsurgencia, inteligencia militar, técnicas de interrogatorio, entre otras, para contener el fantasma del comunismo que se expandía por todo el mundo durante el periodo de la Guerra Fría. La semilla del paramilitarismo quedó inserta en Latinoamérica, la represión en contra de los movimientos sociales alternativos ha sido una constante y las consecuencias de este fenómeno continúan siendo una preocupación en términos políticos y humanitarios.

Con el gobierno de Álvaro Uribe se realizó el Proceso de Justicia y Paz para, supuestamente, desmontar las estructuras paramilitares en Colombia. Esta experiencia no solo significó un fracaso, sino que generó que al interior del paramilitarismo se entrara en conflictos por el control de los territorios y de los mercados ilícitos, produciendo olas de violencia que asolaron al país. Además, es bien sabido que la entrega de armas durante este proceso fue un espectáculo organizado por ese gobierno para quedar bien ante la opinión pública y no un intento real por contribuir a la construcción de paz.

Hoy se hace necesario llevar a cabo estrategias que lleven a desactivar las estructuras paramilitares que ejercen un amplio control territorial en el país. Esta se convierte en una tarea difícil si se tiene en cuenta la cooptación del Estado por parte del paramilitarismo (la parapolítica). Como bien lo señalan los acuerdos del proceso de paz, es innegable que la construcción de paz está asociada a enfrentar estos problemas que siguen generando violencia.

Investigador del Grupo: “Diálogos”.

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