Esperanza Andrade Serrano

 

La esperanza y la alegría fueron las grandes protagonistas de la visita a Colombia del Papa Francisco, que nos llenó de regocijo en medio de las incertidumbres y dramas que vivimos a diario. Y es que Francisco es un Papa diferente a sus predecesores, desde muchos aspectos: en política internacional, la lucha contra la pobreza, la violencia y la corrupción, por ejemplo.

 

Recapacitar en la profundidad de su mensaje, capaz de tocar el corazón de cada persona, me hace pensar en el sentido verdadero de su presencia. Hoy recuerdo a todos quienes sufren; a las víctimas del conflicto armado, por penurias familiares, narcotráfico, enfermedades, desastres naturales, desempleo, entre otras calamidades que aquejan a nuestra sociedad.  La visita del Santo Padre se convirtió, al margen de la fe, en el espacio y tiempo preciso para hacer un llamado a la justicia, donde las leyes que establecen los preceptos sean justas y conformes a la razón. Un llamado a construir paz, con perdón, como un acto unilateral y gratuito, que hace palpable para nosotros una esperanza.

Fue un llamado a la reconciliación y solidaridad, “a tocar la carne de Cristo en las necesidades y dificultades de nuestros hermanos”, pues son muchos quienes viven críticas situaciones: jóvenes, niños, mujeres, ancianos. No podemos ser ajenos a sus voces para hacer presente la cercanía de Dios.

Reconozco con firmeza que Colombia se puede transformar, que puede cambiar, solo se debe dar el primer paso en busca de la esperanza. Y eso significó su visita, un punto de partida hacia una Colombia diferente, ese país que empieza a alentarse en la esperanza de paz. El Papa Francisco es un mensajero de paz que sabe y entiende que el diálogo es el mejor camino para alcanzarla.

Para avanzar en este primer paso, debemos dejar de lado las diferencias políticas y las divisiones de credo. Pero más allá de ello debemos liderar esta causa, desde nuestras familias, desde nuestros lugares de trabajo, desde las aulas de clase.  Seamos activistas de la esperanza. Tal como indicó monseñor Fabio Suescún: “enviemos al mundo un mensaje universal de una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa y sin exclusiones”

 

Esta semana iniciamos labores sintiéndonos distintos. Hoy nos sentimos alegres en la esperanza. Y así debe ser. Recordemos que no hay ninguna incompatibilidad entre los sueños y las posibilidades para hacerlos realidad; no hay división entre los más profundos deseos del corazón y la mente, y la aplicación racional del esfuerzo humano para resolver los problemas de nuestra Colombia. www.yotengoesperanzaen.com

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