José Piar Iriarte

Desde hace más de 30 años venimos eligiendo la bandera de la pacificación como proyecto político nacional. Unos tras otro, en mayor o menor grado, cada gobernante sumó esfuerzos para diezmar al monstruo de la violencia. Utilizaron diferentes fórmulas, todas apuntando a la reincorporación o a la disuasión y cada vez con compromisos y garantías institucionales incluida la esquiva participación política. No faltaron las disidencias: Las hubo en el M19, en el Epl, pero también en los paramilitares. Las vemos ahora en las Farc. Son facciones que al final siempre han sido derrotadas, pero su existencia trastoca la credibilidad del proceso, pues siembran el terror con el poder de las armas y se enseñorean en lugares en los que la ilegalidad es el común denominador y fuente de  financiación. Salvo el plebiscito del 57 con el que nace el Frente Nacional, ningún otro – así será consignado en los libros de historia-  somete a consulta popular el acuerdo de paz alcanzado. Es Santos, imagino que producto de profunda ensoñación, quien decide vincular un tema tan espinoso a la participación activa y democrática de una población atizada por odios y desinformación. La conclusión a esa maravillosa  iniciativa contrarió cuatro años de incansable negociación. Esa decisión plebiscitaria, es  el combustible que alimenta  el discurso electorero de la oposición, no obstante el acuerdo posterior que recogió la inconformidad – Así también será ingratamente recordado en esos libros de historia.

Es claro que las circunstancias anotadas juegan papel relevante ahora que nos aproximamos a elección presidencial. Es una especie de nuevo enfrentamiento entre los del SI y el NO. Otros dirán que entre la derecha y el resto; o entre la continuidad y el cambio, pero cualquiera sea la calificación, las identifica el revanchismo. Mientras el populacho se entretiene divagando en temas que poco entiende, otras cosas están pensando y haciendo los estrategas: maquinar toda suerte de alianzas en los que la lealtad y el compromiso serán sacrificados.

Doy por sentado que las Farc, no la disidencia, están jugadas en la institucionalidad, pero el entorno  les está exigiendo considerar la representación política de los que aspiran, pues la sindicación por delitos de lesa humanidad a varios de sus dirigentes es vista como grosera contradicción con el proceso mismo y la JEP. “Quienes se petrifican en un sistema de ideas hasta los mismos maestros les inducen a error” enseñaba un antiguo.

 

 

 

 

 

 

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