Solo latas retorcidas y humeantes quedaron de lo que eran las casas en Villa Colombia.

FERNANDO POLO/LN

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Los chorros de humo que aún salen de las casas de Villa Colombia, que fueron incineradas por un voraz incendio el domingo anterior dan cuenta de lo que es la tragedia que están viviendo las diez familias que fueron afectadas.

Aún están calientas las retorcidas latas que hasta hace tres días conformaban los techos y paredes de los ranchos que fueron construidos a punta de esfuerzo y dedicación de madres cabeza de hogar, desplazados por la violencia y personas que vieron en esta invasión la oportunidad de tener un techo.

En Villa Colombia ni siquiera las calles se salvaron. Como la invasión queda sobre una montaña la misma comunidad había construido las carreteras a punta de pica y pala, las gradas las armaron con llantas, que el domingo sirvieron de combustible para que el barrio ardiera mientras sus pobladores lloraban sin poder hacer nada.

Diez familias del asentamiento Villa Colombia perdieron sus casas por cuenta de un incendio el pasado domingo. Fotos Sergio Reyes.

Los damnificados ayer estaban tratando de recuperar algunas de sus pertenencias, pero no encontraban nada, todo estaba en cenizas. En el lugar se vivieron escenas desgarradoras de personas que anhelaban encontrar algo que les sirviera para empezar de nuevo pero lo único que hallaban eran sus enseres calcinados. Hasta los mercados de las personas que madrugaron a mercar el sábado para toda la semana se quemaron, ahora no tienen nada que comer y están a la voluntad de las personas que les quieran ayudar.

Diego García es uno de los fundadores de Villa Colombia, llegó a la invasión desde hace 18 años porque no tenía un lugar donde vivir, allí armó un rancho de tablas y se estableció con su familia, durante todo este tiempo lo único que ha hecho es trabajar y ahorrar para levantar las dos piezas donde vivían.

Estaba muy contento porque ya les habían reconocido el asentamiento como un barrio más de Neiva y ello le permitiría tener escrituras para que el Gobierno le ayudara con los subsidios, el banco le prestara plata y así poder construir la casa de sus sueños para pasar allí sus últimos días en compañía de su esposa. El domingo todas sus ilusiones y su fortuna desaparecieron, el fuego consumió su rancho. Y entre las llamas se extinguió también el sueño de tener una casa decente donde envejecer con su esposa.

Erika Conde es una madre cabeza de hogar, tenía su casa en Villa Colombia a donde llegó desde hace 19 años a invadir un pedazo de tierra para poder brindarles un techo a sus hijos.

En domingo mientras ella estaba trabajando para sostener el hogar las llamas acabaron con su casa. La sorpresa fue cuando la llamaron para avisarle que la casa se estaba quemando.

La historia de don Diego y Erika es la misma de las otras ocho familias que perdieron sus casas, todas sus ilusiones se quemaron y su lucha por tener una vivienda digna y que estaban a punto de “coronar” con la legalización del barrio, quedó resumida en un montón de latas que aún sueltan humo, como tratando de recordarles lo que ha sido su destino.

LOS QUE SE SALVARON  

Villa Colombia es un asentamiento que alberga más de 500 familias, por fortuna solo diez hogares, de los cuales a ocho se les quemó totalmente la casa están buscando hoy techo. Pero los vecinos pasaron el susto de su vida cuando impotentes ante la fuerza de las llamas veían como las casas eran consumidas y les tocó desalojar para no comprometer su vida.

La solidaridad de las personas no se hizo esperar y los mismos vecinos se organizaron para buscar las ayudas.

“Fue una cosa muy terrible, yo venía del supermercado y la mayoría de las  personas estaban en sus casas haciendo labores domésticas, cuando vi que se empozó a quemar la casa de doña Saturia y don Adán, todos los vecinos salieron a ayudar a apagarla, cuando al momentico se escuchó una explosión y voló candela por todos lados, ahí fue cuando se prendieron las otras casas”, le narró a LA NACIÓN, Carolina Orta, una de las personas a la que su casa se le salvó de milagro porque estaba frente a las que se quemaron.

“Yo me salí de la casa –continúa Carolina- y desde afuera veía como las llamas lambian las paredes y yo solo rezaba para que no le fuera a pasar nada a mi casa. Hubo momentos de mucho dolor al ver como la gente llorando se desesperaban porque no podían hacer nada, las llamas eran muy fuertes. Gracias a Dios al momento llegaron los bomberos y lograron controlar todo, de lo contrario quien sabe qué hubiera pasado”, dice la mujer mientras ayuda a despresar un pollo que donó la comunidad para un sancocho comunitario.

UNIDOS EN LA DESGRACIA   

La principal característica de los habitantes de Villa Colombia quizás son sus ganas de salir adelante y su solidaridad a la hora de enfrentar dificultades. Uno de los vecinos del sector, Leandro Martínez, más conocido como “El Mago Leo”, hijo del legendario payaso “Tabaquito” y que al igual que lo hizo su padre por muchos años se gana la vida animando fiestas infantiles, apenas conoció la desgracia que estaban viviendo su vecinos suspendió los compromisos que tenía y se dispuso con su carro y un equipo de perifoneo a recoger ayuda por toda la ciudad para llevársela a sus vecinos.

Apenas se llena el baúl del carro “Leo” llega hasta el sitio y le entrega la ayuda recogida a los damnificados. En el sector del polideportivo de Villa Rosa, el concejal Dolcey Andrade instaló con la ayuda de la comunidad un punto para recolectar ayuda. Hasta allí llegan los ciudadanos a entregar las ayudas para estas personas que lo perdieron todo.

La Alcaldía también llegó a auxiliar los damnificados, varios secretarios del despacho hicieron presencia en el sector de la tragedia y empezaron a realizar gestiones para que lleguen las ayudas.

La misma Alcaldía dispuso de la Casa Comunal y recreativa de la Comuna Nueve para que sirviera como albergue para los afectados, pero la mayoría prefirió acudir a sus amigos y familiares que viven cerca al lugar del incendio para hospedarse.

 El drama de los protagonistas

Diego García

“Yo llegué a esta invasión desde hace 18 años y nunca pensé que me fuera a pasar esto. Yo estaba trabajando cuando me avisaron que se habían quemado unas casas pero nunca imaginé que el rancho fuera a quedar en cenizas, y con todo lo que tenia adentro”, dijo Diego García, uno de los damnificados.

Erika Conde

“Soy una madre cabeza de hogar y tengo cinco hijos, me quedé sin nada porque la casa quedó en cenizas. Este asentamiento ya estaba reconocido y nos iban a dar las escrituras, por eso queremos que el Gobierno nos tenga en cuenta para que nos reubiquen y nos solucionen el problema de vivienda”, expresó Erika Conde.

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