Cecilia López Montaño

Ser joven en este país no es nada fácil porque el contexto que los rodea está lleno más de amenazas que de oportunidades. Por consiguiente, un mensaje que les muestre un futuro mejor y los llene más de retos que de miedos, es inaplazable. Pero las preocupaciones permanentes originadas por la ola de odios entre quienes lo promueven; la incertidumbre por un futuro poco claro y la decadencia de muchos supuestos líderes, han concentrado el debate nacional en otros temas, en otros sectores de la población. Para empezar a llenar ese vacío, nada más oportuno que recoger el discurso de la admirada escritora mexicana, Elena Poniatowska, quien declara abiertamente, que “tiene toda su esperanza puesta en los jóvenes de México”. Como se debe recordar, ella fue la ganadora del Premio Cervantes, y como lo afirma el periódico El País de España, reunió recientemente a cientos de jóvenes en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

Todos de alguna manera hemos visto las películas que muestran unos jóvenes mexicanos ricos, insensibles y finalmente castigados con la pobreza, por su padre. Generó tal impacto que aparentemente hay otra serie o película similar en Colombia sobre la decadencia de nuestra juventud. Terrible forma de presentar a las nuevas generaciones tanto en México como en nuestro país. Por ello es necesario recoger este episodio en el cual, en ese estilo juvenil y amable que la caracteriza, esta famosa escritora les dijo a los jóvenes que “No se desestimen”, bella forma de incentivarlos frente a la avalancha de críticas que hoy sufre la juventud en muchas partes del mundo. Un mensaje parecido al del Papa Francisco, pero en este caso centrado en esa juventud que se siente apabullada por las críticas por su falta de liderazgo: ” No se den por vencidos en la lucha por sus ideas.”

Como algo que debemos tomar en cuenta, debe señalarse que Elena Poniatowska, partió en esta reunión con la juventud mexicana del recuerdo doloroso de una de las peores tragedias que ha sufrido el estudiantado de su país” la masacre de Tlatelolco” cuando el ejército mexicano asesinó fríamente a un grupo jóvenes que protestaban en esa plaza. Este punto es fundamental para que a estos sectores que estudian, trabajan y abren los ojos a las realidades de la vida, no se les oculten los horrores que han vivido amplios sectores de la sociedad colombiana.  La motivación no puede nacer de no mostrar los pecados que hemos cometido los adultos porque esa es la manera honesta de estimularlos para que ayuden a crear una sociedad distinta.

Es imposible no reconocer el valor de las obras de esta escritora. Sus libros son apasionantes, llenos de historia no solo de su México sino de muchas otras partes del mundo. Ella es parte de ese liderazgo ilustrado que tanto bien les hace a estas sociedades aún muy desiguales como la mexicana y la colombiana. Por lo anterior, debemos seguir el ejemplo de esta notable escritora de un país que como Colombia tiene una juventud azotada por muchos males. Démosle esperanza a nuestra juventud si de verdad creemos que son nuestro futuro. ¡No más muestras de ese sector que sí existe en nuestras sociedades del siglo XX!, conformado por fanfarrones llenos de dinero y sin más norte que divertirse. Esa es exactamente la minoría que no debe tomarse como la ruta que deben seguir nuestros jóvenes. Ellos y ellas representan lo contrario: el ejemplo de lo que no debe ser.

Comentarios