Rodrigo Villalba Mosquera

Por mi formación de humanista, por ideario de mi partido y por conveniencia patria, he apoyado de principio a fin el proceso de paz para ponerle fin al conflicto interno, parar la guerra y evitar que nos sigamos matando, situación que se alivió desde la firma del acuerdo. Pero también tengo la convicción que los acuerdos son para cumplirlos. En ese orden de ideas, está el compromiso de unos desarrollos legislativos, logrando unos instrumentos legales como la JEP, que es la médula del acuerdo mismo. Pero quedaron pendientes otros.

La semana anterior, cuando terminaba el procedimiento abreviado legislativo ‘fast track’, para deshonra del Congreso, y especialmente para algunos partidos, quienes pensando en los réditos de las elecciones que se avecinan y no en los altos intereses patrios, crearon las condiciones para que se hundiera la reforma política y electoral, alejándonos de la oportunidad de oro de apertura política con nuevos actores y el propósito de recuperar la política que hoy hace “agua”, entre otras cosas, por ese matrimonio perverso entre candidatos y contratistas en búsqueda de financiación para lograr éxito electoral sin importar en muchos casos de dónde provengan.

En el trámite de la enmienda constitucional, cada cual le fue colgando lo de su conveniencia, descuartizando el cuerpo de la reforma, donde aparecen esperpentos como el transfuguismo, privando al país de elementos importantes como la lista cerrada, para abaratar costos y fortalecer los partidos, y el que hubiera una autoridad electoral autónoma, independiente y con dientes para vigilar a los actores electorales, porque cada candidato se pasa por la faja la normativa como los topes electorales, y como no había tiempo para hacer el debate de fondo y mejorar la reforma, la única salida que tuvo la plenaria del Senado fue hundir este esperpento.

Pero la sorpresa grande fue la presentada con el acto legislativo que establece temporalmente las 16 curules y circunscripción especial de paz en los sitios más golpeados por el conflicto e históricamente marginados, sin ninguna representación y sin presencia del Estado para que las victimas pudieran ir al parlamento en representación de estas regiones. Pero que por cuenta de Cambio Radical y de gran parte de la bancada conservadora, no se dio, y de paso desaprovechamos la oportunidad de ir compensando a esa Colombia invisible sumida en el atraso por cuenta del conflicto armado. Hoy ni siquiera sabemos si los 50 votos por este proyecto son mayoría absoluta para que se convierta en acto legislativo.

Triste y vergonzoso espectáculo fue el final de esta etapa del ‘fast track’.  Seguimos en deuda en el cumplimiento de los acuerdos y su desarrollo. Perdimos la oportunidad de compensar a la Colombia atrasada, la ruralidad colombiana y mejorar condiciones para el desarrollo económico y social de nuestra amada patria.

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