Carlos Eduardo Amézquita

Coincido con la preocupación expuesta por nuestro columnista Obert Alejandro Ortiz R. en su artículo “El pensamiento de Girard”, acerca de los jóvenes de hoy, particularmente en su relación con el arte y la música.

Son chicos con vocaciones de error, apegadas a la belleza y la banalidad, ensartadas en percing y manillas, ligadas con pulseras y gorras simbólicas, bebiendo cerveza sin juicio ni gusto estético, continúa Girard.

Los muchachos de hoy están cada vez más extraviados y descentrados, son víctimas de la cultura narco-ilusionista, sienten gusto por la mentira, les satisface el engaño, y abusan, debo decirlo, de la cultura popular.

Problema: ¿Qué dirían Beethoven, Mozart, Schubert, por ejemplo, sobre el reguetón, el vallenato del despecho, la música carrilera, y otras expresiones populares?

Cómo entender a Pipe Bueno cuando afirma “Hoy me voy a emborrachar, Ya no me importa que sepan la verdad, Y yo pensaba que era la mejor mujer, Y me engañaba con cualquier aparecido, cuando salía de mi casa, ella llamaba, a cualquier tonto que le hiciera el domicilio…”

También la popular Francy lo confirma “Hay otro en mi cama y te lo digo sin temor, en la cama es como tú, hace lo mismo que tú, hasta se mueve como tú, solamente que mejor…”, y bueno, todos los líricos de las tabernas: Jhonny Rivera, Giovanny Ayala, Daniel Calderón, el Grupo Tornado, los Bacanes del sur, los Caballeros de la Cantina, los Norteños, etc.

Los “narco-corridos” son peroratas traídas a las ciudades colombianas por los migrantes del campo, quizás canturreándonos la “dolorida vida amorosa” que se sufre en épocas de violencia.

P.D: Estas tonadas populares contrastan con aquellas dulces baladas que deleitaron nuestras nostalgias pasadas ¿o será que nos estamos volviendo mayores?

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