Marco Fidel Rocha Rodríguez

Tener confianza es algo que nunca debemos perder por ser una de las cualidades que más se necesitan en el entorno familiar, de amigos, compañeros de trabajo y sociedad en general nada más gratificante para una persona que ser considerada por los demás como “de mi entera confianza”.

La confianza nace del conocimiento que tenemos de cada persona y de los actos irreprochables que la caracteriza. En esta época como en ninguna otra, la confianza es un valor tan importante e indispensable en todas nuestras relaciones que debemos cuidarnos de preservarla y de constantemente hacer una revisión de los actos de las personas a las cuales les hemos brindado nuestra confianza.

La confianza se refiere a muchos aspectos: a los secretos de amigos, a los secretos de familia, a los secretos en el campo laboral, al manejo de la información y al manejo de bienes y dinero que le otorgamos a quienes creemos son merecedores de toda nuestra confianza.

En el campo político la confianza es fundamental; de la confianza que tengamos de nuestros gobernantes depende nuestra actitud a la colaboración necesaria que demanda la comunidad. Los políticos, por ejemplo, no son merecedores de confianza cuando con falsas promesas prometen muchas acciones que finalmente no cumplen y nuestra desilusión es grande.

La confianza es algo que debemos inculcar en nuestro hogar y hacer ver a sus miembros las graves consecuencias que conlleva el pasar de la confianza a la desconfianza. Muchos creen que, por las múltiples ocupaciones de una persona, así como por su memoria, su edad o su estatus se puede abusar de ella, pero no es así, en muchas ocasiones las personas pasan del estadio de la confianza al de la desconfianza sin manifestarlo en voz alta porque la desilusión es tan grande que se prefiere afirmar que “no vale la pena hacerlo “. Pero el cambio de rumbo y de la confidencialidad se pierde de manera manifiesta.

Recordemos permanentemente que la confianza es un don que nos dan personas que nos estiman y que creen en nosotros y que no es justo por ningún motivo traicionarlos después de haber depositado en nosotros confianza absoluta en el manejo de una información privilegiada o de bienes y dineros de los cuales no tenemos ningún derecho abusar de ello.

 

 

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