Miguel Rodríguez Hortúa.

¿Cuántas vidas humanas, cuantos cientos de billones de pesos colombianos, nos ha costado este conflicto armado interno de más de 50 años? Es la primera pregunta que a diario nos hacemos en diversos escenarios de nuestra dinámica nacional. Y la segunda es: ¿Cómo acabar con la confrontación interna para poder desarrollar nuestra industria, nuestra empresa, en especial en el campo colombiano, y para que la vida no se muera en primavera?

La tercera pregunta es: ¿Quiénes son los responsables de la confrontación armada en este país? ¿Y Quiénes son sus beneficiarios? Desde hace varias décadas: historiadores, sociólogos, periodistas, organizaciones sociales nacionales e internacionales se han dedicado a la tarea de investigar el origen de las causas que generaron y que siguen generando la confrontación armada en Colombia, encontrando que las causas las ha generado el propio estado colombiano a través de normas que favorecen a unos pocos, que van en detrimento de la calidad humana de las mayorías.

Entonces lo que hay detrás del conflicto armado interno colombiano, es un gran negocio económico que beneficia a unos pocos asociados en roscas políticas, que imponen Presidentes, congresistas, gobernadores y alcaldes, que luego se colocan al servicio del cartel de la corrupción que se roba la plata de la educación, salud, vivienda, recreación, infraestructura y hasta la comida de los niños pobres en los tristemente célebres restaurantes escolares.

Para esta clase política sociópata que se agrupa en mayorías desde un concejo municipal hasta las altas esferas del congreso colombiano con el perverso propósito de defender su propio modelo político y económico, diseñado a su medida “tipo sastre”, les es imposible aprobar normas en favor de la paz, pues para ellos equivale a “matar la gallina de los huevos de oro”. Era ingenuo creer que el congreso aprobaría la justicia especial para la paz (JEP), como se acordó en la Habana, pues varios de ellos y sus socios tendrían que someterse a ella.

Y surge una cuarta pregunta: ¿Por qué la mitad del congreso se opuso a la aprobación de las 16 curules de cámara para las víctimas? Simplemente porque temen que las victimas les canten la verdad en su propia cara, sobre su razón de estar durante tantos años, sentados en el congreso aprobando leyes en favor de la guerra.

Reflexión: ¿Cuántos ciudadanos colombianos votan para que no haya paz, siendo sus propios hijos la materia prima para la guerra? miguel.rh12@hotmail.com

 

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