Consuelo Serrato de Plazas

¿De qué manera debemos preparar a nuestros hijos para que asuman con valentía los reveses de la vida? Dotándolos de herramientas idóneas para afrontar los retos que surjan en el devenir de su existencia. Delegándoles pequeñas responsabilidades de acuerdo con su edad. Apropiándolos para que enfrenten  de la mejor manera  la abundancia pero también la escasez. Demostrándoles con el ejemplo que de los fracasos también se puede aprender. Guiándolos para que poco a poco vayan resolviendo por sí mismos las dificultades. Involucrándolos en la planeación del presupuesto familiar así como instruyéndolos en la cultura del gasto y el consumo.

Sin duda una de las tareas básicas de los padres se funda en el deber de propender por la satisfacción de las necesidades materiales de los hijos durante su proceso de formación. Dicha obligación se deriva  del vínculo familiar el cual encuentra su fundamento en el deber de solidaridad. En tal virtud se constituye en un propósito esencial para asegurar la existencia y bienestar de su prole.

Desde ese contexto no podemos perder de vista que una de las mayores aspiraciones de los padres es la de prodigar un mejor futuro para sus hijos anhelo de por sí legítimo. No obstante en el afán por  proveerles todo lo que demanden e incluso en aras de evitar que  experimenten las mismas dificultades que ellos en su momento tuvieron que enfrentar no ahorran esfuerzos en el empeño por evitarles frustraciones a riesgo de optar por trabajar en exceso o aun peor asumiendo compromisos financieros que eventualmente podrían acarrearles consecuencias negativas.

Sin embargo la vida no está exenta de dificultades y tal proceder en vez de beneficiarlos con el tiempo podría llegar a inhabilitarlos para sortear de manera adecuada las dificultades que se llegasen a presentar en el futuro. Ante esta circunstancia es fundamental estimular su autonomía desde el marco de un acompañamiento constante y amoroso a fin de que lleguen a ser adultos responsables.

Por ello desde nuestra labor formativa es conveniente que mediante un dialogo directo se estimule la cultura del esfuerzo que los lleve a tomar conciencia del valor de las cosas y de la lucha que supone conseguirlas. Lo anterior ayudará a cimentar una personalidad sólida y equilibrada con capacidad para reponerse ante situaciones adversas y superar los obstáculos con éxito sin miedo a enfrentar los nuevos desafíos de la vida.

Finalmente los invito para que nos constituyamos en los mejores orientadores de nuestros hijos incorporando desde temprana edad comportamientos positivos que los conduzca a alcanzar una adultez responsable y feliz. Pero también para que desarrollen  destrezas básicas que los conduzca a enfrentar los sinsabores de la vida pues como ilustradamente lo expresara el máximo jerarca de la iglesia católica “nuestro rol como padres es muy sencilla: regar a tiempo, pero no ocultar del sol, proteger de las malezas; después el niño, tal como una flor, podrá crecer por su cuenta y mostrar lo mejor de sí”.

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