Consuelo Serrato de Plazas

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud el suicidio se halla entre las tres primeras causas de muerte. Demostración de ello es el informe “Forensis” 2016 que registra las estadísticas oficiales de violencia en Colombia el cual reporta un total de 2.310 suicidios en nuestro país. Adicionalmente destaca que “Arauca, Quindío y Huila, siguen siendo referenciados como los departamentos con las mayores tasas de suicidio durante los últimos tres años”.

Tal afirmación se halla corroborada con la información preliminar emanada del Sistema de Salud Pública –SIVIGILA- la cual señala que la problemática relacionada con el intento de suicidio en nuestro departamento presenta una tendencia ascendente al pasar de 780 eventos notificados en 2012 a 991en 2017 mostrando un incremento del 27% en el total de casos reportados por el sistema de salud con mayor incidencia en los municipios de Neiva, garzón y Pitalito.

Frente a esta preocupante realidad  valdría la pena interrogarnos ¿En qué medida han resultado eficaces las acciones de promoción de salud mental tendientes a disminuir tan alarmante problemática? ¿Se tienen asignados recursos suficientes para reducir la incidencia de conductas suicidas? ¿Se prioriza la prevención del suicidio en la agenda territorial de salud pública? ¿El personal de salud encargado de atender el fenómeno del suicido se halla debidamente preparado para abordar tal contexto? ¿Se desarrollan  perfiles de suicidio confiables para detectar grupos de alto riesgo? ¿Con qué frecuencia  se llevan a cabo jornadas de sensibilización con la familia y la escuela para la promoción de factores protectores?

Al respecto considero pertinente destacar que si bien es cierto existen múltiples causas asociadas a conductas suicidas sin duda alguna una de las más influyentes es el escenario familiar. Sobre el particular numerosos estudios revelan  que la disfunción familiar en un factor de riesgo relevante. Por ello es fundamental trabajar por alcanzar una convivencia armoniosa que propicie el respeto y el dialogo entre sus miembros. No olvidemos que cuando se cuenta con un apoyo familiar consistente cualquier situación por adversa que parezca es posible afrontarla con fortaleza y decisión.

Sobre esa base resulta de suma importancia generar elementos protectores que contrarresten los embates de la vida pues se halla demostrado que una intervención oportuna y eficaz se constituye en mecanismo esencial para prevenirlo a tiempo. Por esta razón no le debemos restar importancia a las señales de alerta ante la posibilidad de suicidio en el entendido que la gran mayoría exterioriza acciones reveladoras de sus intenciones.

Por último no puedo dejar de expresar mi voz de alerta ante tan inquietante panorama pues las reveladoras cifras muestran y demuestran que no obstante  las acciones de control y prevención que se hallan implementadas no parecieran ser suficientes para disminuir este agobiante flagelo. No perdamos de vista que el suicidio es un problema que no discrimina clase, género, estatus económico, edad, estado civil y por tanto desafía todos los sectores sociales. Por ello los invito a que no nos mostremos indiferentes ante semejante amenaza porque afecta la existencia misma de las personas.

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