La Nación

Nov 01 de 2014 6:34 AM
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Sábado, 14 Julio 2012 19:04

La clarificación de los valores

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Hace recurrente y emergente un proyecto en el fortalecimiento y clarificación de valores si pretendemos hombres autónomos, críticos, asertivos.
Hace recurrente y emergente un proyecto en el fortalecimiento y clarificación de valores si pretendemos hombres autónomos, críticos, asertivos. MARÍA ELVIRA PERDOMO NARVAEZ Especial LA NACION, Neiva La ética, sólo hasta hace pocos años viene recobrando el estatus que entre los filósofos antiguos y medievales tenían, debido a que el pensamiento científico y la preparación profesional académica de los estudiantes, ha sido lo que ha ocupado el pensamiento de todas las comunidades científicas y académicas. La ética se ha constituido como una materia más dentro del currículo, pero éste no se ha entendido como una articulación de contenidos y métodos hacia un fin humano, sino hacia el progreso sociocultural y económico de los pueblos. El cultivo de la persona humana como ser integral dentro de un mundo aparentemente contradictorio, que tiende hacia la humanización, en el sentido que quiere que se le reconozca como tal no tiene lugar, puede que ahora el contexto en el que nos movemos nos muestre que sigue siendo igual o mucho más difícil pero es ahí donde está el reto: convertir comunidades hostiles en comunidades afectivas y solidarias, sociedades que a partir de su escala de valores puedan llegar a clarificarlos por medio de la vivencia, la interacción y la evaluación objetiva de cada uno de sus procesos a nivel personal. Aquí viene lo interesante, novedoso y útil de este proyecto que se vivencia en las instituciones desde hace un tiempo atrás, pues no persigue hombres nuevos, sino el reconocimiento de los auténticos valores humanos, propiciando de esta manera sociedades distintas con afán de cambio y de liberación no sólo a nivel individual sino social, sociedades lejos de un posible adoctrinamiento, sociedades que encuentren o clarifiquen valores en torno al bienestar y no al mero bienestar. Desde cualquier lectura sobre la ética, encontramos cómo ésta imparte los principios o pautas de conducta humana a menudo y de forma impropia llamada moral, a veces la entendemos como aquella disciplina que se ocupa de la normatividad de los cánones o postulados que deben erigir el hombre para vivir y vivir bien, conforme a cualquier sociedad, en otras partes y de formas más genéricas como la forma de vivir bien buscando un único thelos la felicidad-en sí y de cualquier manera que se mire el hombre moderno, casi siempre deja los principios para el final o los convierte en perjuicios que según él entorpecen su actividad social y su estilo de vida. Los valores que tienen como fundamento dignificar el hombre y hacerlo transcender han cobrado en el mundo actual valores inversos, cambiados, de ahí que se hable de crisis de valores no de pérdida de ellos, porque si así lo fuera, no habría objetivo alguno, ni razón de ser, ni mucho menos razón de vida. Algo no llega a ser valor para alguien en tanto que la persona no haya adquirido ese valor como resultado de un proceso que va desde el simple aprecio hasta la actuación en conformidad con ese valor o sea, hasta que la persona se comprometa y organice su vida en función de dicho valor. De acuerdo con lo anterior, el proyecto que vivenciamos en los colegios no tiende hacia una sosa e insustancial presentación de los valores, cánones, reglas o principios que deben determinar las conductas de los hombres cualquiera sea su condición, en sí no se trata de enseñar un determinado sistema de valores, sino de clarificar cada uno de ellos e involucrarlos en todas las actividades humanas, desarrollando un proceso psíquico en su valoración pues el hombre está, por su mismo ser, llamado a la realización de valores, valores que de cierta manera no se han clarificado y como tal no se encuentran contemplados en su programa de realización personal y mucho menos grupal y social. Valores que le permitan desarrollar actividades y comportamientos coherentes con los cuales cada uno se compromete. Es claro que este proyecto por ser de corte trasversal, no puede operar en las instituciones como una rueda suelta, es necesario que se involucre de una u otra manera toda la comunidad educativa si pretendemos fortalecer la pedagogía en valores, en si cada uno de estos procesos requieren de acciones netamente comunitarias por lo cual se haría necesario recurrir a un modelo con el cual se pueda interaccionar, descubriendo en los estudiantes posibilidades no realizados y por realizar. Ahora bien, ya conocida y analizada la población estudiantil hace recurrente y emergente un proyecto en el fortalecimiento y clarificación de valores si pretendemos hombres autónomos, críticos, asertivos y divulgados objetivos de la propia vivienda social e individual desde una perspectiva muy humana. Cuando hablo de clarificación, entiéndase esto como el discernimiento, la interiorización, la vivencia de éstos en un proceso individual de valores pues sólo cuando se habla de vivencia podemos decir que éste existe realmente, para él o ella, por eso es necesaria la atención al proceso de valoración en cualquiera de la metodología escogida si se pretende fundamentar una pedagogía en valores, de ahí que sea necesario colocar tareas y trabajos de campo semanales que partan de la vivencia, experiencias propias y ajenas de lo contrario no podríamos hablar de valoración personal sin una conciencia de elección libre y comprometida, por lo cual será tarea básica y prioritaria el favorecer los dinamismos de la personalidad los cuales conducen a la autonomía, la asertividad, la libertad, en sí al ser pero al ser en el mundo y con el mundo. De ahí no podemos pretender una educación para el cambio si no echamos un vistazo al contexto social, familiar, escolar… pues de lo contrario estaríamos indagando en el vacío, por ello se hace recurrente partir de lo netamente vivenciado por cada uno y por la escala de valores que se haya estimado según sea su necesidad o su forma o estilo de vida. Es necesario que tanto educandos como docentes tomemos en cuenta las diferentes situaciones sociales asumiendo conciencia crítica y reflexiva frente al mundo del devenir para poder transformarlo más eficazmente, adquiriendo sentido de pertenencia, de solidaridad de compromiso y sobre todo de RESPONSABILIDAD. Docentes con una misión clara de su profesión de su quehacer pedagógico paradigmático y supremamente ético frente al otro. ¿De qué me sirve hablar de la honradez como valor esencial si en el momento de una previa el estudiante traiciona la confianza del docente y éste por no alejarse de sus quehaceres netamente académicos o profesionales obvia la situación convirtiéndola en un acto cotidiano, y a esto se le añade que sus padres están apostando la manera de quedarse con un dinero ajeno con no sé qué pretexto? Es por eso necesario y emergente que partamos de la experiencia de cada uno para cuando llegue el momento en el que se pueda propiciar un ambiente cálido, estas situaciones salgan y se debatan en el tapete formando comunidades de indagación, de confrontación y de solidaridad, partiendo de la premisa del compromiso y del respeto por el otro. Además como se mencionó anteriormente es necesario encontrar eco y compenetración de toda la comunidad educativa no de modo informal como se ha venido haciendo, sino como una de las formas de manifestar sentido de pertenencia por la institución y por la familia que representa, que el acompañamiento y la clarificación de valores no sólo sea obra y tarea de las personas encargadas directamente, sino que cada uno se vea en la necesidad profunda de cambiar no sólo el contexto mediato sino el inmediato que de cierta forma se verá reflejada en la sociedad en general. * Especialista en Filosofía y Letras.
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