La Nación

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Lunes, 29 Abril 2013 04:18

El comercio informal

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Los conflictos creados por el continuo crecimiento del sector de las ventas informales en la capital huilense son comunes a todas las ciudades, en especial las grandes y medianas, las principales causas de la problemática se originan en políticas nacionales referidas a temas laborales; esto implica que las acciones que adopten los gobiernos municipales no van a solucionar los problemas, a lo sumo lograrán paliarlos con el agravante de que la tendencia es que cada vez su magnitud será mayor. Los estudios realizados por la Universidad Surcolombiana y las acciones de la Alcaldía sobre el particular sirven para cuantificar el problema, conocer la situación socioeconómica del sector, desarrollar algunas soluciones parciales y precarias, pero no una solución justa, efectiva y duradera.

Es de recordar que antes de 1990 si bien se tenía una situación inflacionaria, el panorama laboral era favorable para la mayor parte de los trabajadores, porque el trabajo formal estaba equilibrado con el informal; las medidas adoptadas a partir de ese año para controlar la inflación en base a reducir la capacidad de compra, implicaron recortes a la nómina oficial, desmejoras en las condiciones de los trabajadores del sector privado etc, razón por la cual en la actualidad cerca del 80% de la población ocupada no reune las condiciones de dignidad, estabilidad y formalidad. De otra parte en nuestro país están ingresando a la fuerza de trabajo alrededor de 400.000 personas al año, que son absorbidas principalmente por el sector informal, cuyo principal subsector es el comercio informal; otro aspecto propio de la competitividad es la búsqueda ansiosa de mayor productividad, esto conduce a la utilización de menos mano de obra para obtener la misma producción, por tanto en el futuro el trabajo formal será aún menor.

Ante la presión del creciente comercio informal para subsistir, es poco lo que logra la autoridad municipal, la reubicación en edificaciones donde no van a caber y no pueden realizar sus mercancías, es una estrategia que en Bogotá fracasó hace varios años, tampoco es válida la actividad retardataria e insensible del exalcalde Mockus de promover la no compra al vendedor callejero. La represión, estrategia preferida por nuestro estado militarista para enfrentar los males producidos por el modelo de desarrollo, como es el combate a las “ollas” del narcotráfico, no ha sido empleada a fondo gracias a la intervención de la Corte Constitucional en el sentido de que se debe otorgar reales alternativas de trabajo a los ambulantes antes de desalojarlos del espacio público.
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