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Jueves, 12 Septiembre 2013 06:08

‘Hay que despolarizar el debate público’

Escrito por  La Nación, Neiva
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Carlos Alfonso Velásquez. Carlos Alfonso Velásquez.
Han pasado ya muchos años desde cuando el Coronel (r ) Carlos Alfonso Velásquez tuvo que dejar su carrera militar y tomar otro camino, el mismo que hoy lo llevó posteriormente a la academia en la que hoy se encuentra.

Velásquez conoce el Huila, en 1985 se desempeñó como segundo comandante del batallón Tenerife. En estas tierras conoció el amor de su vida, una mujer huilense que lo enamoró y desde entonces lo acompaña en todas sus batallas.

Una de ellas la dio cuando se atrevió a denunciar lo que estaba pasando con el general Rito Alejo del Río, señalado de apoyar grupos de paramilitares. Su osadía, la de Velásquez le costó la salida obligada del Ejército.

Ahora, es precandidato a la Presidencia por el Partido Conservador cuya tarea apenas empieza, recorriendo lugares y dándose a conocer.


¿Quién es usted coronel?

Soy un oficial del Ejército que tuvo 30 años de carrera, y que se retiró no por voluntad propia sino porque se cerraron las puertas. Por obligación ética tuve que denunciar en su momento al general del Río, por su conducta por lo menos omisiva, hacia los paramilitares. En ese momento no me creyeron y terminé como el malo de la película y me terminar la carrera militar. Después de eso me dediqué al estudio y a la academia, hice una maestría en Ciencias Políticas y estoy como docente en La Universidad de la Sabana en la facultad de Comunicación Social donde he estado en los últimos 14 años. Por ahora, suspendí esa labor con el fin de dedicarme de lleno al ejercicio de la política.


¿Cuál es su relación con el Huila?

Aquí estuve trabajando en el año 1985 y parte de 1986, como segundo comandante del Batallón Tenerife, en ese entonces era soltero, conocí a mi esposa y felizmente me casé con huilense, con Marcela Mora.


¿De dónde nace esa idea de ser precandidato presidencial?

De varias situaciones, pero principalmente porque en los últimos años de mi carrera militar, me tocó por cuestiones del destino jugar un rol clave en las principales crisis políticas que ha tenido el país. En el proceso 8.000 yo era comandante del Bloque de Búsqueda que allegó todas las pruebas documentales que dieron lugar a este proceso, y después el inicio de lo que se llamó la ‘parapolítica’ porque denuncié a un general y esa denuncia resultó siendo cierto. Eso me hizo reflexionar sobre los niveles de corrupción a los que había llegado la política, y como ella no lo es todo pero está en todo, pues dije que había que hacer algo para ayudar a mejorar la situación. En la medida que tenía contacto con los estudiantes, comenzaron a insinuarme que tenía vocación política, no solo del bien común sino también la electoral, entonces dije por aquí es la vocación.


¿Pero usted ya había hecho política?

Sí, para mí no es nuevo , ya había estado por los lados. Trabaje en la campaña de Ingrid Betancour, le ayudé un par de veces a Rafael Pardo, en su parte programática. Una vez conformé una lista al Senado que encabezó Juan Manuel Ospina, por el movimiento Sí Colombia que lideraba Nohemí Sanín. Pero ahora sí ya es de lleno, y como ya soy maduro me decidí como precandidato a la Presidencia por el Partido Conservador. Además, vi la coyuntura, hoy se habla de tercería, que no es ni ‘santismo’ ni ‘uribismo’ y en ella puedo representarla desde el Partido con alguno de los dos lados. Aunque a cada uno l e reconozco las cosas buenas que haya podido hacer pero no estoy matriculado en ninguna de las dos tendencias.


¿Cómo fue recibida su propuesta en el Partido?

Está congelada. Curiosamente, paso la carta manifestando mi intención y a la siguiente reunión del Directorio cuando se iba a poner a consideración la carta, se atravesaron los congresistas y fue la reunión cuando se decidió que era prematuro hablar de candidaturas presidenciales y que había que dejar el tema en la nevera. Entonces mi carta no ha sido considerada, aunque el director del Partido Conservador la recibió y la vio con buenos ojos, y él es amigo de que el Partido Conservador tenga candidato propio, pero tiene que manejar otras tendencias que hay allí, que no se ha decidido.


La propuesta de gobierno


Para Velásquez, primero, hay que terminar bien el conflicto armado. “Tengo bastante experiencia vivida, y estudiada, todo lo que viví en el Ejército después lo decanté en la academia, sobre todo para decantar la estrategia del Estado para terminar el conflicto, en dos puntos clave que no ha hecho el Gobierno. En lo de la mesa las cosas están funcionando pero falta es la ambientación sociopolítica en el país para que la gente mire hacia que terminado el conflicto es favorable, esa ambientación hay que hacerla. Pero despolarizando, levantando el debate público, esa polarización ‘uribismo-antiuribismo’ no conduce a nada”.

Añade que lo militar debe marchar paralelo y concordante con lo político, y criticó las operaciones militares en medio del proceso de paz “Eso es una esquizofrenia, no tiene ninguna lógica. Además, lo que resulte del pacto agrario hay que implementarlo y reajustarlo en lo que haya necesidad, en un plan de desarrollo rural. Hay que hacer una revisión de la institucionalidad agropecuaria en el centro del país y las demás regiones para que funcione”.
Por último, Velásquez propone un Estado digno y eficiente, y una reforma política. Pero también, “a los organismos de seguridad, pensando en cuáles son los mejores para terminar el conflicto y para el posconflicto. Hay que romperle el espinazo a los niveles de inequidad, y voy a promover la economía del bien común al lado de la educación y cultura ciudadana”. 
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