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Asà fue el entierro de ‘Tirofijo’
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Primera evidencia real sobre el sepelio del fundador de las Farc, Manuel Marulanda Vélez. Primicia. Diez meses después de su muerte en las selvas del Guaviare, LA NACIÓN develó el secreto mejor guardado de las Farc: el sepelio de Manuel Marulanda Vélez, ‘Tirofijo’, el legendario fundador de la organización guerrillera más vieja del mundo. Una joven que desertó de sus filas, entregó en primicia la primera evidencia real y los detalles de la ceremonia fúnebre. También el traslado dispendioso hasta una zona selvática entre Alto Pato (Caquetá) y Guayabero (Meta) donde fue sepultado. Además, el legado de guerra que impartió ‘Tirofijo’, dÃas antes de su fallecimiento en las manos de ‘Sandra’, su compañera de toda la vida.
Francisco Argüello
Un mes antes de su fallecimiento, el legendario jefe de las Farc, Manuel Marulanda Vélez, (‘Tirofijo’)
pronosticó su muerte.
Y se precipitó con el inesperado final de su segundo hombre ‘Raúl Reyes’, abatido durante el ataque al campamento ubicado en territorio ecuatoriano el primero de marzo de 2
008. Y dos dÃas después, la muerte de ‘Iván RÃos’, comandante del Bloque Central de las Farc y el más joven de los miembros de la cúpula de la organización insurgente.
Marulanda, el seudónimo que tomó de un lÃder sindical asesinado, padecÃa serios quebrantos de salud propios de su edad, 80 años. Los intensos operativos militares, que sucedieron tras el ataque al campamento de Reyes, aceleraron sus dolencias.
“Sudaba constante, sus pulsaciones eran aceleradas y los ataques cardÃacos eran continuos.
Las medicinas no le hacÃan provechoâ€, relató una joven guerrillera que desertó hace cuatro semanas y reveló a LA NACIÓN, el secreto mejor guardado de las Farc.
Desde entonces, presintiendo que sus dÃas estaban contados, decidió impartir las últimas directrices. Pero también las órdenes para intensificar las acciones militares, como quedó consignado en la última carta que dirigió el 21 de marzo a todos los frentes.
Estaba aislado
Pero no era fácil. Los sistemas de comunicación no eran utilizados por temor a ser interceptados, como ocurrió con los otros jefes subversivos que habÃan sido abatidos.
En los últimos dÃas de su vida, Marulanda, estuvo aislado de la tropa.
“No podÃa comunicarse con sus comandantes y el Ejército nos pisaba los talonesâ€, contó Anayibe*, una desmovilizada del Bloque Oriental de las Farc, que logró obtener la información tras sostener una relación sentimental durante dos años con uno de los comandantes y hombre de confianza del jefe guerrillero. LA NACIÓN, después de una intensa búsqueda la localizó y obtuvo su testimonio.
‘Tirofijo’, en medio de las operaciones militares, permanecÃa en una espesa zona selvática en el Guaviare.
El fallecimiento
El dÃa de la muerte, el 26 de marzo de 2008, Marulanda falleció en los brazos de ‘Sandra’, su compañera sentimental, en presencia de varios s integrantes del Secretariado de las Farc.
‘Sandra’, de unos 45 años, de larga cabellera azabache, brazos fuertes y ojos cansados habÃa sido su principal soporte. Ella le lavaba los pies, le cocinaba pollo y le preparaba sagradamente el jugo de naranja.
Alfonso Cano, ideólogo y hoy comandante máximo de la guerrilla, lo acompañó hasta el último momento.
Hora final
“Eran las nueve de la mañana cuando el “camarada Manuel†se desvaneció. ‘Sandra’ su eterna compañera lloraba. Algunas guerrilleras también lo sintieronâ€, relató Anayibe, quien presenció la muerte del lÃder insurgente. La joven, de 27 años, estaba al lado de su novio, quien hacÃa parte del esquema de seguridad de ‘Tirofijo’ desde un mes antes del fallecimiento. La joven localizada por LA NACIÓN, se desempeñaba como radio-operadora.
Su cara quedó pálida, desgastada y con una cicatriz similar a una cortada que atraviesa su mejilla derecha.
“El camarada Manuel quedó hinchado, tenÃa el cabello largo. Su cabeza quedó sostenida de una toalla azul con una franja blanca. Sus brazos permanecÃan cruzados sobre su estómago y su cuerpo fue vestido con un camuflado americano nuevoâ€. El uniforme, similar a los que usan los miembros del Ejército, era más grande.
“No era de su talla, pero no encontramos otro igual. Por eso el uniforme aparece arremangadoâ€, aseguró la joven guerrillera que desertó de la guerrilla, en San Vicente del Caguán, Caquetá.
El ataúd
Una improvisada cama construida en guadua y un colchón sirvieron de cofre mortuorio, ubicado en el centro de un campamento cubierto por la maleza. Las condiciones topográficas impedÃan movilización de aeronaves. El lugar era más que seguro, dice la testigo.
El cadáver permaneció dos dÃas acostado sobre un cajón construido en madera y forrado con un lienzo de color café como un improvisaba ataúd.
Al lado del cadáver, según la fotografÃa, tomada por uno de los hombres de confianza, aparecen otros guerrilleros que fueron llegando al sitio al confirmarse la noticia.
Y para demostrarlo, suministró la fotografÃa, el único testimonio que confirma su deceso. El documento gráfico fue adquirido en primicia por LA NACIÓN.
El reto, ahora era cumplir su último deseo. ‘Tirofijo’ querÃa morir, en su histórico bastión, entre Alto Pato (Caquetá) y Guayabero (Meta), donde habÃa iniciado, 44 años atrás su vida guerrillera.
DifÃcil traslado
El desplazamiento fue tortuoso. El féretro improvisado estaba protegido por tres anillos de seguridad, integrado por 250 hombres. El ataúd fue desplazado en medio de una espesa selva que comunica al Guaviare con el Meta. El recorrido tardó dos semanas y se hizo en total silencio. Todos los miembros del Secretariado, mantenÃan el secreto. La instrucción era ocultarlo hasta cuando se definiera la sucesión del mando. La idea, según el relato era buscar un lugar seguro, rendirle los honores del caso y sepultarlo en total sigilo.
Las exequias
Al entierro, solo los asistieron los jefes. Los anillos de seguridad alejaron a todo el mundo.
“Esa era la orden. No aceptaban la presencia de guerrilleros rasos. Aislaron la zona para evitar la llegada de milicianos que pudieran conocer el lugar exacto de la tumbaâ€, indicó la joven desertora.
Jorge Briceño, o el “Mono Jojoyâ€, jefe operativo de las Farc, encabezó el entierro. Sus hombres de confianza también. “Aldineberâ€, comandante del Bloque Oriental de las Farc; “Kokoricoâ€, jefe de seguridad y Oscar Montero, alias “El Paisaâ€, comandante de la columna Teófilo Forero estuvieron presentes en el funeral.
“También estaban “Romañaâ€, Camilo Tabaco, y “John 40â€, jefe de finanzas de las Farc también presenciaron la partida. Los invitados eran pocos, no pasaban de 15 personasâ€, relató la única testigo que develó el secreto mejor guardado de las Farc.
Un corto ritual
El funeral fue sencillo porque el ritual se hizo corto. Y también fue secreto. Entonaron el himno de las Farc, unas consignas repetidas en coro por los asistentes, enmarcaron la despedida del guerrillero más viejo del mundo. “No podÃan dar papaya y despertar curiosidadâ€, contó Anayibe, quien junto a 15 mujeres no pudieron asistir al sepelio. “Nos quedamos a los alrededores cuidando. No conozco el lugar exacto donde quedó don Manuelâ€, concluye.
A orillas del rÃo
Sin embargo, LA NACIÓN conoció que el cuerpo de Marulanda, fue sepultado, como él lo habÃa pedido, en los lÃmites del rÃo Pato y el Guayabero, el enclave histórico entre Caquetá y Meta.
“Conocemos que está enterrado a orillas del rÃo. No se lo llevaron para Venezuela, como se dijo en su momentoâ€, reveló una fuente de inteligencia militar, que conoció la fotografÃa adquirida por LA NACIÓN. La información coincide con la versión de la joven desmovilizada.
Ese dÃa, las Farc se llenaron de luto. Gran parte de guerrilleros de su esquema de seguridad comenzaron a dudar del futuro del grupo insurgente. No obstante, en medio del pesar, guardaban silencio. Dos semanas después comenzaron las desmovilizaciones.
El “Mono Jojoyâ€, siguiendo las últimas instrucciones de Marulanda, tomó correctivos y reestructuró los frentes de las Farc en el Meta, Guaviare y Huila.
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