La Nación
12 años después… 1 2 diciembre, 2022
EDITORIAL

12 años después…

Aunque tuvo que pasar 12 años, la Justicia ha enviado un mensaje contundente contra los responsables del ‘elefante blanco’ en que se convirtió la construcción del Parque Isla de Aventura en la capital del Huila.

Muchos recordarán que este proyecto se le ‘vendió’ a los neivanos como la mega obra de infraestructura turística que iba a atraer a miles de visitantes. La obra, bien intencionada porque era volcar la mirada de los pobladores hacia el río Magdalena, terminó literalmente en el abandono. Y la Fiscalía descubrió irregularidades en la adjudicación del contrato.

Durante la investigación, se estableció que Héctor Aníbal Ramírez, en su condición de alcalde de Neiva, el 20 de diciembre de 2010, suscribió el contrato interadministrativo 675 con el entonces gerente de las Empresas Públicas, Juan Carlos Herrera Gutiérrez, el cual tuvo como objeto la construcción de la primera etapa del Parque Isla de Aventura por un valor inicial de cerca de $2.500 millones y un plazo de 8 meses para su ejecución.

La Fiscalía demostró que Ramírez y Herrera desconocieron el principio de planeación al no contar con la elaboración de estudios previos de conveniencia que sustentaran la especialidad y experiencia de las Empresas Públicas para desarrollar este tipo de obras. Por este motivo llevó a cabo una subcontratación con un tercero para la realización de la obra, incumpliendo de esta manera con su principal obligación contractual de ejecutar directamente el contrato. Igualmente, el ente investigador probó que se vulneró el requisito esencial de la transparencia, porque se evadió la licitación pública dado que el monto del contrato sobrepasaba los $335 millones, cifra hasta la cual se permite la contratación directa.

Tras el juicio oral, el Juzgado Primero Penal del Circuito de Neiva falló en contra de los procesados, condenándolos a 10,8 años de cárcel para el entonces mandatario y a 9,4 años al exgerente.

Por muchos años, los neivanos se quejaron de que se ‘enterrara’ tanto dinero en un ‘elefante blanco’ y no hubiese responsables. Este fallo responde a ese clamor.