Más allá del rito, que es positivo mantener, de desearnos buena suerte siempre que se inicia un nuevo año, este es un período que tiene indicadores para mirarlo con especial optimismo. No sólo por las condiciones de la economía colombiana, que muestran potencialidades de crecimiento económico, más allá de los nubarrones de crisis que se asoman en el escenario internacional, especialmente europeo y norteamericano, pero que en nuestro país ese crecimiento se debe reflejar en políticas públicas que apunten a disminuir los niveles de inequidad y pobreza y a continuar la inclusión de los sectores menos favorecidos. Ahí hay un reto para el Gobierno Nacional en su conjunto y especialmente para el Ministro de Hacienda, si quiere seguir siendo considerado de los mejor calificados en la región. Pero igualmente, porque este año podría iniciar el ciclo de cierre definitivo del conflicto interno armado, de tal manera que podamos empezar a soñar realmente con una Colombia en paz, donde los conflictos sociales se tramitan como normalmente se hace en una democracia y donde no haya ningún tipo de justificación para acudir al uso de la violencia y menos para eliminar a otro compatriota por razón de sus posiciones políticas o ideológicas. Esto por supuesto requiere, además de la buena disposición del Presidente Santos, que no tengo duda la tiene, que los líderes de las guerrillas entiendan que persistir en una lucha sin futuro y cada vez más marginal es algo sin ninguna justificación. Lo valiente hoy día de los líderes guerrilleros, es tomar la decisión de avanzar en el camino de cierre definitivo de este período de violencia que nos ha costado mucho a los colombianos. En el caso de las Farc un mensaje claro sería liberar todos los miembros de la Fuerza Pública secuestrados, como muestra de disposición hacia unos diálogos de paz serios. Iniciamos y de manera esperanzadora, con nuevos gobernantes locales y regionales que han recibido el apoyo de sus compatriotas y que esperamos de ellos en primer lugar un manejo pulcro de los recursos públicos, pueden equivocarse en sus decisiones políticas -es humano equivocarse-, pero lo que no es aceptable es convertir el manejo de la hacienda pública en un festín para beneficio de unos pocos, de recursos que son de todos. En segundo lugar, dedicación a su trabajo como gobernantes, esto significa pensar todo el tiempo en los problemas que tienen sus regiones y localidades y cuáles son las mejores soluciones a los mismos, sabiendo que si se debe rectificar decisiones ya tomadas, debe hacerse sin empecinarse en mantener políticas desacertadas. En tercer lugar, esperamos que hayan acertado en la escogencia de sus equipos de gobierno; nuestro país tiene una gran cantidad de excelentes profesionales -mujeres y hombres- en los distintos campos que pueden asumir con toda la seriedad y solvencia los sectores a su cargo, pero los gobernadores y alcaldes no pueden olvidar que su rol de directores de orquesta los obliga a estar permanentemente haciendo seguimiento a los distintos campos y trazando la estrategias de conjunto. En cuarto lugar, transparencia en la gestión, para que todos los ciudadanos puedan hacer control y veeduría de las decisiones y ejecuciones de los gobernantes regionales y locales. Por último, la prioridad de los gobernantes regionales y locales deben ser los compatriotas más necesitados, por ello las políticas de universalización de la atención en salud, el acceso gratuito a la educación básica, de apoyo a la generación de empleo productivo y de vivienda deberían estar en los primeros lugares. Adicionalmente y no menos importante, los gobernadores y alcaldes que inician sin importar su orientación política, a quienes deseamos la mejor de las suertes, van a contar con el apoyo de un Presidente y un Gobierno Nacional presto a trabajar de manera coordinada.(Colprensa)

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