La ciudadanía será fundamental para que el acontecimiento local más importante del año 2012 sirva no sólo para fiestas y celebraciones, sino permita dejar una huella perdurable en la memoria colectiva. La ciudadanía será fundamental para que el acontecimiento local más importante del año 2012 sirva no sólo para fiestas y celebraciones, sino permita dejar una huella perdurable en la memoria colectiva. LA NACION sigue con los análisis e informes alrededor de los 400 años de Neiva. FÉLIX RAMIRO LOZADA FLÓREZ Especial LA NACION Una ciudad cumple 400 años una sola vez. Así es y así lo sabe  nuestra clase dirigente y de ello  tienen conciencia el doctor Guillermo Plazas Alcid,  Armando Ariza, don Jesús Oviedo Pérez, entre otras personalidades, gente del común de la ciudad, el departamento del Huila  y Colombia.  Mirándolos así, uno  los imagina aún en su época de colegiales. Pero no. Ellos ya cruzaron la vuelta de la esquina, dieron importantes cosas a su comunidad y siguen cargando con ese peso como si fueran en una procesión de almas por lejanos caminos de Comala o del pueblo Ortiz. Sin duda, esto no es gratuito, es simplemente una historia repetida muchas veces en la accidentada vida de nuestra comarca,  triste y gloriosa desde nuestros ancestros: Pigoanzas, Gaitanas, el indio Manuel, Salas, Matiz, Rivera y  otros. Los primeros   ya no caminan tranquilos las calles del  centro atiborradas de vendedores ambulantes, de viejos pensionados empeñados  en salir de casa a mirarles el trasero a las muchachas, de desempleados de rostros amarillentos por el hambre o de drogos sumergidos en el sopor de vagas alucinaciones. No. Estos hombres  miran las mujeres hermosas que decoran el atardecer con momentáneas tentaciones, levantan sus ojos, aprietan los dedos y sienten sus corazones ligeramente aturdidos por lo que se recomponen de inmediato para proseguir en la iniciativa de sacar adelante estos 400 años.  Difícil y a veces desalentadora  tarea en una sociedad hostil por naturaleza, a la que poco o nada le satisface. Sin embargo, alguien debe hacer las cosas, así lo han entendido, razón por la cual  han tomado El Barcino de Villamil por los cuernos,  para que ‘Tirofijo’ no lo siga capoteando en medio de bramidos en alguna cordillera o montaña de ardientes llamaradas infernales, entre diablos  salidos de nuestra lamentable situación histórica. Pensar en el futuro Ahora que tenemos ciertos deseos de alcanzar mejores logros, ahora que tenemos entusiasmo, ahora que el invierno nos trata con un poco de  consideración, debemos pensar en crear los instrumentos necesarios para no hundirnos en el olvido, para no permitir la desidia,  para no dejar que esta crisis de muertes absurdas sigan destrozando sanos corazones en el país. Tal vez si levantamos conciencia podamos decirle a los violentos que la paz y la sana convivencia son  derechos de los pueblos, especialmente cuando se sienten asfixiados por fuerzas que le imponen guerras, muertes y desazón de manera repugnante. Confieso que cuando pienso en estos 400 años y en la tragedia que llevamos a cuestas en cincuenta años de lucha  sin sentido,  me sobresalto,  porque no es justo creer que las armas reflejan el deseo de la mayoría,  menos justo aún es que los actores en conflicto,  envalentonados  pongan muertos inocentes todos los días.  Se ha degradado tanto el asunto que  se amenazan y se dan plazos de matarse  como en las mejores épocas de barbarie. Por lo mismo, aquí nadie es inocente, todos actúan de manera   irracional e inhumana. En medio del río de sangre,  habilidosas personas se preocupan por llenar los bolsillos, otros se placen en matar niños y otros impunemente dejan hacer todo. ¡Repugna! No obstante, la verdad elemental en la cual  soportamos nuestras decisiones es la inteligencia y sensatez,  en las que un día se apoyarán los que se  levanten contra estos desmanes para provocar cambios y  resolver  el  destino de la Patria  a su manera,  para  acabar con lo oprobioso, fundamentados en principios de paz para el país. Seguramente  alguien o muchos colombianos  de bien, nos obsequiarán la Pipa en la que meterán con alegría  corazones entusiasmados por un mejor mañana, por lo que sin duda, cesará la horrible noche. La responsabilidad A la sombra de estos lamentables episodios la  gobernadora Cielo González Villa y el nuevo alcalde de la ciudad, Pedro Hernán Suárez, deben prepararse a designar  las personas del Comité que tendrá bajo su responsabilidad la organización de la celebración de los 400 años de fundación de Neiva, porque es seguro, a estas horas del calendario no les han dicho con certeza qué es lo que debe hacerse, de ahí que la celebración resulte casi una improvisación o un malogrado evento. No obstante, la historia indica que de las distintas fundaciones señaladas en el calendario,  no se celebra con la primera ni con la segunda, sino con la tercera. De todas maneras sería conveniente que la clase dirigente se llenara de cordura y nombrara cuanto antes el referido Comité porque la ciudad anda como barco a la deriva. Modesta y olvidada en la  mañana o tarde, a media noche o al amanecer; tibia, alicorada o adormecida por el invierno o por el sol. Así, debemos  abrir los ojos a lo desconocido para empezar a transformar. ‘Ahora que tenemos ciertos deseos de alcanzar mejores logros, ahora que tenemos entusiasmo, ahora que el invierno nos trata con un poco de  consideración, debemos pensar en crear los instrumentos necesarios para no hundirnos en el olvido, para no permitir la desidia’.

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