El mandatario venezolano, Hugo Chávez, reajustó en las últimas semanas su entorno más próximo convocando a figuras radicales y marginando a quienes pueden hacerle sombra, una estrategia destinada a reforzar su liderazgo de cara a los comicios presidenciales de octubre, según analistas. De cara a comicios presidenciales CARACAS  (AFP) – El mandatario venezolano, Hugo Chávez, reajustó en las últimas semanas su entorno más próximo convocando a figuras radicales y marginando a quienes pueden hacerle sombra, una estrategia destinada a reforzar su liderazgo de cara a los comicios presidenciales de octubre, según analistas. Chávez reestructuró   la cúpula de su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), colocando en la vicepresidencia de la formación a Diosdado Cabello, un ex militar y uno de sus más cercanos colaboradores, y anunció la pronta salida de varios de sus ministros más populares.  La semana pasada, Cabello escaló aún más en las filas oficialistas al ser nombrado presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento unicameral), el segundo cargo más importante del país, desde el que aseguró, ya en su primer discurso, que rechazará toda negociación con la oposición. Paralelamente, Chávez, ex teniente coronel, nombró ministro de Defensa a Henry Rangel Silva, un general acusado por Estados Unidos de mantener vínculos con el narcotráfico y protagonista de una polémica en 2010, cuando aseguró estar “casado” con el proyecto político chavista y previno que ni las Fuerzas Armadas ni el pueblo “aceptarían” un triunfo opositor. Según los analistas, estos cambios responden a una lógica característica de los militares que persigue, por un lado, evitar que surjan nuevos liderazgos dentro de su propio campo y, por otro, alimentar el clima de confrontación con la oposición.  “Permite un reagrupamiento de fuerzas y evita que la gente se acostumbre en una posición de poder. Es muy típico de los militares”, señaló Alexander Luzardo, que dirigió en 1998 la campaña del primer triunfo electoral de Chávez. Según dijo a la AFP el especialista en Seguridad y Defensa de la Universidad Simón Bolívar, Hernán Castillo, Chávez incluso “le está dando prioridad al sector militar (…) para implementar en términos prácticos las declaraciones de Rangel Silva”, en caso de derrota en los comicios presidenciales del 7 de octubre en los que buscará la reelección.  Además, varios ministros con un perfil popular saldrán del gabinete para competir en las elecciones regionales de diciembre, entre ellos piezas clave como el canciller, Nicolás Maduro, y el vicepresidente, Elías Jaua, cuyos nombres se habían especulado para reemplazar al mandatario durante los momentos más críticos del cáncer que se le diagnosticó en junio. Para Luzardo, doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela, se trata de una táctica para “controlar los grupos rivales dentro del gobierno o esos que aspiran a suceder a Chávez”.  Ante estos controvertidos cambios, la oposición advirtió de un deterioro de la polarización política que se da en la sociedad venezolana y del refuerzo de la idea de que es imposible una cohabitación entre ambos campos. Chávez, por su parte, desestimó las críticas “necias” y negó que busque radicalizar su proyecto antes de las elecciones, en las que aspira a un tercer mandato de seis años.  Para el politólogo Ricardo Sucre, autor del libro ‘La amenaza social y el autoritarismo en Venezuela’, la estrategia de Chávez es convocar a “los factores más radicales tratando de evitar que se pueda dar algún tipo de diálogo” con la oposición, mientras “los moderados pareciera que pasan a un segundo plano”. Chávez, que asegura estar recuperado del cáncer que se le diagnosticó en junio, lanzará formalmente en un mes su campaña electoral.

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