El devenir de la historia casi  siempre ha estado acompañado de acontecimientos  sociales y económicos producto de choques que han generado grandes  saltos, marcando nuevos rumbos a la humanidad, en algunos casos de manera favorable en otros ahondado conflictos y aumentado la desigualdad social; uno de los fenómenos a mencionar en los últimos tiempos es la vertiginosa escalabilidad de la globalización. Con la globalización de la economía, es notoria la influencia de los Estados Unidos, esta potencia mundial no obstante sus conflictos bélicos en varias latitudes, las recientes crisis financieras y su problemática social, es una sociedad que avanza a pasos formidables con desarrollos científicos estimulando la revolución de las ideas. Citaremos, uno de tantos casos: El  énfasis realizado a nivel de tecnologías especializadas en el diseño de equipos sofisticados, como por ejemplo el iPod, el uso masivo de los aplicativos de Microsoft y Google. La empresa Nike dedica inmensos esfuerzos a la investigación en el diseño anatómico de zapatos tenis, fabricarlos  no es su preocupación, o la compañía Dell y Boeing invierten más dinero en la capacitación del talento humano orientado a la creación de nuevas ideas. Con la globalización esta poderosa nación trasladó la manufactura de los productos, a las fábricas ubicadas en los países en vía de desarrollo, este modelo aumenta la diferencia entre las naciones que sustentan su economía en la innovación de las ideas, con aquellas que juegan a la “Patria Boba” y continúan  vendiendo sus recursos naturales sin agregar valor, ejecutando maquilas a la gran industria del mundo; no existe una política de transferencia  de conocimientos, ni de reconocimiento de la deuda social, ecológica y ambiental. El club de naciones con mayores  potencialidades económicas está en mora de mirar al mundo de los pobres, se requiere de un esfuerzo común, los países industrializados y en vía de desarrollo, deben adoptar instrumentos para un desarrollo económico-social sostenible, los esfuerzos individuales y aislados frente a las potencias económicas del mundo no tienen ningún efecto.  Bien lo expone el profesor Nassim N. Taleb, cuando habla de la provincia utópica de Mediocristán, los sucesos particulares no aportan mucho individualmente, sólo son útiles cuando se actúa en forma colectiva, la regla suprema en estos términos es: “Cuando la muestra es grande, ningún elemento singular cambiará de forma significativa el total. La observación mayor seguirá siendo impresionante, pero en última instancia será insignificante respecto a la suma”.

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