Colombia, un país lleno de violencia de distintos orígenes, siempre comete el error de subestimar realidades que terminan sorprendiéndolo y generando más miedo. Esto es exactamente lo que ha sucedido con el paro que decretaron las Bacrim, la semana anterior, en varios departamentos, ciudades y regiones del país, pero con especial fuerza en Santa Marta, en Urabá y en Córdoba. Desde hace mucho rato, analistas del fenómeno paramilitar, han venido insistiendo que lejos de desaparecer, estas agrupaciones se han transformado en las ya tristemente célebres Bacrim, con todos los vicios de sus patronos y con mayor dosis si es posible, de violencia. Hoy aparece el anuncio de que entrará, en los que se ha llamado “el Plan Pistola” que consiste en pagar para que se maten miembros de la policía y de la Fuerza Pública. Es decir, el país, vuelve a un doloroso capítulo que creía superado. El Presidente Uribe durante su larga administración insistió en haber acabado con el paramilitarismo cuando extraditó a los Estados Unidos, a los grandes jefes de este grupo armado. Así mismo, afirmó que las nuevas Bandas que el mismo gobierno Uribe bautizó como Bacrim, eran delincuencia común que se debían combatir como tales, con los instrumentos normales a disposición de la Fuerza Pública. No tenía razón el entonces Presidente de la República y hoy son evidentes los terribles resultados. Una nueva forma de paramilitarismo tienen amedrentado a una parte importante del país que vive algo que se creía superado: físico miedo. Se sabe hoy que las famosas reinserciones no fueron lo que se pensó y la justicia está en el proceso de juzgar un proceso que se vendió como impecable. Un nuevo funcionario del Gobierno Uribe, el entonces Comisionado de Paz, está enredado por haber permitido un engaño muy peligroso para el país y al ex presidente Uribe no le pasa nada. Lo más grave es que el país y sobretodo esa dirigencia empresarial que le creyó todo al Presidente,  se dejó meter los dedos a la boca. Muy duros con la guerrilla y muy blandos con los paramilitares, que muchos de ellos consideraron en su momento, como un mal menor. Ahora que “se descubrió” esta nueva y tenebrosa versión de esas fuerzas oscuras, es fundamental que toda la sociedad reflexiones. Un país lleno de “vivos” no debe pecar de ingenuo o de tolerante hasta que se descubren problemas tan serios de seguridad. Por ello es fundamental lograr acuerdos con las Farc porque al paso que van las Bacrim, serán muy pronto una amenaza tan o más cruel y probablemente igual de difícil de eliminar. La reacción del gobierno nacional ha estado acompañada por los nuevos mandatarios territoriales especialmente en las regiones donde se han dado las mayores amenazas. Pero se requiere el acompañamiento de toda la ciudadanía. La lección de que al Estado no lo reemplazan fuerzas oscuras, debe haber sido aprendida por el país especialmente por aquellos que apoyaron el paramilitarismo. Colombia no puede seguir siendo un país lleno de víctimas a las cuales no habrá dinero ni formas reales para compensar sus pérdidas humanas y sus sacrificios económicos. Y fácilmente podemos estar frente a un nuevo y doloroso capitulo de sangre y muerte.

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