El año pasado los peruanos tiraron la casa por la ventana y vincularon al mundo entero a la celebración de los 100 años de las investigaciones científicas y “descubrimiento” de la ciudadela más impactante de la historia precolombina, Machu Picchu. El año pasado los peruanos tiraron la casa por la ventana y vincularon al mundo entero a la celebración de los 100 años de las investigaciones científicas y “descubrimiento” de la ciudadela más impactante de la historia precolombina, Machu Picchu. Fue un acontecimiento de orgullo nacional para sus ciudadanos, aprovechándose de una fecha que no era precisamente ni la de la creación o fundación de la ciudadela y ni siquiera de su real descubrimiento. De Machu Picchu se tenían noticias mucho antes de 1911, incluyendo documentos de los mismos conquistadores españoles del siglo XVI y varias expediciones en los siglos siguientes, pero sólo cuando el profesor estadounidense Hiram Bingham llegó a la ciudadela en julio de ese año y empezó sus indagaciones, con el apoyo de la Universidad de Yale y la National Geographic, el mundo se interesó cultura y turísticamente por el sitio. La historia de San Agustín es similar. Las esculturas precolombinas, de paso mucho más antiguas que Machu Picchu – que fue construida apenas poco antes de la llegada de Colón – fueron vistas y analizadas por varios investigadores entre los siglos XVIII y XIX, como el misionero Fray Juan de Santa Gertrudis, el sabio Caldas y el geógrafo Codazzi; en tanto los campesinos habitantes de la zona las desenterraban para usarlas como soporte de sus humildes viviendas. Pero es el alemán Konrad Theodor Preuss en 1913 quien, al igual que Bingham, se dedica a investigar a fondo el área, desentierra centenares de esculturas, elabora documentos e incluso se lleva varias a su país. Luego hacen lo propio el español José Pérez de Barradas y los colombianos Gregorio Hernández de Alba, Luis Duque Gómez y Julio César Cubillos. Corresponde entonces a todos los estamentos oficiales y privados, encabezados por el Gobierno Nacional, la Gobernación y la Alcaldía de San Agustín trazar una conmemoración a la altura o mejor que la hecha por los peruanos. Es un momento clave para fortalecer tanto las investigaciones científicas como rediseñar, remodelar, adornar y darle toda la trascendencia que San Agustín tiene dentro y fuera de Colombia. Con modestia y bajo perfil el Instituto Colombiano de Antropología ICANH abrirá este viernes 3 de febrero los eventos, denominándolos como  “Arqueología y Mitopoética de San Agustín 100 años”. No hay a la vista, a menos de un año de la fecha, un plan serio de la conmemoración; no se ha escuchado al Presidente de la República, a la Ministra de Cultura, a nuestros congresistas o a la Gobernadora referirse al tema a fondo. San Agustín – quizá con la debilidad de su nombre europeo para efectos de mercadeo y publicidad – es la más grande muestra de arte precolombino al aire libre del mundo. El enigma de sus formas, la increíble asimetría lograda en épocas en las que sólo había piedra para pulir piedra, el misterio de la desaparición de sus grandes artistas y el impresionante paisaje alrededor, que abarca miles de hectáreas con ríos, cascadas y más y más esculturas, merecen una celebración de nivel mundial. ¿Qué estamos esperando para comenzar? “Corresponde entonces a todos los estamentos oficiales y privados, encabezados por el Gobierno Nacional, la Gobernación y la Alcaldía de San Agustín trazar una conmemoración a la altura o mejor que la hecha por los peruanos”. EDITORIALITO Los programas de recuperación de la malla vial en Neiva  quedaron por ahora congelados, por falta de recursos. El alcalde Pedro Hernán Suárez debe gestionarlos para recuperar con urgencia las principales vías urbanas.

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