Más que contar los muertos y heridos en una batalla, más allá de los hechos externos que recoge la experiencia empírica de los historiógrafos, la gran inquietud para la inteligencia y la cultura, es hallar la explicación de los actos humanos, su capacidad de masacrar o amar al semejante; el mayor reto, racionalizar la historia, incluyendo la del futuro. Lo han intentado los místicos, con sus profecías, apocalipsis y libros sagrados; también los ideólogos audaces, para formular el futuro postcapitalista, el paraíso de la sociedad sin clases. Los teólogos, han buscado su doctrina en las señales sobrenaturales, y los profetas políticos en la dialéctica que diseca la naturaleza del sujeto, del ser. No observaron que la historia y con mayor razón el futuro, de alguna manera están escritos en el sujeto mismo, individual, porque en éste está radicada la conciencia: el universo de percepciones y representaciones que así esté interrelacionado con otros universos sensibles, sigue siendo único y exclusivo. En realidad no existe capitalismo sino sujetos capitalistas; existen sujetos proletarios, no proletariado. La historia es una extrapolación del sujeto -logos-; tanto, que hay que reescribir el pasado histórico en cada ser nuevo, en las escuelas, en los colegios, en los libros para las nuevas generaciones.  Los límites y condiciones de la historia y del hombre, ya están diseñados por los del individuo, por su capacidad a priori de traducir las señales del mundo. Tal extrapolación de lo individual a lo colectivo, da origen a las coordenadas o variables de la historia; solo éstas pueden explicar cualquier dialéctica para deducir el futuro y ponerle reglas al pasado. El primer ejemplo, el del Caín primitivo, el herrero (y agricultor) que se instaló en la aldea, distanciado con su hermano Abel, cazador y errante. Este mito babilonio-judeo, es la representación de la variable campo-ciudad (aldea universal). Que Caín terminó asesinando a Abel, es la angustia del campesino rendido ante el poder de la ciudad. Por algo, hoy las grandes naciones se afanan por subsidiar el agro; es más que el arrepentimiento por un pecado capital. La variable tribu-estado territorial  es otro gran recorrido de la humanidad, que ya estaba escrito en el fondo de sus facultades como especie; por esa razón, los dioses dejaron de proteger patriarcas con la pretensión de ser únicos para todas las naciones. El registro de estos recorridos, puede racionalizar la intrincada historia y develar luces del futuro; solo faltaría determinar el otro agente vital: la evolución. Si el hombre es apto para asimilar un espectro más amplio del universo que descubre, puede sentirse optimista.

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