Cuenta la historia que Nerón, con sus ínfulas de gran artista, tocaba la cítara mientras veía arder la ciudad de Roma, que él mismo había ordenado incendiar. A ningún colombiano se le ocurriría que tendríamos nuestro propio Nerón. En efecto, resulta tragicómico si no fuera por lo macabro, que durante estos veinticinco años, mientras los colombianos hemos estado buscando la verdad de lo que fue el incendio del Palacio de Justicia, por parte del Ejército de la Patria, aparentemente con la autorización del Presidente Belisario Betancur, este Nerón criollo esté dedicado a hilvanar ditirambos, haciendo alarde de sus malas habilidades poéticas, olvidando que insensiblemente hizo oídos sordos a los clamores del  Presidente de la Corte Suprema de Justicia que suplicaba cese al fuego Ahora el Tribunal Superior de Bogotá en fallo sin precedentes, ratifica la condena que la jueza María Stella Jara profirió contra el Coronel-R Alfonso Plazas Vega. Los espíritus garantistas están de plácemes pues hay un destello de justicia sobre uno de los casos más aberrantes de impunidad por los múltiples desaparecidos y/o asesinados en la retoma del Palacio de Justicia, varios de éstos llevados a la Escuela de Caballería, bajo el mando directo de Plazas Vega. Enhorabuena, la participación condenatoria en este honroso Tribunal del jurista huilense Alberto Poveda. Entendible que la caverna derechista, entre quienes se encuentra el ministro Germán Vargas, salga a descalificar el fallo, como quiera que afecta los intereses de quienes han manejado a este país como su patio trasero. Inaudito que se insista en que no hay suficientes pruebas de responsabilidad sobre los desaparecidos. Absurdo y brutal que existiendo pruebas fehacientes de que fueron llevados vivos a la Casa del Florero, se les torture y asesine sin fórmula de juicio, haciendo perdidizos sus cadáveres, y después se pretenda que no hay responsables de esos delitos de lesa humanidad. Es apenas la punta del iceberg, de lo muchos responsables de los incontables crímenes que se derivaron de la infortunada toma del M-19. Plausible que al neroniano vate-presidente que en su momento anunció al país que asumía toda la responsabilidad por los hechos del Palacio de Justicia, pero que después ha hecho maromas de ocultamiento, se le remita a la Corte Penal Internacional, porque en tratándose de un hecho de lesa humanidad que no prescribe y que no ha sido juzgado sino en sus comienzos, debe rendir cuentas ante el mundo. Si el emperador Nerón es recordado como un déspota  pirómano y no como un fino violinista, nuestro criollo ex presidente pasará a la historia no por su sensibilidad poética, sino como el principal conjurador que llevó al holocausto a la Corte Suprema de Justicia.

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