Tienen razón quienes argumentan que no basta con pedirle al Presidente Santos que use la llave de la paz. Con mucho dolor, se ha evidenciado la crueldad de las Farc y lo incongruente y miserable que es su accionar. Si de verdad las reivindicaciones de los pobres los han movido en esa lucha armada, ¿por qué los matan? Los colombianos estamos saturados de su crueldad y sobretodo de su incongruencia. Mandan cartas que hacen pensar que estamos ad portas de una negociación, pero al mismo tiempo, se echan para atrás en la liberación de secuestrados y atacan ese Sur colombiano que el país tiene que respaldar, apoyar realmente y mostrarle solidaridad. No más sangre, no más pánico entre nuestra población pobre y aislada como la de Tumaco. Espanto y profundo dolor han causado esas imágenes de la televisión en que en medio del entierro de víctimas de atentados de la guerrilla, se crea un pánico que lleva a la gente a salir despavorida llevándose féretros por delante. Por Dios, ¿qué clase de vida es esa, qué clase de país tenemos? Al escuchar por CNN al ex Presidente Uribe, al que definitivamente le mueve más su vanidad que el supuesto amor por la Patria, con declaraciones que no le hacen bien al Gobierno ni a las Fuerzas Armadas, es evidente que el país debe pedirle al Gobierno acciones novedosas que acaben con esos planteamientos y que vuelvan a generar confianza en el país y sobre todo, a esas poblaciones del Sur, blanco de estos atentados. Nuevas estrategias y mayor protección en las zonas identificadas como vulnerables, son absolutamente prioritarias e impostergables. Si las estaciones de policía son el punto atractivo de ataque para las Farc, ¿por qué siguen desprotegidas y cada día mueren más policías?  Encima de sus precarias condiciones laborales y de vida, son la carne de cañón para las Farc. Realmente el tema de la paz es de todo el país, y aunque el actual gobierno y los anteriores quieran aislar a todo el mundo y tener todo el control del conflicto, la verdad es que Colombia entera quiere participar en la búsqueda del fin de este conflicto para ocuparse de los otros miles de problemas que nos aquejan. Pero es al Gobierno al que le corresponde aceptar sus limitaciones, corregirlas y señalar caminos de apoyo. Ya cuentan con el rechazo generalizado de la ciudadanía que no resiste más ataques de las Farc pero hay que dejar de rechazar este apoyo y más bien señalar caminos de apoyo que no interfieran con las estrategias del Gobierno. Ustedes, señores del Gobierno y particularmente usted, Presidente Santos, tienen la batuta y la llave de la guerra y de la paz, pero solos no van a poder. Millones de colombianos estamos dispuestos a ayudar donde se considere necesario, déjenos. Por lo pronto, a proteger el Sur de Colombia, esos departamentos que solo salen en las noticias por sus desgracias. Hay nuevos mandatarios que deben estar desconcertados. Necesitan la experiencia y el apoyo de todo el Gobierno para que puedan recuperar la confianza de unas comunidades en las cuales, en esta sociedad patriarcal, a los hombres ya no les da pena llorar en público. ¿Cómo será el tamaño de su desesperación y desesperanza?

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